De políticos y actores: El coronavirus

Por Miguel Caballero

Como primer ejercicio de control civil coordinado a escala global, el fenómeno resplandece por su éxito. Incluso aquí, donde el aborto y otros dengues, según dicen, mata anualmente mucha más gente que la hipermediática peste, el flamante protagonista de la pandemia se ganó las primeras planas de todos los medios, en menos de lo que habría precisado la campaña mejor financiada, para concitar la atención y el interés del público no en una república bananera, sino en todo el mundo.

Podemos seguir con el cuento humanista de que el hambre mata más personas por segundo. Coincidiremos también en que esto último afecta especialmente a niños y ancianos. Lo que no podemos ignorar es lo que significa para nuestra condición de pueblos libres – y nótese aquí que la definición de este concepto es crucial-, toda esta trama de información digital que, empezando con el reconocimiento facial de las cámaras de vigilancia pública, e incluyendo la lectura de nuestros principales signos vitales a través de dispositivos igualmente digitales, podrá informar incluso las características de nuestro ADN, lo que hemos comido o bebido y absolutamente todos los lugares donde hemos estado. A quién ya es harina de otro costal. El hecho es que la movida nos incluye a todos, en una escena que al nivel de la participación ciudadana, ya tiene matices que nos recuerdan a las urgencias de la Segunda Guerra Mundial.

No sólo estamos dispuestos a cuidarnos nosotros mismos para defendernos del flagelo: también estamos dispuestos a flagelar al que infrinja las reglas. No importa que nadie sepa si después de sufrir el virus se gana la inmunidad, ni si se puede ser portador sano, ni si la vacuna llegará algún día, a nosotros o al alcance de nuestros bolsillos. Vamos a denunciar a quien rompa la cuarentena con todo el peso de la Ley, porque en este caso, esa es la forma de cuidarnos. Y por supuesto, la gran masa de los medios no va a comentarnos de ninguna manera que, en el otro caso, vale decir, en el de las consecuencias que esto ha tenido, tiene y tendrá, hay una caja de pandora que quedará abierta.

Los políticos hacen. Los actores dicen. La simpleza aparente esconde un “ya tu sabes”: los primeros no son el origen de las órdenes, del mismo modo que los segundos no lo son de que las creas. De todos modos, para uno es más fácil leer el diario o ver el noticiero que ponerse a pensar: ¿A dónde nos están llevando los cambios exigidos por la situación? Es aquí donde el silencio será la única respuesta al nivel mediático, más allá de la estadística, el consabido quédate en casa, lávate las manos y un breve compendio de pequeñas acciones y actitudes que superan vergonzosamente los límites de la mojigatería.

Mientras tanto la situación generada está barriendo a la pequeña y mediana empresa, inaugurando a nivel mundial un mercado exclusivo para los grandes pulpos trasnacionales. El control sobre la población, a su vez, ha superado los límites no solo de la intimidad, sino también los de la ciencia ficción, una vez que cualquiera puede obtener absolutamente toda la información que hace a la vida entera de cada uno en instantes, desde cualquier punto del mapa. Sin dudas, buscando usted puede encontrar audio y sonido de la última vez que hizo pipí en el jardín.

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