La alianza de Carlos A. López con Urquiza podría haber cambiado la historia del Paraguay

Por Alberto Alderete*

El 11 de abril se cumplen 150 años de la muerte del General Justo José de Urquiza, primer  presidente constitucional de la  Argentina entre 1854 y 1860, ex gobernador de Entre Ríos y abanderado de la causa federal. Liderando a las 13 provincias, se enfrentó  a  la provincia rebelde de Buenos Aires representada en el partido unitario. En esa causa común con el Paraguay, buscó afanosamente la alianza con el gobierno de Carlos A. López para derrotarla, quien por falta de lucidez, la rechazó reiteradas veces. Derrotado el ejército federal de Urquiza, el próximo enemigo a ser aniquilado por Buenos Aires sería el Paraguay.

Antiguo amigo del Paraguay, fue Urquiza el que reconoció la  independencia paraguaya  en 1852. Fue compadre de Francisco Solano López a quien eligió como padrino de bautismo de su hija Flora del Carmen en marzo de 1860. Urquiza y el Paraguay tenían en común el nacionalismo, el gobierno para las mayorías, la política en el Río de la Plata y la lucha contra el centralismo de la provincia de Buenos Aires.

La Provincia de Buenos Aires quería organizar la nación argentina en función de sus propios intereses y en perjuicio del resto de las 13 provincias interiores, a las cuales quería aplastar para imponer su política centralista. En esta disputa interna, Buenos Aires consideraba como  enemigo externo a la República del Paraguay, la cual mantenía fluida amistad  con su adversario interno, el general Urquiza y las provincias. Por lo tanto había que destruir no sólo a la confederación de provincias sino también a su apoyo externo, el Paraguay, pues mientras ésta existiera, sería un foco permanente de reagrupación de aquellas provincias y sus caudillos.

Por otra parte, Buenos Aires y sus caudillos tenían desde los más viejos tiempos en el Paraguay, la decidida e irreductible resistencia a su monopolio sobre el puerto de Buenos Aires, su aduana y los ríos interiores que afluían hacia él, llevando la producción paraguaya. Las 13 provincias argentinas con Urquiza al frente, compartían con el Paraguay la lucha contra este inicuo e injusto proceder de Buenos Aires. Pero en el caso argentino esta arbitraria política era aún peor, pues las provincias interiores tenían que pagar derechos de aduana de exportación e importación, pero de cuyas recaudaciones se apropiaba Buenos Aires en su totalidad sin compartir dicho tesoro con las provincias. Así, el monumental tesoro de la aduana causaba el progreso y florecimiento de Buenos Aires que le permitía tener su propio ejército, a la vez que mantenía en la ruina a las demás provincias.

Este conflicto interno argentino derivó en tres guerras civiles y se extendió desde 1826 hasta 1880, constituyendo Buenos Aires el partido unitario y las demás provincias el partido federal. En 1852 en la batalla de Caseros, Urquiza derrotó al Dictador Juan Manuel de Rosas y comenzó una institucionalización de la Argentina con la sanción de una Constitución en 1853. Buenos Aires rechazó dicha constitución, retirando a sus convencionales del Congreso constituyente. Luego desconoció al estado argentino  y se declaró un estado independiente con el nombre de Estado de Buenos Aires.

López rechaza reiteradamente la alianza contra Buenos Aires

En 1852 en vísperas de la batalla de Caseros, Urquiza buscó el apoyo y la alianza con Paraguay para derrocar al gobierno del dictador Juan Manuel de Rosas, quien se negaba a reconocer la independencia del Paraguay. En carta dirigida al Ministro José Berges requirió: “Mi convencimiento por la justicia en independencia del Paraguay es público…si soy vencedor, nada hay que hablar de la independencia del Paraguay”. Pero López se opuso. Vencido Rosas, igual Urquiza reconoció la independencia del Paraguay en 1852.

En 1859 la Confederación Argentina estaba preparando la campaña militar para someter por la fuerza a la provincia de Buenos Aires y su reintegración a la Confederación, que se concretaría en la batalla de Cepeda. Urquiza llegó a Asunción el 16 de enero de 1859 para mediar en el caso Water Witch, pero también le propuso a López una alianza y su apoyo. Trató López de eludir cualquier compromiso pero aceptó facilitar a la Confederación “vapores, oficiales de marina, ingenieros y algo más”. Finalmente Respondió López que aceptaba la ayuda, pero reduciéndola a cuatro barcos de guerra y dos trasportes a vela. El acuerdo fue firmado el 5 de mayo de 1859.

