El cartismo manicomial: más de lo mismo

Un gobierno coherente… ¿Pero coherente por qué?

Por Agustín Barúa Caffarena

Fotografía de Rodrigo Collins

Una noticia de prensa avisó ayer que “el hospital psiquiátrico habilitará un nuevo y moderno sector para la atención de pacientes en fase aguda, construido y adecuado a la altura de las nuevas exigencias en psiquiatría moderna y bajo estándares internacionales”.

Así, pensar salud es pensar derechos, inclusión, participación, o sea: pensar lo político. Por eso es importante debatir este gobierno caracterizado por la agudización de la desigualdad y la concentración de la riqueza y de los privilegios, las políticas sociales caritativistas y asistencialistas, y el auge de las prácticas represivas. Decía una panelista en el pasado XIV Congreso latinoamericano de medicina social y salud colectiva (ALAMES) en Asunción “el ministerio de salud debería ser el ministerio de hacienda”. La salud pasa por la complejidad de la existencia, no es solo medicación y hospitales.

Lo manicomial

Pensamos lo manicomial como esa forma de entender el sufrimiento psíquico donde se separa tajantemente:

Por un lado, la locura que allí se entiende como sin valor ni sentido ni legitimidad alguna, pegada a la idea de peligrosidad que debe ser encerrada.

Por otro, un saber que se considera irrefutable por “científico”, que construye instituciones de control y encierro funcionales a la necesidad de disciplinar a la heterogeneidad humana a una forma única (expansión del diagnóstico psiquiátrico) y a las lógicas capitalistas (sometimiento al trabajo explotado, mercantilización del sentir y del ser, sinergia con los intereses de las empresas farmacéuticas).

“Las nuevas exigencias en psiquiatría moderna y bajo estándares internacionales”: Desglosando lo manicomial

¿Cuál es el desacuerdo con esta “inauguración”? ¿Acaso no es una “ampliación de la oferta de salud para la población”? Queremos discutirlo a través de lo que entendemos como componentes de lo manicomial.

1-Estigmatización: Los hospitales monovalentes psiquiátricos (donde existe una sola especialidad médica) tienen una fuerza simbólica aterradora: marcan a la gente; así como las cárceles y ser “preso kue”, una persona aquí pierde su confiabilidad. ¿Quién no se alteraría en una sociedad tan prejuiciosa como la nuestra si la persona que acabamos de conocer en una fiesta nos cuenta que estuve “dos veces internada en el Neuro”?

2-Encierro: responder al sufrimiento psíquico con reclusión, con lugares que acaban siendo depósitos humanos[1] habla más de nuestra comodidad (como profesionales, y como sociedad) para no pensar salidas complejas, locales, heterogéneas que no desarraiguen. Es violencia depositar toda la marginación por locura en quienes trabajan en estas instituciones.

3-Institucionalización: reducir la vida de una persona a burocracia institucional de horarios, tareas y roles niega la complejidad de lo humano: el deseo, el caos, el misterio, la incertidumbre, la libertad, la curiosidad, la espontaneidad. Decía una vez un residente del hospital psiquiátrico “las enfermeras de mi sala [de internación] me quieren porque mi sala siempre está tranquila”… sin duda que no siempre necesitamos la tranquilidad, a veces hace falta alguien que acompañe mi grito, mi insomnio, mi patada y que no pretenda borrarla con un inyectable o una sala de seguridad. En internaciones domiciliarias trabajando en comunidades bañadenses vimos que es posible en esta misma ciudad trabajar con cuidado y no confundir esto exclusivamente con custodia.

4-Discriminación: decía una estudiante de psicología visitando el hospital psiquiátrico “Sentí que estaba en un zoológico”; promover una medicina diferenciada para “pobres” y otra para “ricos” sin un sistema único de salud, facilita la venta de la privacidad que en nuestro contexto donde uno siente toda la libertad de quejarse de un dolor en la rodilla pero debe callarse por vergüenza si quiere matarse (sumándole, al sufrimiento, el aislamiento) es una prenda muy codiciada.

