La alianza de Carlos A. López con Urquiza podría haber cambiado la historia del Paraguay – segunda parte

Por Alberto Alderete

Federalización de la aduana porteña

La provincia de Buenos Aires privatizó para su beneficio exclusivo las rentas provenientes del puerto y la aduana porteña durante casi todo el siglo XIX, gravando las exportaciones e importaciones de las provincias interiores de la Argentina pero de cuyas recaudaciones se apropiaba la Provincia de Buenos Aires para su propio beneficio sin distribuir la renta generada a las provincias. Este inicuo sistema generaba el progreso y florecimiento de Buenos Aires pero a su vez causaba el atraso y la pobreza de las demás provincias.

Sin embargo, este largo e inicuo sistema porteño terminó con la transferencia del puerto y la aduana al gobierno nacional por la enmienda constitucional de 1866, que en su artículo 4° estableció: “El Gobierno Federal provee a los gastos de la Nación con los fondos del Tesoro Nacional, formado del producto de derechos de importación y exportación, del de la venta o…” Con la presente enmienda constitucional, se definió que el órgano responsable por los gastos del país es el Gobierno Nacional. Además, se especifica que el monto se obtendría del producto de los impuestos a la exportación e importación, el alquiler de tierras del Estado, de los impuestos sancionados por leyes en el Congreso, etc.

No hay de duda que las causas de la nacionalización de la aduana y del puerto porteño, fueron la injusta e impopular guerra contra el Paraguay, que causó la desfinanciación del gasto público. Por fin se federalizó la aduana porteña de la que Buenos Aires nunca quiso desprenderse y causante de todas las guerras civiles.

Federalización de la Provincia de Buenos Aires

El 24 de agosto de 1880, el Presidente Nicolás Avellaneda presentó al Congreso Nacional un proyecto de ley por el cual se declaraba a Buenos Aires capital de la República y se la ponía bajo control directo federal; el 21 de septiembre la ley fue aprobada, y el 6 de diciembre fue promulgada por el nuevo presidente Julio Argentino Roca. Con su ratificación días más tarde por la legislatura porteña, se separó a Buenos Aires de la provincia homónima. En 1882 se trasladó la capital de esta última a La Plata.

El proyecto de federalización de Buenos Aires fue ferozmente resistido por el gobierno de Buenos Aires ejercido por Carlos Tejedor, quien inició una revolución armada para anular dicha pretensión. Con un poderoso ejército de 20 mil hombres y armamentos modernos, el gobierno porteño apoyado por políticos como Bartolomé Mitre y otros, enfrentó al ejército nacional, siendo vencido militar y políticamente. Firmó su propia rendición, la legislatura porteña fue disuelta, el gobernador Tejedor renunció y el ejército porteño pasó a manos de ejército nacional. La federalización del puerto y la aduana porteña ya se había dado años antes.

Así Buenos Aires que según el Censo de 1869 tenía una superficie de 215.264 km2 con una población de 495.107 habitantes de un total de 1.736.923 a nivel nacional, quedó establecida como capital (Capital federal) reduciéndose a una superficie de 100 km2 con 187.126 habitantes, mientras  que se creó la Provincia de Buenos Aires,  el cual se desprendió con 307.981 habitantes que residían en el interior de dicha provincia, quienes quedaron en una superficie de 215.164 Km2, con la Plata como capital.

La derrota militar y política de Buenos Aires significó el último levantamiento porteño contra las provincias del interior y el resto de la nación argentina, y marcó el fin del largo proceso de  organización nacional de la república argentina que culminó con la unidad territorial y política del estado argentino.

 Urquiza y F. S. López eran compadres

Flora del Carmen de Urquiza Costa, nacida el 21 de noviembre de 1859, fue bautizada el 3 de marzo de 1860 en la catedral Nuestra Señora de Rosario, de Paraná, Entre Ríos, por el Arzobispo  de Palmira Marino Marini. Fueron sus padrinos Francisco Solano López y Juana Pabla Carrillo de López y en su representación, el Coronel Dr. Benjamín Victorica y Doña Ana de Urquiza de Victorica. Los padres de Flora del Carmen fueron Justo José de Urquiza y Dolores Costa de Urquiza.

Potencia económica y militar de Buenos Aires

En la batalla de Pavón el ejército porteño al mando del Gral. Bartolomé Mitre y de su ayudante el General oriental Venancio Flores, estuvo conformado por 22.000 hombres y con mejores armamentos que el ejército federal a cargo del Gral. Justo José de Urquiza conformado por 17.000 hombres y armamentos atrasados. El gobierno de Buenos Aires estuvo dedicado a aumentar y mejorar su armamento y el entrenamiento de sus tropas, desde su derrota en la batalla de Cepeda de 1859, mediante el dinero recaudado por la aduana y puerto porteño, mientras que el ejército nacional no tenía recursos financieros para armar debidamente a sus tropas, ni siquiera para costear el funcionamiento administrativo del estado federal.

