Grecia: de antiguas y contemporáneas tragedias

Lo más fácil sería decir: hay que cambiar el sistema para que todo se arregle. Eso bien vale como testimonio hecho en la llanura, pero la cosa cambia cuando se está en la gestión para luchar contra el sistema.

No pienso desarrollar exhaustivamente el problema de Grecia, porque ello demandaría mucho espacio y tiempo. Me limitaré a esbozar consideraciones que creo son necesarias para contribuir a un desarrollo mayor siempre que sea de interés.

La moneda es un medio de pago. Si uno se queda en el concepto no es más que un instrumento que facilita el intercambio de bienes. Sin embargo, la moneda es una cuestión sumamente seria. Por algo será que hay toda una corriente económica –la escuela de Chicago y su referente más importante, Milton Friedman– que basó su formulación de control de la economía en la expansión o contracción monetaria. La formulación claramente es una fantasía, porque en definitiva la economía tiene que ver con la producción, esto es la economía real, y no con el instrumento de cambio. Esta fantasía, sin embargo, no es una ingenuidad inconsciente de Friedman, sino una impostura para legitimar el neoliberalismo. Es decir, la expoliación de recursos por parte de quienes manejan el gran capital y desde ahí, el capital financiero.

El proyecto de la creación del euro como moneda única de la UE, que fuera resuelta en Maastricht en 1992, se crea después de la unificación Alemana en 1989.

Si el proyecto de integración europea se inicia con la comunidad del carbón y del acero entre Alemania y Francia en 1951, como una estrategia de repunte del primero de ellos después de la segunda guerra mundial, el tratado de Maastricht es la concreción de un proyecto hegemónico alemán para continuar con el pangermanismo de Bismarck de fines del siglo XIX, y que fuera frustrado después de dos guerras mundiales.

Alemania debía basar la expansión de su industria con el manejo de una moneda única para toda Europa, que manipulando a su antojo le permitiría usar y abusar de los recursos humanos y naturales de la periferia europea. Ese es el problema que hoy ocasiona la tragedia griega.

Desde una moneda única cuya emisión está controlada por la economía más fuerte, es decir la alemana, los países miembros no pueden controlar sus economías desde políticas fiscales autónomas con control monetario.

Esa es la diferencia con la Argentina del 2001, que si bien tenía su moneda en paridad con el dólar, era su moneda y por lo tanto tenía la posibilidad de devaluarla como mecanismo para salir de su terrible crisis.

Grecia no puede devaluar una moneda que no la emite, sino que está controlada por el centro de Europa, es decir, Alemania.

Cuando el centro de una región, desde su posición de privilegio, controla el crédito, el país deudor que proviene de la periferia debe hacer frente a sus compromisos sacrificando a su pueblo disminuyendo gastos sociales, por ejemplo disminuyendo el nivel salarial, las pensiones, aumentando impuestos indirectos, etc. Esta situación a su vez exacerba la expoliación del centro acreedor que abusa de los recursos de la periferia disponiendo discrecionalmente de los mismos.

Alemania es desde su posición de privilegio el principal acreedor de Grecia, Estado al cual se dedicó a dar créditos atados cuantiosos vendiéndole armas que el país no necesitaba. Deudas que sumadas a las contraídas para la celebración de las olimpiadas del 2005, llevaron a la acumulación exorbitante de una deuda de aproximadamente 350.000 millones de dólares, 180% de su PIB, que hoy es impagable.

Qué paso en las negociaciones

De acuerdo a testimonios del exministro de finanzas Yanis Varoufaquis (1), la posición de Syriza era rechazar los planes de austeridad y gestionar la reestructuración de la deuda. El gobierno sometió a un referéndum acerca de la aceptación o rechazo de las políticas de austeridad. Ya los bancos estaban cerrados por el control de capitales indispensables ante la falta de liquidez. Por supuesto, el voto mayoritario del pueblo fue del rechazo a las medidas de austeridad, pero nunca la salida de la eurozona, ni mucho menos de la UE. Cuando Tsipras vuelve con esa mayoría a Bruselas, además de un aval de la mayoría de los partidos políticos, la Troika, en una actitud de inescrupuloso chantaje, chantaje al cual Varoufaquis calificó de “terrorismo financiero”, le da dos opciones: o las medidas de austeridad o la salida de la eurozona. La voluntad de la mayoría del pueblo griego expresada en manifestaciones y sondeos, era rechazar la austeridad, pero no salir de la eurozona.

