La debacle económica y el coronavirus

Por Carlos Verón de Astrada
Hasta ahora, las medidas adoptadas por el gobierno, en apariencia, caen bien. Pero en primer lugar hay que ver que la restricción a la circulación y la orden de encerrarse en las casas sólo es posible para un sector minoritario de la población. El que corresponde a la clase media-alta, alta urbana. Cerca de la mitad de la población pertenece al sector informal que realiza sus recursos de sobrevivencia en la calle.
Pero el problema de fondo es aún más grave. Para un país cuya economía está sustentada en el mercado internacional, por su modelo económico extractivo exportador, con un pobre mercado interno, la hecatombe económica puede ser catastrófica.
En ese caso, todas las clases sociales se verán afectadas.
Si se produjera -lo que es muy probable- una recesión económica como la que vivió el mundo en 1929, las consecuencias para nuestro país serán mucho más graves que en aquella fecha. Eso porque el mundo hoy está mucho más integrado. Y por otro lado, porque hoy nuestro país es mucho más dependiente que entonces. En esa fecha la producción agrícola de nuestro país era de autoconsumo. Al entrar en el modelo de economía de renta sojera, se produjo una gran migración de campesinos que hoy engrosan los cinturones de pobreza urbana: el gran sector informal y la mendicidad.
Si el mercado mundial se contrae, los empresarios sojeros no podrán vender un gramo de soja, y los ganaderos, un kilo de carne.
Dicho así, todo el espectro social de nuestro país se verá afectado. Obviamente las mayorías vulnerables serán las más afectadas. Y lo acumulado por las clases dominantes del sector agro exportador será orientado a la especulación. Pero la especulación en una economía trancada también tiene su techo.
En ese escenario, a nivel internacional, una élite dedicada a la gran especulación, será la gran beneficiaria del desastre, y las mayorías estarán sumidas en la miseria.
Ante esta sombría perspectiva, corresponde que el gobierno adopte medidas económicas urgentes. En una primera etapa -ahora- se debería ejecutar una política de subsidio a la población más vulnerable y directamente afectada, en el concepto que sea. Y más adelante, si la recesión mundial se instala, una política Keynesiana de inversión pública para dar empleo, por ejemplo la infraestructura necesaria para el uso de la energía de la represa hidroeléctrica Itaipú que nos corresponde ( obviamente en el marco de una buena negociación del anexo C); la promoción de la pequeña y mediana empresa; el impulso a la agricultura familiar campesina, y otras medidas destinadas al desarrollo de la demanda efectiva nacional, y con ello, el mercado interno.
Y finalmente, lo más importante. A partir de la experiencia de esta crisis, nuestro país debe reformular su modelo económico dependiente de matriz extractiva, y plantearse una economía más autónoma de desarrollo de nuestro mercado interno. Si no se adoptan estas medidas u otras para hacer frente a la ya presente crisis económica, estamos condenados a un desastre sin precedente en nuestra historia.

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