Gracias, Maestro Monstruo

Por Agustín Barúa Caffarena[2]

Conocí por primera vez la obra de Moffatt por el 99 en el comedor de Mazorra, el psiquiátrico de La Habana. Una pasante argentina (Griselda Carrera) tenía un libro cuyo título me fue amor a primera vista “Psicoterapia del oprimido. Ideología y técnica de la psiquiatría popular”. Ella acabó regalándome su copia con una dedicatoria: “que lo aproveches”.

En el 2003 fuimos con Mauri Allende y Bruno Rumich al Congreso de Salud mental y Derechos humanos de la Universidad de Madres de Plaza de Mayo en Buenos Aires. Me recordaba ayer Mauri que aquella vez habíamos quedado que cada uno iba a una conferencia distinta y a la noche compartíamos. Cuando vimos en el programa que estaba Moffatt nos sorprendimos porque pensábamos que ya estaba muerto. Entonces fuimos los tres a su conferencia, hablamos con él después y acabo invitándonos a su casa – escuela.

Tras estos primeros cruces, vino el proceso de volvernos moffattianos: ¿Cuáles son esos Mofffatts que nos vienen acompañando en Paraguay?

Aty solidario en apoyo a Alfredo Moffatt “Porque es importante Moffatt”.

El Moffat insurgente

Un principio moffattiano es hacer “sin permiso”: Alfredo es un gran inventor de permisos.

Y claro, para hacer sin permiso hay que tener coraje:

Coraje de entrar al manicomio para enfrentarlo. Los manicomios, como él los define, “esas máquinas de enloquecer”.

Coraje para asumir el costo que pagó de ser un desterrado de la universidad.

Coraje de no ser un profesional vestido de camionetaza, consultorio lujoso y turnos a 100 euros.

En el 2004 cuando con un grupo de docentes comenzamos la especialidad de comunitaria en psicología UNA[3] tratamos de tomar esa insurgencia en Ita Pyta Punta: por una universidad rebelde, problematizadora, frágil, curiosa, inventante.

En aquellos años iniciales, junto con Alfredo, Paulo Freire desde la educación popular, Orlando Fals Borda con la Investigación Acción Participativa y Raúl  Zibechi con su mirada acerca de los movimientos sociales, fueron eso que decían las y los compas de comunitaria sobre Moffatt en la invitación a la actividad de hoy: “ruido necesario para construir y re construir la dignidad”.

El Moffat carnavalesco

Él pone en juego con su existencia esa característica que se observa tanto en la antropología de los carnavales: el borrar la frontera locura – cordura.

Alfredo hace día a día lo que su amigo Rodolfo Livigston le señaló: conjuntamente “reir y aprender”. Es que “la alegría es lo que nos permite pensar el dolor” decía Alicia Fernández. Eso lo fuimos entendiendo cuando comenzamos a pensar desde los bañados[4] de Asunción lo que luego llamamos “erótica social”[5], en tanto la “vitalización de los procesos participativos territoriales, a partir del reconocimiento, validación, incorporación y celebración de las prácticas de la alegría de los sectores populares urbanos marginalizados”. O sea: conocer y aprender de como juegan, fiestean, humorean y artistean la gente humilde, (re)conocer su alegría de crear.

El Moffat pobre

Moffatt nos desafía particularmente a quienes no venimos de los sectores populares: ¿podemos vivir lo pobre? ¿cómo hacerlo? Quizás maquillando como me lo ejemplificaba una vez Moffatt mostrándome su cámara de fotos cubierta de cinta adhesiva mugrienta mientras me decía “para que no me la roben en la villa”.

E intentamos meternos: armamos una metodología que se llamó tereré en las cuadras[6], luego un grupo de mujeres que se llamó “las chismosas”[7], clinitaria[8], clínica placera[9] y así en estos años siguieron naciendo muchas experiencias en villas, bañados y asentamientos.