Cuando trabajaba como médico de urgencias del hospital psiquiátrico si me preguntaban “¿Qué es lo que más ven aquí?” hubiera respondido trastorno psicótico crónico agudizado, trastorno psicótico agudo, bipolarismo con episodio maniaco con síntomas psicóticos, depresión con riesgo suicida  severo. Al ir a trabajar a los bañados de Asunción la respuesta fue siendo otra: desigualdad social, machismo, adultocentrismo, discriminación territorial (“zonas rojas”). Cambió el lugar pero también cambió la mirada.

5-Biologicismo: reducir lo humano a lo neuroquímico y a la genética (cuestiones sin duda que hacen parte de él) es desechar todo lo otro humano: los vínculos, los sueños, los afectos, la imaginación, la cultura, la economía, la vecindad, la economía, lo espiritual, lo político, lo cotidiano, los sentidos, el lenguaje. Es suponer -como decía Marcelo Perciahablando del sufrimiento del personal de enfermería en una institución psiquiátrica- que éste sólo está para “el ale-ale-ile (cambiale, bajale, subile)”[2].

6-Mercantilismo: que sale en los intereses económicosvelados, detrás desostener una privatización como “únicos especialistas en salud mental” a la psiquiatría y a la psicología sin reconocer que cada quien somos sujetos de sabiduría y de sanidad; detrás de no querer perder los beneficios de pasajes y hotelería para viajes a congresos o auspicios para eventos académicos dados por los laboratorios farmacéuticos.

Pero retomemos la coherencia señalada: estas 6 cuestiones de lo manicomial (estigmatización, encierro, discriminación, institucionalización, biologicismo, mercantilismo) ¿No se ven también en cómo trata este gobierno al campesinado empobrecido y sus demandas ante el latifundio y los privilegios al sector sojero y ganadero?¿O a los pueblos originarios? ¿O al estudiantado secundario y universitario? Y así podríamos seguir.

Ya hace 26 años (1990) en la Declaración de Caracas[3] la Organización Mundial de la Salud (OMS) asumió que las políticas de salud mental deben ser “modelos alternativos centrados en la comunidad y dentro de sus redes sociales”(Atención Primaria de Salud)[4].

El hospital psiquiátrico concentra más del 60% de los recursos del presupuesto en salud mental (precarísimo en sí) dentro del presupuesto total del ministerio (a la vez claramente insuficiente en general). No es sólo que mientras existan instituciones de encierro y depósito vamos a seguir pensando en el “Llévenle nomás al Neuro” como solución, sino que el presupuesto seguirá ahí capturado.

Ni “psiquiatría moderna” ni estándares internacionales”, el cartismo es honda coherencia de discriminación, encierro y lucro, también en salud mental.

Notas de pie:

[1] Un médico joven se quejaba de que “las familias abandonan a sus familiares en el hospital”. Y si bien ciertamente sucede, mientras sigamos ofreciendo instituciones – depósito seguiremos validando y promoviendo estas prácticas de expulsión social.

[2]Cáceres, C., &Ciriani, M. (1998). Salud y subjetividad: capacitación con enfermeras y enfermeros en un psiquiátrico. In Salud y subjetividad: capacitación con enfermeras y enfermeros en un psiquiátrico. Palabra Gráfica.

[3]Rodríguez, J., & González, R. (2007). La reforma de los servicios de salud mental: 15 años después de la Declaración de Caracas.

[4]Sólo un ejemplo en mayo del 2012 habíamos acordado en el Ministerio de Salud, crear tres equipos de salud mental territorial para los bañados (Sur, Tacumbu, Norte); estos tenían una composición sensibles al territorio: a más de sus componentes habituales (psicología, trabajo social, psicopedagogía) se sumaban otras identidades profesionales (tallerista en arte, tallerista en deporte, abogada sensible políticamente a la discriminación, antropóloga). Esto fue barrido por el golpe de estado un mes después.

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