El pervertido Gobierno de Donald Trump puso al descubierto muchos de los males que causaron la decadencia y caída del Imperio Romano

Por Alberto Alderete

Nunca en tan breve tiempo un gobierno corrupto como el del presidente estadounidense Donald Trump, ha dejado al descubierto, sino el inicio, el avanzado estado de debilitamiento y descomposición de las instituciones republicanas, de sus líderes políticos y de los valores éticos de una parte importante de su sociedad, que pueden causar la decadencia y el fin del liderazgo mundial de los Estados Unidos. Con las reservas pertinentes, sólo hay que agregarle el declive económico a esos factores, para completar  las causas más importantes mque llevaron a la decadencia y la caída del imperio romano que culminó en el año 476 d.C. . Dos hechos son calificados paradigmáticos indicadores de esa decadencia. Por un lado, la descarada acusación falsa de fraude electoral por parte del Presidente, compartida por  casi la totalidad de los parlamentarios del partido republicano y  la totalidad de los adherentes de dicho partido, y, por otro, el consecuente  asalto y toma del capitolio (sede del congreso) por extremistas republicanos,  hechos que guardaban en sus entrañas un indisimulado intento de auto golpe de estado.

Donald Trump no sólo intentó someter sino que sometió a su arbitrio personal al congreso nacional, la fiscalía general,  la política exterior, a una parte (no se sabe aún cuanta parte) de las FFAA y de la Policía, intentó someter a la Corte Suprema de Justicia designando a sus adherentes,  a una parte de la prensa, agrediendo y amenazando constantemente a los medios que no se habían sometido a sus caprichos. No se exageraría si se dijera que si ganaba las elecciones o si triunfaba su intento de golpe de estado, Trump habría conducido a los Estados Unidos hacia una dictadura. Su práctica racista y discriminatoria, su discurso agresivo “patriótico”, su política internacional belicista, el amplio apoyo del partido republicano y de los grupos extremistas violentos de ultra derecha, se parecían mucho a los hechos y situaciones que vivió Alemania y que llevaron al poder a Adolf Hitler.

A esos  dos indicadores señalados más arriba, hay que agregar otro hecho que no tiene que ver con las causas de la decadencia norteamericana, pero sí con la democracia: el significativo debilitamiento de la influencia de la prensa en la sociedad norteamericana, que denunció y desnudó el autoritarismo, la corrupción, la mentira y el envilecimiento de las instituciones por parte de Trump, pero con relativa incidencia en comparación con décadas anteriores.

Roma fue la ciudad estado fundada en el siglo VII A.C. y  una potencia mundial política, militar, económica y cultural que dominó toda Europa Occidental y el mediterráneo por cinco siglos, desde el siglo I al siglo V d.C. Tuvo tres sistemas de gobierno, la Monarquía desde su fundación en 753 a.C. hasta 509 d.C.; la República desde 510 hasta 27 a.C. y el Imperio desde 27 a.C. hasta el 4 de setiembre del año 476 d.C., en que cae definitivamente con la derrota militar y la dimisión del último emperador romano Rómulo Augustulo, por Flavio Odoacro.

Entre las causas de la decadencia y caída del Imperio Romano y su dominación se suelen citar : la corrupción de los gobernantes lo que causó la desmoralización y pérdida de respeto del pueblo a sus autoridades, la pérdida de los valores morales, el envilecimiento del senado por parte de los emperadores, la incompetencia y el abuso de los emperadores, las luchas internas por el poder, el alto gasto militar, la economía en declive y la presión constante de los pueblos bárbaros no dominados por Roma.

Ciertamente  Estados Unidos sigue siendo la primera potencia mundial económica, política, militar y tecnológica, pero la economía puede corroerse si no está sustentada por un sistema político sólido, creíble, por instituciones fuertes,  transparentes, que despierten la confianza de los ciudadanos. Sin embargo,  el gobierno de Trump dejó al descubierto un debilitamiento del congreso nacional, de las FFAA, de su administración de justicia, de la policía, de la fiscalía general del estado, un envilecimiento de la presidencia de la república, líderes políticos del partido republicano apoyando el perverso sistema de Trump. Pero también y lo más peligroso: la mitad de los electores norteamericanos no creen en sus sistemas institucionales de elección; una desconfianza creciente de importantes sectores de la ciudadanía hacia sus autoridades, alimentadas por Trump y grupos extremistas de derecha y conspiracionistas; un arraigado racismo que se manifiesta en agresiones, violencias y asesinatos cometidos por policías y grupos terroristas domésticos, glorificados por el ex presidente Trump y los republicanos.

Todo lo señalado constituye un potente coctel que si no se rectifica, puede llevar a la decadencia y caída de la primera potencia mundial. Sin embargo, no existe un sistema político, económico y social de nivel mundial que pueda constituirse en una alternativa al sistema norteamericano, por lo que es incalculable hacia donde puede conducir dicha caída, en caso de que sucediera.

China, la segunda potencia económica y militar, no es una alternativa que pueda constituir un peligro en caso de un derrumbe de Estados Unidos, porque su economía descansa en un sistema político dictatorial, que no es socialista sino capitalista, conducido por el estado. Y como sistema político no tiene futuro, su derrumbe es sólo cuestión de tiempo. Su desmoronamiento y extinción no será consecuencia de una derrota militar extranjera, sino producto de una implosión interna de su pueblo, el mismo que ha causado el hundimiento y extinción de la Unión Soviética y de los regímenes dictatoriales de Europa del Este. Pero aún en caso de derrumbe del sistema político chino y su reemplazo por un sistema democrático, su economía y desarrollo tecnológico no sólo pueden conservarse sino que pueden ser más eficaces y desarrollados.

Además, en caso del fin del dominio estadounidense, se encuentran otras potencias mundiales aunque de menor nivel como Japón, Alemania, Francia y los países europeos. Tal vez podría conducir hacia un mundo más multipolar.

Puede parecer tosco hacer una comparación entre la Roma antigua y las repúblicas de nuestro tiempo. Sin embargo, siempre nos sentimos conminados a comparar los hechos que llevaron al fin del Imperio romano con los hechos que se repiten hoy día. Tal vez porque el dominio mundial de los Estados Unidos se parece mucho al dominio que ejerció Roma en la antigüedad. Sin embargo, hay que aprender de la historia, ella ofrece, además de conocimientos, lecciones buenas y malas. Veremos cómo se desarrolla la grave y peligrosa crisis política, institucional, social, cultural y ciudadana de los Estados Unidos, aunque se ve que no será fácil su superación.

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