En junio, fue nuevamente enviado Peña a Asunción solicitando la ejecución del acuerdo. López contestó que ello era inconveniente políticamente pues provocará inútilmente una alarma de Buenos Aires. A cambio ofreció una mediación del gobierno paraguayo entre la Confederación Argentina y Buenos Aires, para detener la guerra y la firma de un tratado de paz entre ellos. O sea, salvar al enemigo. Estaba criando cuervos que le comerían los ojos.

El 23 de octubre de 1859, en la Cañada de Cepeda, Provincia de Santa Fe se libró la batalla de Cepeda. El ejército de Urquiza había vencido militarmente al ejército porteño y estaba en las puertas de Buenos Aires, cuando apareció el Ministro mediador Brigadier Francisco Solano López proponiendo la paz. Buenos Aires, que antes había rechazado toda negociación, esta vez la aceptó porque no tenía otra alternativa. Urquiza acampó con su ejército en el pueblo de San José de Flores, en las afueras de Buenos Aires donde se firmó el acuerdo denominado Pacto de San José de Flores el 11 de noviembre de 1859. Por el mismo, Buenos Aires aceptaba reincorporarse a la república argentina y sumarse a la república  federal.

Pero apenas se alejó Urquiza de la ciudad, un movimiento unitario porteño radical dirigido por Mitre y otros, hizo un golpe de estado derrocando al gobierno porteño que firmó el pacto,  desconociendo dicho acuerdo. A partir de entonces, Buenos Aires sólo fue aprovechando el tiempo para reorganizarse y fortalecerse económica y militarmente, rechazando finalmente su reincorporación al resto del país.

Ante esta situación, Santiago Derqui, presidente de la Confederación Argentina, quien sucedió a Urquiza, en virtud de una ley del congreso, autorizó a éste para conducir una fuerza que sometiera definitivamente  a la provincia rebelde. La Confederación Argentina envió a Asunción en forma urgente al ministro Baldomero García solicitando apoyo del gobierno paraguayo para enfrentar a Buenos Aires. Buenos Aires también envía a Lorenzo Torres pidiendo al Paraguay que se mantenga neutro. López declaró entonces que no confiaba en ambos bandos y rechazó la ayuda solicitada por Urquiza.

La Confederación Argentina es derrotada y aparecen nubarrones sobre el Paraguay

El enfrentamiento entre el ejército de la Confederación y Buenos Aires se dio en Pavón, Rosario, el 17 de setiembre de 1861. A mitad de la batalla, y cuando el ejército confederal llevaba el triunfo, Urquiza, en un acto inexplicable y misterioso hasta el día de hoy, se retiró del campo de batalla con sus 4 mil entrerrianos. Aprovechando esta situación ventajosa, Mitre arremetió y derrotó al ejército nacional. Ante la derrota, Santiago Derqui, presidente de la Confederación, renunció para refugiarse en Montevideo; luego el vicepresidente de la Confederación Juan Esteban Pedernera declaró caduco el gobierno nacional e inmediatamente Bartolomé Mitre asumió como Presidente provisional de argentina y al año siguiente, Presidente electo de la República.

Pero para que la victoria de Buenos Aires sobre las 13 provincias fuera completa, era necesario eliminar a otro enemigo, el Paraguay. En la preparación de la guerra contra Paraguay, Buenos Aires no estaría actuando por cuenta de Inglaterra como erróneamente se cree, sino por cuenta propia y por sus propios motivos. La guerra contra el Paraguay sería, por lo tanto, la continuación lógica y la última etapa de la guerra de la provincia de Buenos Aires contra el resto de la nación argentina.

Un intento desesperado pero muy tarde del Mariscal López

Desde su campamento de Cerro León, el Mcal. López, a instancias del Ministro de Relaciones Exteriores de la República Oriental, Antonio de las Carreras, en un intento desesperado que acaso podía salvar al Paraguay y a la República Oriental, redactó una nota sin firma dirigida al general Urquiza fechado el 2 de octubre de 1864 que planteaba una alianza que decía:

“1° Si el general Urquiza se pronuncia por circunstancias que imposibiliten un acuerdo previo con el gobierno paraguayo, el general Urquiza será apoyado con elementos suficientes por este gobierno.

