Derrotar al patrón latifundista

Por Julio Benegas Vidallet

Ahora mismo, en este mismo momento, un niño y un joven, con el torso desnudo y los pies descalzos duermen en el zaguán del Cine Cosmos abandonado. Ahora mismo, esa gente que fue expulsada de sus tierras se apegan al pegamento y al chespie.

Ahora mismo que siguen robando nuestras tierras, replegándonos hacia humedales, riberas y casas desechas,

Ahora mismo que los sojales en manos de la infanteria de colonos brasileros rodean más de doscientas escuelitas «paraguayas»

Pero estos escenarios no forman parte de la discusión sobre historia en el país en las escuelas, en los colegios ni en las discusiones sobre documentos que aparecen o desaparecen de antes de la guerra

Hoy nuestro país está convertido en punto de tráfico de drogas, armas, combustibles, cigarrillos. Un tráfico del que se abastece un gran corredor en el continente americano y Europa. Este corredor produce un capital incuantificable que rompe cualquier posibilidad de competencia. Hoy el sur y el noreste del país, en unas 3.500.000 de hectáreas se plantan semillas transgénicas. Para esto talan todo y contaminan arroyos, ríos, humedales. En esas tierras, los colonos brasileros mandan como los antiguos coroneles, ahora en sus feroces 4 por 4.

El 90 por ciento de las mejores tierras del país está concentrado en haciendas de ganaderos y narcoganaderos y sojeros.

Al Estado nación que se construyó durante el periodo independiente, basado en la igualdad de acceso a la tierra, tanto para alimentacón de consumo como para producir pequeña renta, y basado luego en el proceso de industrialización del país, se lo exterminó. En ningún momento de la historia post Guerra Grande pudimos combatir y mucho menos derrotar la entrega de nuestras tierras y nuestra soberanía primero a los coroneles y luego a los facendeiros, a la banca inglesa, a la de Río y Buenos Aires, en su momento, y la yanqui por ahora.

En nuestro pueblo se consolidan la desigualdad y la hegemonía de lo brutal y de lo enajenante y se consolida la marginalidad en la acción política y en la afirmación narciza, intranscendente, de una supuesta elite.

Parar el avance narcosojero y redistribuir la tierra para asegurar alimentos buenos e industrias sanas, deberían ser un eje inapelabe en la agenda política popular. Pero para eso debemos derrotar en nuestro propio ser el espíritu marginal en la acción política y el narcisismo intrascendente de la supuesta elite que discute si López era un héroe o un villano. Y claro, derrotar al patrón latifundista.

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