Técnicamente el gobierno, de acuerdo al testimonio del propio Varoufaquis, no estaba en condiciones para la reconversión hacia la reactivación del dracma, si salieran de la eurozona. Para la Argentina –repito– era factible el manejo monetario devaluando su moneda porque tenía una moneda propia, en cambio para Grecia la reconversión, es decir, la vuelta al dracma como consecuencia de la salida del euro, al carecer de la infraestructura necesaria, requería de por lo menos 6 meses, y la imposición de la troika era de optar entre el “tómelo o déjelo” en 48 horas.

La economía griega estaba paralizada. Por el control de capitales, con los bancos cerrados, los griegos no disponían de liquidez y la situación se tornaba desesperante. Ni siquiera el turismo que hasta donde se pudo sostener, era fuente de liquidez, era viable porque los hoteles no podían pagar a sus proveedores. Si repentinamente se salía del euro, la situación hubiese tenido consecuencias desastrosas.

Todo este horrendo espectáculo no es sino la expresión visceral de un sistema insostenible, como diría el Papa, que a través de ese terrorismo financiero como mecanismo de despojo o de “acumulación por desposesión”, al decir de David Harvey (1).

Hecha esta obvia salvedad, que corresponde al ámbito del diagnóstico, lo que cabe es saber qué se puede hacer en el ámbito de la gestión. Ámbito en el cual la correlación de fuerzas es un factor determinante. Por algo habrá sido que un gran pensador de gran barba ya en el siglo XIX considerara que el cambio de ese sistema insostenible aludido, debía ser internacional. Una consigna que suena bien, pero que en el marco de las asimetrías propias del sistema que hasta hoy rigen el planeta, los pueblos no pueden postergar su lucha por su liberación hasta que la lucha se internacionalice.

Por ello considero que la situación de Grecia hoy debe ser considerada con cuidado. Las calificaciones ligeras hechas desde miles de kilómetros de esa tragedia, desde un diagnóstico general, no pueden menoscabar el mérito de Syriza y sus dirigentes, en particular el primer ministro Alexis Tsipras, que hizo y sigue haciendo el intento de enfrentar a los poderosos no solo de Europa, sino del mundo.

La trágica situación de Grecia ilustra no solamente los estragos de que es capaz el gran capital, sino las limitaciones que se presentan en la correlación de fuerzas, factor que generalmente marca los límites de nuestros deseos. Por eso la cuestión central no es solo el diagnóstico estructural, sino el cómo luchar contra la estructura. Sabemos que hay agrupaciones políticas que propugnaban y siguen propugnando con energía que la solución es salir de la UE y/o de la eurozona. Lo que no se explicitaba con claridad era cómo y, sobre todo, lo que implicaría esa drástica decisión. Por lo visto no es tan fácil cambiar de signo monetario, o si no preguntémosle a Rafael Correa por qué no sale de la moneda vigente en Ecuador como es el dólar norteamericano, y vuelve al sucre. No tengo dudas de que Correa hubiese preferido tener una moneda propia y no una moneda que se emite en la Reserva Federal norteamericana.

La posición implacable de la Troika, de acuerdo a varios analistas, tiene un carácter más político que económico, cual es el de impedir la emergencia en Europa de formulaciones que contradigan a los que hoy manejan el poder financiero.

De cualquier manera, hay buenos indicios de que la situación de Europa en general es bastante difícil como consecuencia de sus propias contradicciones. Y el revés griego
–como lo fuera el Moncada en la revolución cubana– puede ser el punto de partida de un proceso de cambio de liberación en Europa y el mundo.

Notas

(1) David Harvey: “Acumulación por desposesión” CLACSO, Buenos Aires, 2005.

(2) Entrevista realizada a Yanis Varoufakis por el periodista Harry Lambert para el semanario británico The New Statesman, publicada por “Sinpermiso” el 19 de julio de 2015.

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