Del Poncho Juru a la Carretilla

Como presidente de la República Fernando Lugo había reivindicado una posición de centro político. Cuando lo hizo pronunció una histórica frase: “mbytetepe poncho juruicha” (en el mismísimo centro, como boca de poncho). La realidad le demostró la inexistencia del centro con un Golpe Parlamentario y la traición de su ex-aliado, el Partido Liberal Radical Auténtico.

El nombre serio de la política planteada por Lugo en ese entonces fue “Plan Tricolor”. Algo que empezó a caminar con las alianzas que fue tejiendo en el poder. Era fácil identificar a los aliados, colorados, liberales y progresistas.

Sin necesidad de ahondar sobre el actuar de sus aliados azules y colorados, se puede afirmar con seguridad que quien estuvo con él hasta el final fue la izquierda. Ese grupo de partidos que pasó de ser Espacio Unitario – Congreso Popular a Fuerzas Democráticas Progresistas y que finalmente se convirtió en Frente Guasu.

En las elecciones del 2013 Lugo encabezó el proyecto electoral del Frente Guasu como candidato a senador. Llevó como bandera el rechazó a quienes perpetraron el Golpe de junio de 2012. Y como principal figura, la coalición lo eligió presidente del Frente.

Ya con Horacio Cartes en el poder, el FG se mostró como el bloque parlamentario de oposición más sólido y coherente. Encaminó su labor con solvencia, posicionamientos claros y frontales al proyecto del Poder Ejecutivo. Sin embargo, algo era llamativo. Por momentos tuvo posiciones que chocaron con el ex obispo. Muy llamativo. El ancla de las contradicciones puede situarse en lo afirmado a la Agencia EFE, en una entrevista de junio de 2014: “No soy de izquierda ni quiero serlo”.

Con condescendencia podría hablarse de una muestra de ingratitud con el grupo de organizaciones que lo sostuvo en los momentos más difíciles. No se supo de mayores conflictos internos en el FG y siguió como presidente de una declarada Concertación de Organizaciones Políticas de Izquierda.

Con relación a los Bonos Soberanos el expresidente dijo: “Cuántos hubiéramos querido tener 1.000 millones de dólares. Cualquier presidente creo que lo envidiaría”. Opinión diametralmente opuesta al pronunciamiento de la coalición: Cartes “multiplicó el endeudamiento del país con unos bonos cínicamente denominado ‘soberanos’ a un porcentaje de interés altísimo y renunciando –escandalosamente- por escrito a la inmunidad de la soberanía de nuestro país ante cualquier conflicto que se genere con los tenedores de bonos, alineándose a los tribunales de Nueva York y de los EEUU.”

En ese momento era lógico preguntarse si Lugo discutía inmanente estos temas o simplemente empezaba a comportarse como “Carretilla”.

En Paraguay llamamos popularmente “Carretilla” a quien hace exactamente lo que se le ocurre, sin oír consejos ni someterse a decisiones colectivas. El motivo es que esta herramienta tiene una rueda en la parte frontal, que le permite moverse. Es decir, para andar requiere solo de su cabeza. En guaraní esto se resume sabiamente con el dicho popular (ñe’enga): “oiko iñakare”. Literalmente: “anda por su cabeza”.

A partir de estas situaciones es en verdad muy improbable que Lugo haya dejado de ser presidente del Frente Guasu simplemente para ejercer sus labores parlamentarias y acercarse a la gente a través los “´ñemongueta guasu” (grandes charlas). La realidad demostró que el senador Lugo fue para donde quiso cuando quiso. Válido pues será él y solo él quien decida qué rumbo seguir, como buena “Carretilla”.

Lo preocupante del asunto, para el golpeado espectro de fuerzas progresistas, es que la resurrección del “Plan Tricolor” puede suponer de nuevo el tejido de alianzas con organizaciones y figuras de la política tradicional que demostraron, una y otra vez, su desinterés hacia las grandes mayorías empobrecidas, por no hablar de sus traiciones.

A esto se suma que el camino que emprende Lugo puede representar un boicot a la Construcción del Congreso Democrático del Pueblo (CDP), que busca ser una herramienta de resistencia a las políticas antinacionales y antipopulares del gobierno de Cartes, y que tiene como miembro al Frente Guasu.

La construcción del CDP se muestra como un proyecto colectivo que puede llevar más tiempo y trabajo, pero se planta sobre la realidad de las organizaciones que buscan construir un mejor futuro. Un proyecto electoral que busca integrar a los viejos actores de la política tradicional, como mínimo, debe inspirar una sana desconfianza.

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