En muchos momentos siento que no lo logro, maestro. Una anécdota personal de esto: una vez trabajando en salud mental comunitaria en el Bañado Sur, le contaba a un vecino que pese a que había estudiado 2 veces guaraní, no aprendí.  Me dijo “¿sabes porque no aprendés? por qué no te importamos”. Parece que tanto falta pero seguimos intentando tu terca apuesta “sin plata y entre todos”.

El Moffat Chamán

Él, que dice que su medicación única era el chorizo, su “choripidol”[10], su “psicofármaco”.

Él, que dice que habla “villanés” y “esquizofrenés”.

Él, que viene construyendo una clínica situada en y entre y con, como decía, “los más hechos mierda de nuestra sociedad”: los locos pobres.

Entre su erudición, su sensibilidad, su lúdica, su heterodoxia, ha venido creando una idea de sanar hondamente situada en la cultura y plantando pregunta y propuesta a la desigualdad.

Ahora ¿cómo situamos una clínica en el Paraguay de hoy…? Solo un relato de muestra: este viernes último nos decían en Pedro Juan Caballero[11] sobre la situación de la salud mental comunitaria allí

Era típico decir ‘entre ellos es la guerra’ pero hoy nos encontramos con una realidad: que las personas que nada tienen que ver con la mafia estamos siendo atacadas. Nos sentimos impotentes.

El opa rei [12]de los casos de crimen. Es que se le da un seguimiento en el momento y luego es como una amnesia que se da, y como que no existe.

Acá hay una cultura del ‘mejor callarse’ porque no sabemos con quién estamos hablando. Es un estado de miedo: sentarnos frente a la casa ya no se puede.

¿Cómo situarnos? la pregunta queda abierta.

El Moffat Monstruo

Finalmente, este Moffatt: el Moffatt monstruo.

Él que reivindica en su carne que, finalmente, “todos los monstruos son humanos” comenzando por validar su propia rareza, su propia monstruosidad.

Con Moffatt pasa como con el Che al que le cantaba el cubano Frank Delgado[13] así

Por eso te llevo en mi cartera como un buen resguardo o como la casera, estampita de un santo,

para que me proteja y me hale las orejas si algún día malo me olvido del Che.

Si, es devocional. Esta religión tan hereje que trata de un animal atiborrado de presente llamado Alfredo Moffatt.

Alfredo Moffatt: “Al sistema le importa un carajo el chico de la calle”

[1] Texto preparado y leído en el Aty solidario en apoyo a Alfredo Moffatt “Porque es importante Moffatt”. en la Casa del Pueblo (Asunción) el 14 de noviembre del 2021.

[2] Psiquiatra comunitario, psicoterapeuta y antropólogo social.

[3] Universidad Nacional de Asunción.

[4] Barrios ribereños populares ubicados entre el Río Paraguay y la zona alta de Asunción.

[5] Barúa, A. (2014). Un aporte a la construcción de lo participativo en Salud Comunitaria: Erótica Social. En Anales de la Facultad de Ciencias Médicas (Vol. 47, No. 2, pp. 71-84).

[6] Dispositivo callejero tomando el tereré como soporte conversacional.

[7] Colectivo de mujeres villeras en Fernando de la Mora, organizado por los abusos institucionales y vecinales que sufrían sus hijos y nieto acusados de robo y de uso de drogas ilegalizadas.

[8] Acompañamientos clínicos en salud mental desde sensibilidades comunitarias en territorios de las periferias urbanas.

[9] Acompañamientos en salud mental en bancos de plazas de Asunción.

[10] Moffatt suele contar que en el Hospital psiquiátrico de varones de Buenos Aires descubrieron que vencía la indiferencia, el retraimiento, el mutismo de las personas internadas por años allí: el olor a chorizos a la parrilla.

[11] Ciudad al noreste del país que tiene el más alto indicador nacional de homicidios.

[12] Guaraní, cuando problemas graves acaban sin solución.

[13] “Con la adarga al brazo”. Frank Delgado. Cuba.

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