El dengue de taquito

Por Julio Benegas Vidallet

El dengue en nuestro país ya es adulto de más de 20 años. Es peludo, tiene barba. Como anda también entre basurales, aguas servidas, ya le han caído varios dientes como les pasa a nuestra gente pobre.
Hasta ahora, los médicos te dicen exactamente lo mismo: mucha agua y paracetamol para la fiebre. El resto es resistencia popular, como desde hace 150 años. Hoja de mamón, horchata, jugo de remolacha, cedrón, burrito.
Hace 20 años, y toda la publicidad se concentra todavía en limpiar los criaderos de mosquitos. No hay estudio de qué hace la hoja del mamón en el cuerpo ni qué otras hierbas podrían aumentar la resistencia. De la recuperación de nuestros territorios que antes fueron bosques ni hablemos.Y de las vacunas, uy.
Como los muy pobres, estos mosquitos viven en basurales, a orillas de desechos cloacales y en zonas bajas e inundables, y la mierda la arrastran consigo mismo por todas partes
Como además las casas abandonadas esperan el dinero narco para ser vendidas o que termine la interminable sucesión, el sendero propuesto, el de los criaderos limpios, la campaña contra el mosquito tiene para rato, y muchas publicitarias que trabajan para el Estado y para corporaciones «buena onda» tendrán trabajo para rato.
El dengue ha venido a habitarrnos, como se habita Cateura y desechos cloacales o nos rebuscamos en la basura para sobrevivir.
Así como del campo nos expulsan de las mejores tierras para que pasten los tiernos animalitos o crezca esa hermosa semilla transgénica, de sus bosques -sin los bosques- también expulsan a estos mosquitos. Y estos mosquitos, habitantes de bosques, nos acompañan en esos senderos fangosos, baldíos oscuros, neumáticos abandonados por callejas nada cool. Viven la misma mutación que nosotros. Che nda chei.
Nos expulsan de territorios altos, donde habitábamos en los lugares más aptos, y nos metemos en las periferias, entre residuos, estrés, angustia y kanguero crónicos.
El dengue nos habita como nos habita el indio tapado con hilachas en el zaguán de nadie, esa familia hacinada con su guaraní y su pobreza en campos de refugiados, cerca de los canales de desechos. Nos habita. El dengue es nuestra identidad suburbana que se expande por todo el país.
Su fiebre es la fiebre de este país donde se fabrica miseria y luego llama «puerca» a la gente que la habitamos.
Así como le llaman «haraganes» a los campesinos que exigen tierras, así como le llaman «bandidos» a los que ocupan tierras para conseguir una vivienda.
Así, de taquito, este podercito de mierda, ruin y ombligocéntrico, se despacha, como luego se despacha contra la gente que «usa demasiado» la electricidad o por qué gua’u te endeudás «si no podés pagar».
Así, de taquito, el dengue nos habitará por mucho tiempo más.

 

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