Grecia, la cuna de la democracia y de la civilización occidental, en grave situación

Grecia, la cuna del nacimiento de la democracia y de la civilización occidental está atravesando una grave situación. El punto central de la crisis griega es la deuda de cerca de 320.000 millones de euros, equivalente a 358.000 millones de dólares aproximadamente, que el país está imposibilitado de pagar. Las causas de dicho endeudamiento son varias y complejas que involucran no sólo a los gobiernos que precedieron al actual, sino a los mismos acreedores que hoy le imponen las condiciones de pago. La Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, conocidas como la “Troica”, impusieron al país un plan de privatizaciones y un programa al que llamaron de austeridad, como condición para financiar un rescate financiero que le permitiera cumplir con sus acreedores, que fue aceptada por el gobierno anterior de Giorgos Papandreu. La llegada al gobierno de la Coalición de la Izquierda Radical (SYRIZA) liderada por el primer ministro Alexis Tsipras en enero de este año, sumó mayor incertidumbre a ese proceso, porque el líder de Syriza se había manifestado en contra de la liquidación del patrimonio público y contra las políticas de ajuste y austeridad, y, pese a las crecientes presiones, en los últimos cinco meses no avanzó con ninguna privatización. El nuevo gobierno ha presentado una contrapropuesta a los acreedores consistente en establecer un plan de pago sostenible para su país, «para garantizar la viabilidad de la deuda», por la que solicitó una reestructuración del pago, que la disminuya al 30 por ciento del PBI de su país y que, además, se le otorgue «un período de gracia de 20 años». La Troica ha rechazado dicha propuesta.

Referéndum. Ante esta situación, el gobierno de Tsipras convocó a un referéndum que se realizó el domingo 5, para fuera el pueblo griego el que decidera si aceptan (opción SI) o rechazan (opción NO) la propuesta de los acreedores de aplicar distintas medidas de ajuste a cambio del desembolso de dinero que Grecia necesita desesperadamente para hacer frente a sus compromisos. En el referéndum Grecia votó por un contundente No al ajuste, votando el 61,3 % por el NO y el 38,7 % por el SI. Luego de conocerse el resultado, el premier griego dijo que la consulta popular “no tiene vencedores ni vencidos”, sino que “es una victoria en sí misma, que ha probado que la democracia no puede ser chantajeada”. Tsipras volvió a repetir que este veredicto no representa una ruptura con Europa, en respuesta a la campaña implementada por el gobierno alemán y la Troica, los cuales chantajearon al pueblo griego con que el voto por el NO equivalía a que Grecia salga de la zona Euro. Tsipras volvió a hacer hincapié en que este veredicto no representa una ruptura con Europa: “Soy plenamente consciente de que el mandato que me entregaron no es de ruptura con Europa, sino un mandato para fortalecer nuestra posición de negociación para buscar una solución viable”.
Tras el referéndum, la misma noche del domingo, los gobiernos de Alemania y Francia acordaron una reunión para el martes, en la que evaluarán los resultados del referéndum y las propuestas a ser tratadas con Grecia. Por su parte, Christine Lagarde, Directora Gerente del FMI, aseguró hoy lunes, que el organismo financiero “se mantiene listo para ayudar a Grecia si así se lo pide”, y que “está vigilando estrechamente la situación”. En Grecia, todos los dirigentes políticos de todos los partidos, con excepción de los comunistas y neonazis, consensuaron con dar un mandato al primer ministro, para negociar en Bruselas y lograr un acuerdo, para lo cual, el mismo ya partió rumbo a dicha ciudad.

La historia de la deuda y su cuadruplicación. En el 2004, las autoridades europeas descubrieron que Grecia falsificó sus cuentas durante varios años para poder entrar en el euro con la complicidad de algunos bancos acreedores. En el 2010 el gobierno del entonces primer ministro heleno Giorgos Papandreu aceptó el drástico plan de ajuste y austeridad a cambio de que recibiera un préstamo para honrar sus compromisos. El objetivo de la troika (FMI, BCE y CE) y del gobierno griego era estabilizar al sistema financiero y evitar el default con un gigantesco auxilio por 110 mil millones de euros, aportados por esos organismos. Dichas instituciones financieras entendían que lo peor que le podía pasar a Grecia era caer en el incumplimiento de pagos, y que esa situación provocara un derrumbe en dominó de otras economías europeas como las de Irlanda, Portugal, España e Italia, haciendo estallar al euro. El default, a su vez, golpearía a financistas y bancos alemanes, franceses e ingleses, con fuertes inversiones en títulos de deuda griegos.

