Elecciones cocinadas

 

Por Inocencia Ramírez

Cuando allá por el 2015 los estudiantes se movilizaban en contra de la corrupción y por mejor calidad de la educación en la UNA, también se planteaba la necesidad de reformar el estatuto, porque es del año 73 y en él hay un millón de injusticias: falta de gobierno con representación proporcional (no se utiliza el sistema D´Hondt); la comisión electoral independiente no es para nada independiente; el sistema de escalafonamiento como excusa para que cientos de profesores no puedan votar en su estamento ni candidatarse aunque lleven años enseñando, y un largo etcétera que hace a este estatuto totalmente desfavorable a los requerimientos del estudiantado.

Entre disputas internas contra decanos y la idea de que todo cambiaría, aparece una propuesta de la Comisión Especial para la Reforma del Estatuto de la UNA (CEREUNA), conformada por el rector sin ningún tipo de participación democrática. Aun así, se defendían ocho puntos innegociables de este estatuto, luego pasaron a ser tres y finalmente uno referente a la cantidad de miembros en los espacios de gobierno.

Esta propuesta tampoco es ¡oh, la maravilla! y fue rebotada por la Asamblea Universitaria como pelota de ping pong entre Timo Boll y Ma Long, rapidísimo. Pese a las movilizaciones en todas las facultades y el paro declarado en estas, la Asamblea dijo “me la suda” y rechazó todo.

Luego de patear el estudio por meses y tras levantar la última sesión de la asamblea universitaria, el estudio del estatuto quedó en nada y la convocatoria para elecciones en todas las facultades empezó a correr. Varias discusiones se dieron en torno a las elecciones, algunos a favor de presentarse y otros a favor de denunciar el llamado en estas condiciones. Sin embargo, el aparato sigue trabajando para mantenerse en el poder.

Suponiendo que sea una opción incluir candidaturas reformistas en las elecciones, es obvio que la repartija de cargos y el trabajo prebendario realizado por los mismos corruptos de siempre garantizan la mayoría en elecciones. Entonces, sería un error caer en la ingenuidad de pensar en ganar cuando el terreno está preparado para ellos. Lo que queda hoy es denunciar esta jugarreta y retomar las banderas de la reforma universitaria.

Quienes se consideren reformistas no deberían participar de estas elecciones, ya que se legitima una estructura corrupta basada en un estatuto totalmente anti democrático;  se traiciona la lucha de miles de estudiantes, docentes, egresados y todos los que apoyaron las justas reivindicaciones de los universitarios. Presentarse sabiendo que ya está todo cocinado, es un suicidio. Permitir que se desarrollen las elecciones, una cobardía.

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