El otro es, existe, no necesita mi aprobación

Las sociedades modernas contemporáneas son las que más han desarrollado los sistemas de control social. El principal reducto de la dominación es el cuerpo. El disciplinamiento del cuerpo como sujeto objeto de dominación fue esencial en la consolidación del feudalismo. Ubicar a la mujer como parte de la propiedad del señor feudal, como los animales y las tierras, y al servicio de éste, utilizando armas y biblias, elevó a los señores feudales a la cúspide de la organización social y en el reino de lo alto, lo inalcanzable, al que se debían atención, pleitesía y lisonjas.
En el tiempo, en el pobrerío convertido en siervos ingresó este esquema como desarrollo residual y legitimador. También los pobres nos sentíamos «amos» en nuestro pequeño territorio, y por lo tanto, también exigíamos que «nuestras mujeres» nos rindan pleitesía, nos sirvan.
En el desarrollo del primer capitalismo industrial este ropaje moral de la organización social le sirvió un montón para legitimarse, manteniendo el gobierno y la dirección para el hombre y la administración de lo íntimo, lo familiar, a la mujer.
Las mujeres hacían el trabajo producir, cuidar y mantener el ejército de empleados que el nuevo orden necesitaba y el hombre participaba de lo público, de las asambleas, de las reuniones, de los organismos de control y dirección del Estado, las empresas y de las iglesias.
Por mucho tiempo, la producción de mercancías dentro de la era capitalista se organizó para satisfacer las demandas de las familias. Se producían objetos de hierro y otro metales que duraban muchísimo tiempo y eran familiares, desde las ollas de hierro, los instrumentos de trabajo hasta las heladeras, los coches, televisores…En ese desarrollo, sin embargo, ya existían exigencias propias del orden de ocupar mano de obra de la mujer varios planos de la producción, siendo la hilandería la que en un primer momento concentró miles y miles de trabajadoras en el sector industrial.de los países plenamente capìtalistas.
Esta emergencia de la mujer en lo público, fuera de sus casas, como sujetos de trabajo en serie, generó desórdenes sociales casi del mismo peso como los generados durante la imposición en Europa del Imperio Sacro Romano a través de la caza de brujas. Sujetos más subordinados que los hombres, cobraban menos, trabajaban más horas. Las tareas del hogar seguían siendo deberes inexcusables de las mujeres. En ese primer período, también la violencia sistémica golpeó con mayor saña a las mujeres, ya que ocupar el espacio público, caminar las calles, tomarse una cerveza en los bares, reunirse en plazas, eran una profunda interpelación a los antiguos dueños del espacio público.
Miles de luchas protagonizaron las trabajadoras y sus organizaciones en el campo del derecho civil, para ejercer el derecho del voto, para conquistar el permiso de maternidad, acceder a los colegios, a las universidades, y otras necesidades muy básicas y elementales, pero siempre con diferencias enormes entre los países centrales del capitalismo y las periferias.
De unos cuarenta años a esta parte, en su faceta denominada neoliberal, una nueva oleada de la civilización capitalista viene destruyendo matricialmente las bases morales de dominación del feudalismo y las primeras eras del capitalismo. Esta era necesita que cada uno, sin importar sexo, raza, religión, nos convirtamos en sujetos de consumo y propiedad. Sujetos individuales de propiedad, del celular, del plasma, del auto y de la casa. Así como las antiguas companys ya habían desarrollado capital y tecnología suficientes para dominar el comercio y la producción de bienes sin la necesidad de los antiguos estados gendarmes, así también al nuevo orden le da exactamente lo mismo que seas mujer, hombre, bi, hétero, negro, amarillo, mestizo, blanco. Nos necesita a todos laburando incansablemente para acceder a los bienes materiales de muy corta duración instalados como una necesidad inapelable.
Sos en cuanto tenés bienes personales.
Esta era de la civilización capitalista provoca un escenario de devastación de la naturaleza, de ruptura con las comunidades clánicas que sobrevivieron a las anteriores etapas del capitalismo global y mete en una tremenda crisis al patriarcado, su antiguo ropaje. Es en este escenario que los sujetos sociales más vulnerables sufren un tipo especial de violencia, entre ellos la mujer, que ha dejado o está dejando de ser «mi propiedad».

Comentarios

.
Sin comentarios

Déjanos tu opinión

.
Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.