El FMI calculó que en un año Grecia retomaría el crecimiento económico y el acceso a los mercados de deuda internacionales. Pero luego de cumplido ese tiempo, no sólo no se cumplieron las metas, sino que ocurrió todo lo contrario, con el agravante de que el desempleo había saltado al 25 por ciento, el nivel de deuda sobre el PBI había crecido del 150 al 170 por ciento y el país entró en una espiral de revueltas entre protestas, represión y depresión. El PBI se contrajo 5,4 por ciento en 2010 y un violento 8,9 por ciento en 2011. A principios del 2012 se hizo evidente de que Grecia no podría evitar el default con los 110 mil millones de euros, y la troica diseñó otro plan de “rescate”. En febrero del 2012, la troica comprometió otra asistencia adicional de 130 mil millones, a cambio de que el gobierno recrudeciera el programa de ajuste fiscal, privatización y reforma laboral. La dirección de la política económica griega fue entregada a los técnicos de la troica, quienes se instalaron en las instalaciones de los ministerios, monitoreando paso a paso la aplicación de las medidas. Así, la deuda griega pasó de 80 mil millones de euros a 320 mil millones, en sólo cinco años, de la mano de la troica y de los gobiernos que la lidera: Alemania, Francia, Italia, España, BCE, FMI entre otros. Es por eso que la responsabilidad no sólo sea de los gobiernos griegos, sino también de los “rescatistas”.

Fracaso de las políticas de austeridad y sus graves consecuencias. Sin embargo, de nuevo el plan de rescate no logró los objetivos propuestos, pero en cinco años de implementación del plan, las consecuencias sociales eran devastadoras para la población. La economía se desplomó, el desempleo anduvo al galope y muchos griegos pasaron bajo el yugo de la pobreza. He aquí algunas cifras: el PIB ha caído el 25 %; en 2011, el peor año desde el inicio de la crisis, la economía se contrajo un 8,9%; el 45% de los jubilados pasaron a ser pobres, pues ganaron menos de 665 euros al mes, cuando en el 2009 sólo el 20 % de los pensionistas eran pobres; para el 2015 el Banco Central Europeo prevé un ínfimo crecimiento del 0,5 %; se estima que el gobierno deberá recortar y aumentar los impuestos en una cantidad equivalente al 1,5% del PIB en 2015; el 58 % de los jóvenes están sin trabajo; el desempleo se ha triplicado, alcanzando al 26% de la fuerza laboral; tres cuartos de los desempleados llevan 12 meses o más sin trabajar; los acreedores piden un recorte mayor de cerca del 1% del PIB en pensiones de aquí a 2017 y reformar la forma de pago para que queden a cargo de contribuciones de los trabajadores; los acreedores exigen disminuir aún más los sueldos de los jubilados, cuando la mitad de los hogares del país dependen principalmente de dicho subsidio; el 40 % de los niños están bajo el umbral de la pobreza, de los cuales 322 niños no tienen las necesidades nutricionales básicas satisfechas; 2,5 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza y 3,8 millones están en peligro de caer por debajo de esa línea; fueron despedidos 200 mil funcionarios y a los que quedaron se les recortaron los salarios.

