El guaraní en el castellano

De un buen tiempo a esta parte, los paraguayos, cuando hablamos en castellano, decimos: chutó por la pared, arrimó la silla por la mesa, anda por su cabeza. Nosotros no arrimamos la silla a la mesa ni chutamos contra o a la pared. Lo hacemos por. Esa omnipresencia de la preposición por la traemos del guaraní re: pare-re, mesa- re, muralla-re. También, de un tiempo a esta parte, el término para nos acompaña en todos nuestros escritos y diálogos fuera de la ley. Compró para su auto, en vez de compró un auto; consiguió para su novio, en vez de consiguió un novio. Sin cerrarse a otras posibilidades, este uso del para nos llega, por un lado, del râ guaraní. Dos ejemplos: Ojogua icoche râ,  Ojogua ijuguete râ .

Nos encontramos muy seguros de hablar en regla al ubicarnos desde nuestro idioma fuerte, esencial: el guaraní.

El guaraní ha vulnerado el castellano en Paraguay a su antojo. Desde su vientre ordena, designa modos, no solo en las terminaciones, interjecciones, preposiciones, sino en su estructura general. Por eso decimos muy naturalmente “voy y vuelvo” o “voy a ir a volver”. Jamás se nos ocurriría decir “volveré”, “retornaré”.

El voy y vuelvo lo traemos, indefectiblemente, de aháta aju, y, en contexto general, de los tiempos más laxos del mundo rural. En el mundo rural el movimiento tiene otro ritmo. El ritmo de la cosecha, de la siembra, de las lluvias, del barro, de las noches estrelladas. Este ritmo impone, por ejemplo, que los paraguayos “vayamos pensando en traer las cosas” y no que “pensemos en traer las cosas”. Estiramos naturalmente todo cuando decimos “estoy caminando hacia vos”, sustituyendo a la parca y directa frase “camino hacia vos”. “Estoy pensando hina en vos” parece más poderoso, un pensamiento continuo, en vez de “pienso en vos”. Ni hablemos de los piko, niko, ra’e, ningo, mi, mina, “qué pio lo que pasa, que pio lo que tiene, soy paraguayo y qué”, parafraseando a Ulises Silva.

El guaraní es un chico retobado que se lleva muy mal con el papel y las instituciones. Al igual que otros idiomas, acopla naturalmente los nombres de las cosas nuevas así como vienen. Cuando los conquistadores trajeron la vaca, la azada, el machete y la carreta nuestra gente no se rompió la cabeza para denominarlos de otra manera. Acopló con algunas variantes. Por ejemplo vaká, cochô (colchón) y cosas así. “Detalle, he’i Roberto Carlos”. Así siguió con los demás tiempos civilizatorios. Recordemos que quienes dominan la tecnología del tiempo,  dominan los nombres. Los castellanistas deben estar muy preocupados ahora con la codificación, a veces criptica, del lenguaje cibernético e informático en inglés.

El guaraní vive, con una vitalidad asombrosa, lejos de las instituciones. Domina lo coloquial, lo informal con una fuerza abrasadora. Inunda el castellano de ritmo, salidas, giros.

Por eso, en las escuelas, con el modelo institucional de enseñanza, se repliega, estornuda, iñaka nundu. Se lo enseña, como se enseña el castellano, desde una mirada civilizatoria europea colonial. El guaraní es juguetón, informal, brutal a veces para “retar” y producir py’aro. Un modelo taller, con mucha interacción, frases cortas, diálogos, le vendría muy bien en la enseñanza de su escritura. También al castellano.

Pero lo que realmente les vendría muy bien al guaraní y al castellano en Paraguay es que finalmente derrotemos, de raíz, el antiguo modelo de acumulación que vomita pobres y humilla. Derrotarla para liberar toda la fuerza creadora de nuestro pueblo. Y que la polca del asfalto abrace nuestros sueños. Amén.

Comentarios

.
Sin comentarios

Déjanos tu opinión

.
Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.