Hacia un reagrupamiento de la izquierda y el progresismo

Por Hugo Ruiz Díaz Balbuena

Ningún reagrupamiento en el plano social, político es resultado de voluntades subjetivas o de deseos personales. Todo reagrupamiento político, incluyendo al actual intento de bloque de izquierda y progresismo en Paraguay, tiene causas materiales concretas.

Primera. Las luchas y resistencias sociales populares en todos los terrenos, en todos los campos. Objetivamente, estas luchas sugieren la urgencia de un cambio substancial del modelo actual, que se revela un fracaso, incluyendo al presunto marco “democrático”. Si bien es necesario reconocer que dichas luchas son dispersas, no es menos cierto que dicha dispersión es más responsabilidad y reto a la izquierda que a otros factores.

Segunda. El Golpe de estado de junio del 2012, significó un punto de inflexión. Es este hecho de abortar un proyecto soberano y con características populares, el detonante inmediato de la crisis que golpea a toda la población.

El actual modelo de Estado, con características neoliberales, neofascistas, se encuentra en crisis en tanto que Estado subdesarrollado, capitalista y periférico, dentro de un contexto más amplio de crisis del capitalismo. Los partidos de derecha, las expresiones personales como vocerías políticas, la minoría oligárquica, son incapaces de introducir las más mínimas reformas. Menos aún, aportar solución a la crisis estructural del Estado paraguayo.

Toda la derecha se encuentra en un impase porque no tiene ninguna alternativa o propuesta para la salida de la crisis. La respuesta de la derecha, ante la ruptura del consenso sobre el modelo del Estado capitalista subdesarrollado, se evidencia por medio del ejercicio de la violencia utilizando los aparatos del Estado e igualmente por la vía de la guerra sucia hegemónica de criminalización, desplegada contra la población por las corporaciones privadas de la comunicación. Ninguna otra propuesta.

Tercera. Las grandes conquistas a nivel americano, tales los casos de Bolivia, Argentina, Perú, Nicaragua, Venezuela, Honduras…. América latina y América en general, es un territorio en disputa, en el que la derecha sufrió golpes que la dispersan, que la atomizan aun más en medio de la crisis general del capitalismo periférico. Sin estas luchas populares y conquistas, difícilmente se dará un reagrupamiento en una isla como la nuestra.

Se trata pues, de un reagrupamiento en tanto que responsabilidad histórica, resultado de luchas que lo legitiman.

Es, en consecuencia, una respuesta clara de disputa política por modelo de sociedad en todos los ámbitos ante una derecha en crisis. No se trata solo de una disputa electoralista con visos de “democracia”, sino de un reagrupamiento que va más allá de los aspectos formales electorales.

Si bien el contenido programático es aún un elemento en debate, que su evolución es una incertidumbre, no es menos cierto que el presente reagrupamiento constituye un hecho histórico.

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