Dios es «capitalista y blanco»

Por Carlos Verón de Astrada

Las clases dominantes no sólo se mueven para mantener y/o aumentar la tasa de ganancia, sino para mantener la desigualdad.

Los gobiernos progresistas en América Latina en general, y en particular en Bolivia, no disminuyeron la tasa de ganancia del empresariado y, hasta pudieron en algunos casos hacerla aumentar.
Pero lo que resulta insoportable para los sectores históricamente privilegiados en América Latina, es ver una modificación en la estructura social, que supone una movilidad social ante el achicamiento de las desigualdades.

Por una subjetividad muy consolidada, las clases dominantes necesitan de la desigualdad para existir, porque necesitan sentirse privilegiadas. Una sociedad sin desigualdad les resulta insoportable.

El peruano José Carlos Mariátegui fue el primer y hasta ahora el mejor teórico social latinoamericano. Este gran intelectual entendió que la explotación no se limitaba a la clásica contradicción en América Latina de los postulados clásicos de la izquierda, sino que en la relación social de explotación, había o mejor, sigue habiendo, un fuerte componente racial.

En el caso de Bolivia, como en ninguna secuencia de su historia, se han superado las desigualdades, deviniendo en una movilidad social inédita. Por primera vez se vio en este último decenio que un gran sector de la población indígena accedió a espacios que siempre le estuvieron negados. Bolivia es un país con 62% de población indígena y el 38% restante fue el que siempre determinó la vida social del país andino, y por supuesto los ámbitos de decisión del Estado . Hubo un Pdte. (Gonzalo Sánchez de Lozada) que dada su larga estadía en EEUU adonde fue a estudiar y trabajar, tenía un marcado acento norteamericano y dificultades con el español.

La religión como recurso ideológico de dominación

Esa imposibilidad por parte de la minoritaria población blanca asentada en el este del país, principalmente en Santa Cruz, se puso claramente de manifiesto cuando la hoy irregular y autoproclamada presidenta de Bolivia, siendo parlamentaria, haya afirmado que “los indios no deben estar en las ciudades y deben vivir en el Chaco”. Esa es la expresión de un sector de la población boliviana que por el color de su piel, por un designio de Dios, tiene derecho a la ciudad y por supuesto a las coberturas básicas para una vida digna: educación, salud, vivienda y un poder de consumo para ubicarse en la franja de clase media.
Este “sentido común” enraizado durante siglos, que es el sentido común de la dominación en toda América, incluyendo América del norte, necesitaba encontrar un marco referencial para justificarse por efecto de un designio trascendente. Es entonces cuando se apela a la religión. Y la religión es la cristiana, pero principalmente la evangélica, inspirada en la teoría de Max Weber que estableció una relación directa entre la emergencia del protestantismo y la justificación ideológica del capitalismo.

Es entonces que el gran empresariado norteamericano destina grandes cantidades de recursos, en la creación y promoción de iglesias evangélicas que hoy proliferan en la región.
Las iglesias evangélicas en los últimos 30 años, fueron sacando progresivamente gran cantidad de fieles a la iglesia católica. Eso con un muy buen marketing, y porque esas iglesias ofrecen prerrogativas a sus fieles que están vedadas por la iglesia católica. Por ejemplo la posibilidad de divorciarse sin restricción.

La función política y geopolítica de las iglesias cristianas

Notablemente estas iglesias cristianas o sus miembros a las que adhieren también católicos de corrientes conservadoras, apoyan con gran entusiasmo al régimen del sionismo en el gobierno de Israel. Un régimen que hoy constituye el actual eje de dominación occidental con EEUU y el gobierno cipayo de Jair Bolsonaro en Brasil. La victoria de este gobernante se logró con el desembozado apoyo de poderosas iglesias evangélicas del Brasil. Desde los púlpitos o tarimas de predicación se hablaba y se sigue hablando de que el sistema de dominación capitalista blanco, es un designio de Dios. Y como en esta parte del planeta, todavía padecemos los resabios medievales que nos impusieron los conquistadores, el trabajo para afianzar ese religioso sentido común excluyente prende con gran facilidad.
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Todo esto confirma la importancia que le dio otro gran pensador, el italiano Antonio Gramsci, al trabajo ideológico para revertir el vigente, en función de un proceso de cambio. Cambio que está frenado por fuerzas públicas que fueron formadas en el norte para el control social físico, pero además por un fuerte trabajo ideológico, viabilizado hoy por la religión.

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