El revolucionarismo químicamente puro es conservador

                                           Fuera del poder, todo es ilusión

                                                                         Lenin

El poder como esencia de la política

La política es una cuestión esencialmente de poder, lugar desde el que necesariamente se pondrá en marcha el proyecto de Estado que se pretende. Y  el poder se configura desde la correlación de fuerzas. Si esto es así, lo que cabe para llegar al poder, es torcer la balanza para crear un contrapoder desde los que consideramos son los sujetos de cambio que irán a modificar la correlación de fuerzas , para posibilitar un nuevo poder que corresponda a esos sujetos (se puede llamar sujeto revolucionario). Pero para lograr ese propósito es indispensable sintonizar con lo más sensible del sujeto de cambio . Si eso no es así, podemos tener los mejores discursos encuadrados en las mejores lecturas estructurales, pero no llegaremos a las masas y el destino inexorable es la desconexión de las mismas.

No es más revolucionario el que grita consignas radicalizadas. Es revolucionario aquel que avanza hacia la toma del poder para producir el cambio.

Respuestas  a necesidades concretas, como formulación convocante

Podríamos tomar dos ejemplos históricos de procesos revolucionarios, los más emblemáticos del mundo: uno en Europa y otro en América Latina. Nos referiremos a la llamada revolución bolchevique en Europa y a la Revolución cubana.

¿Qué propuesta hace convocante a Lenin? ¿Convoca llamando a las masas al socialismo?.NO, lo que hace convocante a la propuesta de Lenin, eran tres reivindicaciones que él desde su buen tino político, supo relevar:  paz, principalmente para el ejército que estaba harto de la guerra del 14. Para los campesinos la tierra, que padecían la grosera exclusión propia del latifundismo feudal de la época, y finalmente, pan para el conjunto de la población. El sujeto de cambio, las masas campesinas y el ejército se convocan fuerte en torno a la propuesta y desbalancean la correlación de fuerzas. Desde ese lugar se toma el poder para emprender el proyecto de cambio. Lenin cumple con sus promesas y  afianza su liderazgo.

El otro ejemplo es el de la Revolución cubana: ¿Qué formulación de Fidel es el que convoca para el inicio de la lucha por el poder y el sustento masivo?. ¿Es el socialismo? NO, ni en el proceso de lucha, lo que ellos llaman la “guerra revolucionaria” , ni en la consolidación primera del poder.

Fidel pertenecía al partido Ortodoxo, un partido progresista, antiimperialista que formulaba reivindicaciones sociales avanzadas, pero lejos estaba de plantear un sistema socialista, sobre  todo en los términos clásicos. El partido ortodoxo estaba liderado por  Eduardo Chibás, un político progresista, que en la jerga muy exigente del revolucionarismo actual, sería calificado de reformista. Este dirigente fundador y presidente del partido ortodoxo al que Fidel siguió hasta su trágica muerte, era fuertemente anti Partido Comunista porque el Partido Comunista cubano había apoyado a Batista en su periodo presidencial del 40 al 44, gobierno al cual fundadamente Chibás se oponía. En las elecciones que debían realizarse en el 53, Fidel era candidato por el partido Ortodoxo a diputado, elecciones que no se realizan por culpa de golpe violento que da Batista.

Lo que consolida el liderazgo de Fidel era que su formulación apuntaba a resolver los acuciantes problemas sociales principalmente de  concentración de tierras, exclusiones sociales y corrupción que imperaban la atmósfera cubana.

La mayoría de los que realizan el asalto al cuartel Moncada eran miembros del partido ortodoxo.

Cuando Fidel entra a la Habana en enero del 59, Fidel no habla de socialismo. En su visita a a Chile en 1971, decía que “la revolución tiene distintas fases. Nuestro programa de lucha contra Batista no era un programa socialista ni podía ser un programa socialista, realmente, porque los objetivos inmediatos de nuestra lucha no eran todavía, ni podían ser, objetivos socialistas. Estos habrían rebasado el nivel de conciencia política de la sociedad cubana en aquella fase; habrían rebasado el nivel de las posibilidades de nuestro pueblo en aquella fase. Nuestro programa, cuando el Moncada, no era un programa socialista. Pero era el máximo de programa social y revolucionario que en aquel momento nuestro pueblo podía plantearse.”  (Fidel en Chile Quimantú 1972, citado por A.Boron) . Recién en 1961, Fidel  proclamó el carácter socialista de la revolución.

En el primer ejemplo: la revolución bolchevique, las condiciones estaban dadas para la toma del poder por la fuerza porque estábamos ante el absolutismo zarista en plena primera guerra mundial. El remedo de órgano legislativo creado en 1905 llamado “duma”, no era sino un órgano consultivo por lo que no era una vía válida de poder. Para inaugurar un nuevo estado , necesariamente había que derrumbar el absolutismo zarista con el ejército que quería paz, y los campesinos que querían tierra.

En el segundo ejemplo (Cuba), en vista de que el proyecto electoralista del partido ortodoxo, por el cual Fidel era candidato a diputado, al no realizarse como consecuencia del golpe cruento de Batista,  al ser un gobierno de facto cerrando toda posibilidad eleccionaria , no había otra salida que la lucha armada, pero con un fuerte sustento de masas, logrado con la sintonía  de las necesidades inmediatas y concretas de las mismas, bien vale repetir, no del socialismo.

Rebeldes o revolucionarios

Pablo Giussani decía, algo así como que “rebelde” es el que se opone al sistema y revolucionario, el que apunta a transformar la sociedad.(1)

Si un proyecto que pretende transformar la sociedad no se plantea la cuestión del poder, está condenado a ser rebelde y consecuentemente, al aislamiento de las masas. Desde esa posición en el presente en América Latina, quien desde un revolucionarismo químicamente puro, ante el espectro de fuerzas que pugnan el poder por la vía eleccionaria, al llamar a la abstención, lo que hace es dejar el lugar a los signos conservadores que por esa vía llegan al poder.