Causas del abandono de Urquiza del campo de batalla

Los motivos que impulsaron a Urquiza a desertar del campo de batalla no fueron claros ni en el momento de ocurrido los hechos, siendo un misterio hasta la actualidad. El mismo Urquiza ha dado argumentos diferentes y poco convincentes de su grave y determinante conducta. Su principal lugarteniente, el general Ricardo López Jordán le escribía desde el campo de batalla de Pavón una sugestiva carta el 19 de setiembre, cuando Urquiza y se había retirado de la batalla y ya estaba en Entre Ríos: “Espero sus órdenes, porque si estoy y sigo es porque V.E. me puso aquí”.

Urquiza dio tres versiones distintas de su conducta a sus principales colaboradores.

  • Al Presidente Santiago Derqui, dijo en su parte militar, días después de la derrota y a la distancia, que abandonó la batalla porque estaba “enfermo y disgustado al extremo por el encarnizado combate“.
  • Al mayor general del ejército de la Confederación y su yerno, Benjamín Victorica, que fue “por un ataque al hígado que impidiéndole tenerse a caballo lo obligó a retirarse del campo de batalla” y,
  • al general de su ejército Benjamín Virasoro, que “Me he retirado porque acostumbrado como estoy a ser estrictamente obedecido como general en jefe, el inútil e inexplicable desbande de nuestras infanterías me dio la medida de la manera como había faltado a mis anticipados y repetidísimas órdenes, que si no fueron totalmente contrariadas, fueron por lo menos evadidas”.

Conjetura conspiraticia de ser un pacto masón

Se ha conjeturado también que el abandono de Urquiza del campo de batalla fue producto de un pacto masón celebrado entre Bartolomé Mitre y Justo Urquiza el 21 de julio de 1860 en Buenos Aires. En efecto, es un hecho real que dicha reunión se realizó en la fecha y con dichas personalidades, a la que los organizadores masones dieron en llamar Tenida de la Unidad Nacional, a la que asistieron como invitados Bartolomé Mitre (Unitario), Justo José de Urquiza (Federal), Santiago Derqui (Federal), Domingo Faustino Sarmiento (Unitario) y Juan Gelly y Obes (Unitario). La tenida fue presidida por José Roque Pérez, Supremo Consejo Grado 33  y por los Venerables Maestros (presidentes) de todas las logias de Buenos Aires que resolvió:

1°.-“El Muy Poderoso Consejo y Gran Oriente de la República Argentina, estimado debidamente las eminentes cualidades cívicas y masónicas que adornan a los dignos hermanos Bartolomé Mitre, grado 3°; Juan Gelly y Obes, grado 3°; y Domingo Faustino Sarmiento, grado 18; los eleva   a Soberanos Grandes Inspectores grado33.
2°.- Por las mismas consideraciones, el Supremo Consejo eleva del grado 18 al grado 33 al Respetable Hermano Santiago Derqui; y regularización y reconocimiento en el mismo grado al Hermano Justo José de Urquiza.
3°- Los Hermanos de que habla el artículo que antecede, deben afiliarse como miembros activos de la Logia Obediencia de Supremo Consejo”

Seguidamente, Roque Pérez ocupó el centro de la sala, a su derecha se sentó Santiago Dequi, a su izquierda Bartolomé Mitre y en las cabeceras Justo José de Urquiza, Sarmiento y Gelly y Obes. En ese momento Urquiza y Mitre pusieron sus manos sobre el Libro de Ley Sagrada, la Escuadra y el Compás,  prestaron  juramento y se comprometieron: “A obligarse por todos los medios posibles a la pronta pacífica constitución definitiva de la unidad nacional”.

Como se ve, el juramento y compromiso era para la “pronta pacífica constitución de la unidad nacional”. No expresaba en ninguna parte que el compromiso de Urquiza (estaba también Derqui) era capitular de la causa federal y ceder a Mitre en representación de los unitarios la victoria. Lo mismo, el compromiso tampoco obligaba a Mitre a ceder a Urquiza. Mitre y Derqui pertenecían a logias distintas, y Urquiza estaba ligado con poca militancia en una logia de Montevideo. Además en Buenos Aires había cerca de 10 logias masónicas hasta  diciembre de 1857, cuando Roque Pérez unificó bajo su liderazgo 7 de las diez logias, constituyendo la “Gran logia de la Argentina de libres y aceptados masones” que existe hasta la actualidad. Sólo habían transcurrido dos años y medio desde diciembre de 1857, fecha de unificación  al 21 de julio de 1860, fecha del compromiso, y no era posible que en ese tiempo dicha logia tuviera ni el fortalecimiento interno, la autoridad ni la capacidad de coerción sobre los líderes más importantes del país, con visiones y posturas absolutamente opuestas. Por otro lado, el abogado cordobés Roque Pérez era federalista y tenía diferencias públicas con Mitre y los unitarios.

