El primer día de clases

Hoy es el primer día de clases de Amaru, el lunes lo fue de Zenit. Amaru estudia en la escuela pública «Medalla Milagrosa», de Guarambare, y Zenit en el Domingo Sabio de Asunción, una escuela de corte religioso subvencionada. En la formación de la escuela de Amaru, luego del himno, rezaron Padre Nuestro y Avemaría. La directora de área habló de portarse bien, aprender buenos valores y acompañar a las criaturas. Era la primera vez que Amaru formaba fila en el patio, y parecía estar contento. Era la primera vez que, luego del prejardín, el jardín y el pre escolar, se encontraba con las filas, con el himno, la bandera y el rezo, en el patio. No entré ya en el aula, espero que todavía mantengan las mesitas largas donde se miraban las criaturas, pero me temo que las sillas una tras de otras ya habrán ganado la batalla. Antes, en el nivel inicial, lo hacían en rondas de clase. De las rondas, las pinturas y el ensuciarse, y el aprender contando, cantando y dibujando, nuestro sistema escolar pasa, inmediatamente, casi sin transición, a un modelo disciplinario, donde «portarse bien» y «aprender buenos valores» y ser «obedientes» forman parte de una especie de catequesis escolar. Dios aparece, otra vez, en el altar de la autoridad y la obediencia y los buenos valores decoran el discurso. Es hermoso ver a las criaturas aprender jugando, cantando, en rondas. Las profes son maravillosas, mas, de un girón, el modelo, desde el primer grado, cambia, abruptamente, hacia la disciplina. El valor de la disciplina, pero no cualquier disciplina, si no una moral que intenta organizar la conducta escolar sobre la base de la obediencia (a la autoridad) y el portarse bien y aprender buenos valores. Aprender deja de ser un juego para convertirse en un akarasy, de «portarse bien, portarse bien y portarse bien», como lo dice la compañera Fachu Aguilar en su monólogo. En cuanto al acompañamiento de padres y madres, el modelo amplió seriamente la carga horaria escolar en las tareas de la casa. La posibilidad de que estas tareas sean atendidas, con tiempo y eficiencia por los padres, está ligada a las condiciones técnicas y al tiempo real, de padres y madres. El akarasy se vuelve colectivo. Se ramifica en las tensiones familiares, entre el que no se puede y que «iñakane la ne memby». Por lo poco que pude ver, hablar, compartir, las criaturas enfrentan la escuela con dedicación y prestancia si tienen acompañamiento efectivo de padres y madres en las tareas escolares, en las reuniones, en las charlas, en las ceremonias, y si tienen acceso material a libros e internet, buena comida, pasaje. Terminó aquel prototipo de estudiante que, sin cuaderno y sin acompañamiento, tenía buenas notas. Las condiciones materiales de acceso a una educación no traumática se han ido por las nubes. La diferencia de alfabetización entre la gente que tiene acceso a esas condiciones y la que no es una zanja profunda. Pero la idea que quería compartir con ustedes es que, amén de esta diferencia ostensible, evidente, amén de las condiciones cada vez más angustiantes en las que padres y madres acompañan el proceso escolar, seguimos enviando a la escuela a nuestras criaturas como si las enviáramos a una catequesis. La escuela es un lugar, o debería serlo, técnico científico, no moral religioso. Para todo esto, lo repito, tenemos las familias y las iglesias.
Foto Paraguay.com

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