La sociedad se transforma desde la sociedad, no desde fuera de ella. Una sociedad cargada de las impurezas configuradas en función de los intereses de las clases dominantes. Si esto no fuera así, si todo estuviera configurado conforme a nuestras requisitos consecuentes de nuestras expectativas, para qué iríamos a cambiar nada. Me voy a permitir una cita a García Linera que dice: “Es así entonces que “cambiar el mundo” deviene en una tarea de los “puros”, de los “no contaminados”, de los que no usan dinero, de los que no compran en los mercados, de los que no estudian en las instituciones estatales, de los que no cumplen las leyes; en otros términos, de los que están más allá de la sociedad, que se les presenta como “impura”, “contaminada” o “falseada”. De ahí que lo que intentan hacer es una revolución social sin sociedad, o construir otro mundo sin los habitantes reales del mundo. No entienden que la sociedad real, que el mundo social real, ha construido la estatalidad con sus logros y sus desdichas, ha labrado los bienes comunes y ha asistido a la expropiación silenciosa de esos bienes comunes suyos. Y que, si en algún momento ha de haber una revolución, ésta ha de ser hecha por esas personas “contaminadas” y estatalizadas que en un momento de su vida colectiva se sienten asfixiadas con esos monopolios de lo suyo, se sienten estafadas por los monopolizadores de sus bienes comunes, y se lanzan a la insumisión justamente porque viven el monopolio de su trabajo social y deciden romperlo desde la experiencia misma del monopolio, desde los intersticios del mismo Estado y desde su propia experiencia de la estatalidad.”.(2)

Todas las expresiones progresistas en A.Latina trabajaron en ese terreno “contaminado”: los bolivarianos de Chávez, los revolucionarios ciudadanos de Correa, o los socialistas comunitarios de Evo. En el caso de estos procesos latinoamericanos, todos accedieron al poder desde las reglas de juego “contaminadas”, es decir con legislaciones que habían sido pergeñadas por las oligarquías. Y una vez en el poder, desde el poder, se propusieron cambiar o dicho en términos linéricos, a “descontaminar”.

A esa izquierda que requiere de un estado puro de cosas, a esta izquierda mesiánica, García Linera llama izquierda abdicacionista de esta forma: “A la vanguardia ilustrada de la izquierda instrumental, le sustituye hoy la vanguardia espiritual de la izquierda abdicacionista. En ambos casos, el motor de la revolución no está constituido por las clases subalternas, ya sea por “ignorancia” o por “impureza”, sino por unos pocos que habrán de restaurar un “mundo puro”: el monopolio de los elegidos; ¡o sea, curiosamente un nuevo Estado!, solo que ahora sin las “ilusiones” y las “impurezas” de la plebe”. Y más adelante agrega:” Ciertamente, se trata de una posición elitista y, a la larga, conservadora, que se margina de las propias luchas sociales populares que inevitablemente pasan por el Estado y son Estado”.(3)

Los procesos de lucha en El Salvador (FLNFM) y Colombia (FARC), que tantas vidas en tantos años costaron, con episodios heroicos de revolucionarios honestos, hoy apuntan al juego de la participación (el primero ya está en el poder al que llegó  por la vía eleccionaria).

Y para finalizar, quiero poner otro ejemplo latinoamericano. El de México: en 2006, López Obrador, un candidato progresista pierde por escaso margen contra Calderón y más tarde contra Peña Nieto. En ambas elecciones los zapatistas llamaron  a la abstención. No creo que valga  la pena y el espacio demostrar cuál es el destino actual de un Mexico devastado por la exclusión y la inseguridad en un infierno gobernado por el narcotráfico.

Pero volviendo  al plano reflexivo, una cuestión poco debatida en el ámbito de la izquierda es lo que concierne a los rótulos. Poca claridad hay sobre lo que es “izquierda”, lo que es “revolución” y sobre todo, “socialismo”. Habría que ver qué socialismo es aplicable en las condiciones actuales en el mundo Aquí bien cabe citar a Fidel, en ese gran libro de entrevistas que le hiciera Ramonet llamado “Cien horas con Fidel”. El comandante decía “Todo el mundo habla de socialismo, y nadie sabe qué es exactamente socialismo”. Claro, si yo le pregunto a un radicalizado auatocalificado  revolucionario, cargado de incendiarias consignas, me contestará los consabidos postulados del “Manifiesto Comunista” como un recitado. Un  gran documento político que el propio Marx consideró desactualizado en varios de sus puntos en 1872, a la luz de la experiencia de la Comuna de París (4).  Pero bueno, desde la consigna, desde la llanura y lejos de plantearse el poder, la retórica aguanta todo.

Un proyecto revolucionario tendrá posibilidades de alcanzar el poder y desde ahí plantearse el cambio, solamente si logra sintonizar con las masas desposeídas desde una formulación distinta de la que viene teniendo nuestra izquierda . Desde una formulación que responda a los clamores populares sobre cuestiones concretas, no mediatas o estructurales. El desafío es encuadrar esas respuestas inmediatas al marco estructural en un proceso no fácil y tortuoso y asumiendo y sorteando las contradicciones que se irán generando en una sociedad en permanente movimiento dialéctico para que la tarea no se limite a alcanzar el poder, sino  a sostenerlo. La experiencia da cuenta de que el testimonio y el acto de fe no bastan a la hora de plantearse la revolución.

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