El día que mataron a Santiago

Por Lupe Galiano

El periodismo te deja muchas huellas en el alma. Una de las tantas marcas dolorosas es el asesinato de Santiago Leguizamón.

Recuerdo ese día con la nitidez que solo da el presente. Empiezo a dar mis primeros pasos en el oficio en un reabierto diario abc Color, donde todo es alegría y esperanza, después de cinco años de estar clausurado y 34 años de oscuridad para el Paraguay. La Redacción está a tope, con las charlas, las carcajadas, las diferentes emisoras de radio dando noticias diversas desde distintos receptores. El ruido se interrumpe con la voz fuerte y clara de Esteban Acevedo: “Le mataron a Santiago Leguizamón en Pedro Juan”. A los pocos segundos de silencio, le sigue la conmoción. Los comentarios, las preguntas crecen, confusas, sin orden: “Sicarios, parece que habló demás, quién es, siempre pasa informes por Ñandutí, es el dueño de radio Mburucuyá, era mi compañero en la Católica, estamos desprotegidos, mi mamá no quiere luego que sea periodista”. El murmullo es incesante. Intento captar las conversaciones para saber más. Me acerco a los corros de los más viejos y me voy enterando.

Uno de los secretarios de redacción pone orden y comienza la distribución del trabajo: Fulano, llamá a la Policía; Mengano, buscá a los familiares; Zutano, buscá la biografía, hasta que escucho mi nombre. Tomá, desgrabá su último programa. Me asusto. Desgrabar te lleva horas y al final no resulta tan gratificante como llamar a fuentes e investigar, pero me pongo manos a la obra, en forma casi automática, hasta que escucho la frase que luego se volverá inmortal: “Prefiero la muerte física a la muerte ética”. Me largo a llorar, de tristeza, de impotencia, de miedo ante el futuro que me espera como periodista, de idealismo acumulado en mis cortos 20 años de vida.

Pasaron 30 años de aquel 26 de abril, Día del Periodista. En 30 años aprendí que el periodismo no es para blandengues incapaces de resistir tantas miserias humanas, que el periodismo no es para corruptos a quienes no les importa la muerte ética, que el periodismo es alienarse de información, que el periodismo es un diario comenzar de nuevo, con esperanza.

Pasaron 30 años. En 30 años seguimos esperando que se esclarezca el crimen, que se condene a los asesinos, que se acabe la impunidad.

Pasaron 30 años, 30 años de soñar con el nuevo Paraguay.

 

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