Las otras condiciones impuestas a Grecia. Otra de las condiciones impuestas a Grecia además de los ajustes y la austeridad, antes de que los acreedores aprobaran el primer rescate financiero en mayo de 2010, fue que diseñara un plan de privatizaciones que fue negociando con la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Para lograr esa meta, en el 2011 el gobierno del entonces primer ministro Giorgos Papandreu creó el Fondo de Desarrollo de los Activos de la República Helénica (Hradf, según sus siglas en inglés), una sociedad anónima a la que se le transfirieron todas las firmas que se fueron poniendo a la venta, listado que incluyó proveedoras de agua, telefonía, gas, electricidad, los trenes, los aeropuertos, la lotería, el correo, los principales puertos y miles de propiedades y tierras públicas, incluso islas paradisíacas. El objetivo era recaudar 50.000 millones de euros en cuatro años, pero las ventas se fueron demorando y lo conseguido hasta ahora está en torno del 10 por ciento de lo previsto. He aquí el plan privatizador:
1)Telefonía. Hellenic Telecommunications Organization (OTE), la telefónica estatal vendió el 90 % de sus acciones; 2) aeropuertos. La firma alemana Fraport AG Frankfurt Airport, junto a la empresa griega Copelouzos, ganó en noviembre de 2014 la licitación para operar durante cuarenta años 14 aeropuertos regionales y vendió 2500 hectáreas del ex aeropuerto internacional de Hellinikon en Atenas a Lamda Development, firma que llevará adelante un emprendimiento inmobiliario en el lugar; 3) Agua. El programa de privatización incluyó la venta de las empresas de provisión de agua de Atenas (Eydap) y Tesalónica (Eyath), las dos ciudades principales del país; 4) Trenes. tres grupos empresariales gestionan la preparación de ofertas destinadas a la adquisición de Trainose, la firma estatal que gestiona los trenes griegos; 5) Energía. La importación y distribución del 90 por ciento del gas que consume Grecia está en manos de la empresa DEPA, controlada por el Estado griego. El gobierno llamó a licitación en 2011 para avanzar con la privatización; 6) propiedades, tierras y edificios públicos. El gobierno comenzó a vender inmuebles y tierras en el centro de la ciudad, zonas costeras, islas e incluso en el extranjero. En el 2013 convocó a una subasta para la privatización de 28 edificios estatales bajo la modalidad de “compra y alquiler de vuelta”. En el mismo año adjudicó 14 inmuebles a Pangaea, la filial inmobiliaria del Banco Nacional de Grecia, y otras 14 propiedades a Eurobank Properties. Ambas firmas le alquilaron esos bienes al Estado por 30 millones de euros anuales. A su vez, el propio Estado se encarga de los gastos de mantenimiento y luego de 20 años tiene la opción de recomprar sus edificios o acordar un nuevo alquiler. Entre los inmuebles están las sedes de los ministerios de Educación, de la Secretaría de Hacienda, del Ministerio de Cultura, del Interior, de Sanidad y de Justicia, del Instituto Nacional de Estadística, y de la Jefatura de Policía de Tesalónica; en junio del 2014, el FMI desmintió una información del gobierno de que ya no tenía propiedades, informando que revisando encontró que el estado griego aún tiene más de 70 mil propiedades disponibles.

Posturas de especialistas. El Premio Nobel de Economía Joseph Striglitz ha manifestado que “Es concebible que el resto de Europa y Alemania despierten y se den cuenta de que sus exigencias a Grecia, son absolutamente indignantes”. “Aunque Grecia tiene algo de culpa por la situación-dice- la desastrosa situación que se experimenta desde entonces es responsabilidad de la troica”
Es un movimiento para sacarlo al gobierno griego. Así mismo, el también Premio Nobel de Economía Paul Krugman manifestó su desacuerdo con las condiciones de los acreedores europeos y agrega al conflicto, un elemento político, al decir que la troica ha hecho una oferta al primer ministro griego, Alexis Tsipras que no puede aceptar y “presumiblemente lo hicieron a sabiendas”. Krugman dice que el ultimátum fue, en efecto, un movimiento para sustituir al actual gobierno griego. “Incluso aunque no te guste Syriza, tiene que ser preocupante para cualquiera que cree en los ideales europeos”, señaló, concluyendo que votaría por el NO en el referéndum. De hecho, los líderes de los gobiernos europeos pretendían cambiar el gobierno electo de Grecia, en caso de que el voto mayoritario fuera por el SI.
Stiglitz y Krugman “votaron” por el NO. En el mismo sentido, aunque con un poco más de cautela, se manifestó Joseph Stiglitz, ex economista jefe del Banco Mundial y profesor de la Universidad de Columbia de Nueva York, cuando dijo que “Un voto por el sí significaría una depresión casi sin fin. Un voto por el NO abriría al menos la posibilidad de que Grecia, con su fuerte tradición democrática, pueda asir su destino en sus propias manos”, señaló el Nobel de Economía del año 2001 en un artículo publicado en varios periódicos. El primer ministro Alexis Tsipras manifestó en su discurso ante decenas de miles de griegos reunidos diciendo que, «Tenemos que hacer nuevamente historia en el lugar donde nació la democracia», y remarcó que «Grecia está enviando un mensaje de dignidad: nadie tiene el derecho de amenazar con dividir a Europa». El pueblo griego dio un poderoso respaldo a su gobierno, para negociar con sus acreedores, unas condiciones que signifiquen un menor sacrificio al pueblo y dio un poderoso mensaje para una mayor dignidad de Grecia.

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