Industrialización, modelo agro exportador y agricultura campesina

El desarrollo industrial y la agricultura campesina, han sido excluidos del actual modelo de desarrollo ejecutado por el gobierno. En su lugar, ha sido erigido como paradigma de desarrollo el agronegocio y el rol de productor y exportador de materia prima, lo que representa una involución en el proceso de desarrollo de nuestro país, pues todas las teorías del desarrollo y los mismos países industrializados nos demuestran que el desarrollo de un país consiste en pasar de una economía agrícola, productora y exportadora de materia prima, en otra basada en el desarrollo industrial y tecnológico, aunque a diferencia del proceso de desarrollo industrial que siguieron los países hoy desarrollados, nuestro país debe tomar procesos más específicos.

Industrialización y soberanía alimentaria no se contraponen, sino se complementan en una relación de utilidad y necesidad, teniendo en cuenta que la necesidad básica de un país es contar con la provisión segura de alimentos, y ésta función es cumplida por la agricultura campesina sostenible, pues ésta es la única que produce y provee a la población de las frutas, hortalizas, legumbres, yerba mate, mandioca y sus derivados industriales, queso, leche y sus derivados industriales, carnes de cerdo, caprinos, ovinos y de aves de corral, pescado, maíz y arroz entre otros. La agricultura mecanizada no produce estos alimentos. La defensa de la agricultura campesina no se trata de una cuestión ideológica, sino de economía y de política económica y social. La Organización de las Naciones Unidas ha declarado el año 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar, precisamente por los mismos motivos antes señalados, y no se ha escuchado que dicha organización internacional haya sido considerada izquierdista. Además, la agricultura es anterior a Carlos Marx (1818-1883), al capitalismo y al feudalismo, y sus orígenes se pierden en la prehistoria, practicándose en América 5.000 años antes de Cristo aproximadamente.

Pero la agricultura campesina no solamente provee de alimentos al país, sino que cumple una función social vital en el actual estadio de desarrollo del país, cual es la de dar a la población campesina, en forma directa, trabajo, alimentos, vivienda, propiedad y en forma indirecta el acceso a la salud, a la educación, vestimenta, recreación y  al ejercicio del derecho a la participación ciudadana. En el actual proceso de desarrollo en el que se encuentra nuestro país, la estructura productiva industrial, tecnológica  y de servicios no tiene capacidad de absorver a dicha población rural. Parte de dicha población se irá incorporando en la estructura productiva urbana, en la medida en que avance el desarrollo industrial. Sin embargo, la existencia y pervivencia de la agricultura campesina sostenible es fundamental para la propia supervivencia de la población, al proveerles de alimentos y sostenerse por y a sí misma.

En cambio, el agro negocio y con él el rol de país agro exportador, sí se contrapone al desarrollo económico, pues no conduce al país a salir del atraso, sino que lo condena en forma perpetua a ser pobre, a ser productor y exportador de materia prima. Con la soja pasará lo que con otros productos primarios exitosos en su momento. Puerto Pinasco, Puerto Casado, Puerto Sastre, Puerto Max, Puerto María y Puerto Guaraní , donde se fabricaban el tanino para curtir  cuero, eran florecientes poblaciones en 1910, cuando el Paraguay era el mayor exportador mundial del tanino extraído del quebracho. Hacia 1940, declinó la explotación del quebracho y el tanino, con la aparición de nuevos productos sintéticos y más baratos, hasta su desaparición total. Hoy esos lugares son pueblos fantasmas, páramos y taperas. Mientras el mercado internacional lo necesite, el negocio de la soja será floreciente, pero cuando no, todo el negocio se desplomará y se esfumará, con la diferencia de que el agronegocio dejará al país una pesada  herencia y un daño irreversible, como lo es el desastre ambiental producido con la desaparición de sus bosques y las tierras convertidas en talco, además de la expulsión de la población rural. Quiénes pagarán al país por esos daños? Los sojeros? Los gobiernos que lo impulsaron?

El cuestionamiento al modelo agro exportador, tampoco tiene una causa ideológica, sino económica y de política de desarrollo. Un reciente Informe del Banco Mundial del año 2014 sobre Paraguay, resaltaba en el centro de sus observaciones que “En términos de desarrollo recientes, la economía paraguaya ha experimentado una alta volatilidad en el crecimiento”, esto  “porque es altamente dependiente del comercio exterior en particular de la soja y la carne vacuna que representan cerca del 50 % de las exportaciones”. El término “volátil” es definido por el diccionario como la “sustancia que se transforma fácilmente en vapor o en gas cuando está expuesta al aire”, citando como ejemplo al alcohol, al alcanfor o al aguarrás. Y que sepamos, el Banco Mundial nunca ha sido acusado hasta ahora de “zurdo” o “izquierdista”.

El país debe retomar la política de industrialización, para ir superando la re primarización de su economía, acompañado de una fuerte inversión en la reforma agraria y la agricultura campesina sostenible, que permita avanzar hacia el desarrollo industrial con una soberanía alimentaria asegurada.

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