De todo ello se deduce que el juramento y compromiso de Mitre y Urquiza eran un acto protocolar de  buenos deseos, pero carente de coerción para su cumplimiento, además de que sus objetivos eran indeterminados. En base a estas consideraciones, se puede concluir que el abandono de Urquiza de la batalla de Pavón y su posterior abandono a la lucha de la causa federal, no obedece a pacto masón alguno.

Las verdadera causas

Pero los verdaderos motivos que tuvo Urquiza para desertar de la batalla de Pavón y a toda la lucha de la federación argentina, son probablemente los siguientes:

1.- Urquiza estaba desmoralizado y sin esperanzas de lograr los objetivos de la federación contra Buenos Aires. La Federación se desenvolvía con muchas dificultades por la falta de dinero, mientras que Buenos Aires tenía mucho dinero proveniente de las recaudaciones de la aduana, que no transfería a las provincias. Urquiza no quería la batalla. Tenía ya la convicción de que un triunfo sobre Buenos Aires, no conduciría a nada, pues Buenos Aires volvería a armarse como ha sucedido en otras ocasiones como después de la batalla de Cepeda.

2.- Urquiza desconfiaba de que Derqui lo estaba traicionando. Las divisiones internas de la confederación le frustraban, y creía  que luego de la victoria de Pavón, la Confederación no tendría la fuerza y la unidad para imponer definitivamente a Buenos Aires, las condiciones de la organización nacional sobre la base de la confederación.

3.- Urquiza decidió entonces regalarle la victoria a  Buenos Aires, seguramente a cambio de que no le intranquilicen su liderazgo como gobernador de Entre Ríos, enriquecerse con la venta de caballos y alimentos al ejército porteño y al imperio del Brasil. Tanta gloria se había reducido solamente a eso. De ahí su inexplicable y misteriosa conducta, encerrándose en su palacio de San José, dando la espalda al clamor de las provincias y los líderes federales quienes aún tenían esperanzas en su caudillo defensor y seguían luchando denodadamente contra Buenos Aires, quienes eran asesinados y pasados a cuchillo y fusilados por las fuerzas “civilizadoras” porteñas.

4.-Con la derrota de la Confederación argentina, la Provincia de Buenos Aires organizaría el país en función de sus propios intereses y en detrimento de las provincias. Se establecería un sistema de gobierno federal pero sólo en forma nominal. El próximo enemigo a exterminar sería el Paraguay para asegurar su propia existencia y su dominio sobre toda la nación argentina. Para tal objetivo empezaría a tejer su política de alianzas con el Imperio del Brasil, el cual también pretendía aniquilar al Paraguay para darle una solución definitiva al largo conflicto que tenía con éste. En el congreso brasileño el influyente senador por Mato Grosso, Manuel Miranda ya venía profiriendo como un rito  desde 1857, la frase “Delendus est Paraguay” (Parguay debe ser destruido), con el propósito de reproducir la expresión “Delenda est Cartago” (Cartago debe ser destruída) pronunciada por el senador Catón el Viejo cada vez que finalizaba sus discursos en el Senado romano durante los últimos años de las guerras púnicas, alrededor del año 150 a.C.

Al igual que aquella ciudad-nación, la República del Paraguay no sólo debía ser derrotada, sino que había que destruirla, arrasarla, borrarla como estado, con sus habitantes, su cultura y hasta su recuerdo. El crimen que había que hacer pagar con su vida al Paraguay sería el simple hecho de haber existido como estado independiente y soberano y de haber sido un estorbo involuntario al Brasil.   .

El Pacto de guerra contra el Paraguay fue acordado en Puntas del Rosario, República Oriental, en el Cuartel General de Venancio Flores, entre los representantes de Buenos Aires, Brasil y Venancio Flores, con la presencia del representante diplomático de Inglaterra, del 16 al 18 de junio de 1864. Conformada esa trama, el camino ya estaría abierto. La guerra contra el Paraguay ya estaba decidida. Sólo había que esperar los acontecimientos, buscar los motivos, esperar que se dieran o inventarlos si no se dieran. Tenían que recurrir a éste último recurso para sacar a la luz el pacto de guerra celebrado en Puntas del Rosario, revistiéndole de las formas, con la firma del Tratado Secreto de la Triple alianza el 1 de mayo de 1865.

El Paraguay sólo era víctima de una conjura internacional y cualquiera de las dos opciones adoptadas implicaba la destrucción, ya sea rindiéndose en forma incondicional como lo exigía la alianza, o defenderse en forma digna y honrosa como lo fue. La destrucción del Paraguay por la guerra, sólo sería comparable con la aniquilación de Cartago por Roma en el año 146 A.C., cuya población fue exterminada o sometida a esclavitud, sus magníficos edificios demolidos, sus cimientos extraídos y en lugar de los mismos sembrados con sal, para que nunca nada pudiera volver a crecer ahí. La expresión “Delenda est Cartago” (Cartago debe ser destruída) pronunciada por el senador Catón el Viejo fue consumada, así como fue cumplida la sentencia “Delendus est Paraguay.

(*) Alberto Alderete, abogado, investigador, autor de obras y de artículos sobre la guerra del 70

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