2° Si el general Urquiza se pronuncia levantando por bandera la separación de Entre Ríos y Corrientes en un solo Estado, el general Urquiza será sostenido por el gobierno paraguayo con los elementos de que dispone y pueda disponer.

3° Si el general Urquiza se pronuncia tomando por bandera la separación de Buenos Aires, y forma un solo Estado con las 13 provincias restantes, como en la época de su gobierno, será igualmente sostenido con todos los elementos de que dispone el gobierno paraguayo.

4° Si el general Urquiza acepta cualquiera de las condiciones arriba expresadas, puede acreditar cerca del gobierno paraguayo un comisionado suficientemente autorizado, para el establecimiento de un tratado entre él o su gobierno, el Estado Oriental y la República del Paraguay.

El gobierno paraguayo que tantas veces había rechazado los pedidos de alianza de Urquiza, ahora le estaba pidiendo una alianza, en la antesala de la guerra. El portador de la nota fue el emisario uruguayo José de Caminos, quien salió de Asunción el 13 de octubre de 1864 rumbo a Paraná, produciéndose su ansiado y esperado regreso el 9 de noviembre del mismo año y recibido por el Ministro José Berges el día 10. Ese mismo día Berges despacha un chasque a Cerro León  llevando la nota de respuesta de Urquiza.

En su parte más importante la nota de respuesta de Urquiza también sin firma decía: “El general Urquiza acepta la cooperación ofrecida y se complace en contar con ella, pero declara no ser llegada la oportunidad de hacer ningún movimiento en la República”. No contestaba la parte más importante de la nota de López, en la que le proponía levantarse en armas contra Buenos Aires con el apoyo total de Paraguay si fuese necesario. Luego se perdía en  generalidades y evasivas. El Mcal. López la tomó con resignación.

Urquiza, por su parte, ya había capitulado ante Mitre y desertado de la causa nacional argentina que había levantado, y que le había valido ser llamado “El Taita”. Tan sólo ya le importaba contar su ganado, vender caballos al ejército imperial y hacer dinero. Tantas luchas, tantas glorias se habían reducido solamente a eso. Finalmente, Murió asesinado en su casa el 11 de abril de 1870 por sus propios partidarios, en un plan dirigido por su segundo, el general Ricardo López Jordán, quienes le acusaron de haberse  entregado a Buenos Aires traicionando la causa federal. No había convencido su deserción en la batalla de Pavón alegando estar enfermo y la obediencia a Mitre al llamar a movilización a las tropas de Entre Ríos en la guerra contra el Paraguay, aunque todas las tropas convocadas desertaron y se dispersaron al enterarse de que habían sido llamadas para pelear contra el Paraguay. Pero lo que resultó imperdonable para sus partidarios fue el recibimiento como gobernador de Entre Ríos, al presidente Domingo Faustino Sarmiento, unitario y enemigo declarado de los federalistas, el 3 de febrero de 1870.

Conclusión

Pintura de la muerte del general Urquiza

La reiterada negativa de López  a aceptar las numerosas propuestas de Urquiza de hacer una alianza con la Confederación Argentina para derrotar a Buenos Aires, fue un error mortal del presidente paraguayo. A Carlos A. López le faltó la lucidez y la resolución de la oligarquía porteña y sus caudillos, los que sin dudar ni un instante, ni siquiera en las derrotas, definieron en forma decidida a llevar adelante su hegemonía o sucumbir. Siguiendo viejas y arraigadas ideas, López se oponía a la derrota total de Buenos Aires porque consideraba que la “Unidad” argentina constituía una de las condiciones para el equilibrio del Río de la Plata. Pero la coyuntura y las circunstancias habían cambiado y el pensamiento de López, no. En lugar de aliarse con la Confederación y aplastar a Buenos Aires, facilitó su salvación, impidiendo que el ejército nacional de Urquiza derrotara totalmente a dicho ejército y gobierno.

Carlos A. López murió en 1862, sin haber visto el fracaso de su política aislacionista, dejando a su sucesor Francisco Solano López como herencia, el complicado panorama que el mismo no pudo remediar, pues el círculo de fuego que Buenos Aires y el Imperio del Brasil habían tejido, ya se cerraba a su alrededor. Francisco Solano López sólo tenía que defenderse en un juego que él no empezó y cuando ya era muy tarde, pues los adversarios ya tenían todas las ventajas y definido las reglas de juego.

(*) Alberto Alderete, abogado e investigador y autor de un libro y varios artículos sobre la guerra de la triple alianza

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