Cuando la Salud Mental se llama Medicina Generalista

Por Agustín Barúa Caffarena1

La ciencia se equivoca tantas veces como el saber común.

Paul Feyerabenb

De sólo leer el lema del XXXIV Congreso Argentino de Medicina general, Equipos de salud y encuentros con la comunidad (San Miguel de Tucumán, 15 al 18 de noviembre del 2019) organizado por la Federación Argentina de Medicina (FAMG): “Complejidades en salud: Formación, responsabilidad y política para fortalecer los lazos sociales”, ya nace una curiosidad para el mundo psico.

Lo que nos enlaza, de alguna manera nos constituye como sujetos: trama sentidos, genera encuentros, valida diferencias.

Durante la presentación de trabajos científicos del área temática de Salud mental (área que decían es la primera vez que se abre) la mitad de los trabajos versaban sobre uso cuidadoso de psicofármacos: desde Santa Fé trajeron cifras de que el 16,3 % de la población argentina adulta alguna vez usó benzodiacepinas o que su indicación aún sigue siendo mayoritariamente prescripta de manera crónica (y no por semanas) y como monoterapia (y no acompañada por otro fármaco no adictivo). La otra mitad de los trabajos fueron sobre el desgaste laboral de trabajadores de salud; una estudiante de medicina de Mar del plata señalaba de estudios que constataron que los daños psicológicos producidos durante la formación de grado le produce a lxs profesionales daños a futuro y les afecta negativamente para el vínculo con pacientes.

A partir de todo esto (un lema congresal afín, el sufrimiento mental de trabajadores vinculado a lo institucional, conflictos a partir de abordajes terapéuticos biologicistas), me preguntaba si ¿Cuál es el lugar de la salud mental en el mundo de la Medicina generalista?, ¿Cuán presente está la salud mental en lo que produce cotidianamente la Medicina General sin ser nombrada ni reconocida como tal?

Aquí van algunas escenas que lo cuentan a partir de 4 nociones psi centrales: vínculos, singularidad, cuidados, sensibilidad.

  1. ¿Hasta cuándo vamos a seguir acompañando la vida de las personas con un sistema perverso y burocrático de turnos?”: Cuidados.

“TOC, TOC ¿Doctora… tiene un segundito?”. Subjetividades en juego ante una demanda que no para: Así se llamó el trabajo presentado por Assmann, Astegiano y Schenone (San Martín).

Lo iniciaron con un audio de voces con pedidos, preguntas, comentarios, cada vez más rápidos, e intercalados con el “toc – toc” de las puertas, que nos llenó de vértigo y angustia.

Invitaron a que trabajemos todo lo que se dispara en torno a los golpes constantes en la puerta (en el caso de ellas) de la Residencia médica sobre todo, intentando dar cabida a lo que resulta invisibilizado, a lo que no tiene cabida.

Algunas frases que surgieron en la reflexión colectiva: “¡Abramos la puerta con cara de generalistas! (sonrisa que fue cuestionada en tanto pose del médico copado)”. “A mi ego le encanta sentirse necesario”. “La cantidad de cosas que tiene que resolver la gente con nuestro sello”. “Es más fácil decir que sí, porque está el reproche, está el enojo [de otras Personas: pacientes, colegas, administrativxs]. Es más difícil decir que no”. “Sufrí la puerta” [Una ex residente recordando]. “No decir que no: Transformarlo en alternativa”. Incluso un chiste habilitante “Para mi es cambiar la puerta de madera por una puerta de tela”.

Volviendo al título del inicio de este primer apartado, recalcamos la interpelación de una participante de la actividad: “¿Cuánta rebeldía, cuantas frustraciones y cuanto malestar necesitamos acumular para cambiar la lógica de turnos en nuestras instituciones sanitarias que tanto (nos) descuidan?”.

  1. La participación es el corazón de APS”: Subjvetividad.

Esto afirmaba, Juan Flores, quien junto a Quijano, Albornoz y Escudero (San Luis) compartieron un taller titulado “¿De qué hablamos cuando hablamos de abordajes comunitarios en salud?”.

A través de escenas cotidianas sobre lo participativo en salud comunitaria, fue tomando nitidez la necesidad de habilitar la multiplicidad de voces, de hacer procesos colectivos, de validar lo histórico, finalmente de entender que eso singular de cada voz, eso que es creación desde la particularidad, es lo que le da un valor ético político a nuestras propuestas.

“Participación” es el nombre comunitario territorial que permite el subjetivar los procesos: en vez de quedar capturadxs por nombres universales (“diagnósticos”) o a cifras estadísticas vaciadas. Paula Cabrera entiende la subjetividad como los “modos de pensar, sentir y hacer constitutivos —internalizados, incorporados— a la vez que constituyentes, tanto a nivel individual como social”.

Una participante trajo dos citas de Lucho, un humilde y recorrido militante cordobés, experiencias que ilustran esta apertura a una salud que se construye desde los sujetos:
“La participación comunitaria es como un micro: a veces va lleno, a veces a la mitad, a veces está solo el chofer: hay que entender los pulsos de la participación”.

“[Dirigiéndose a estudiantes en la universidad] Ustedes leen libros escritos por gente que tiene la vida resulta: Por eso vengo a hablarles”.

Tan central que cerraron enfatizando que es el grado de participación el que define a un abordaje como comunitario.

  1. Parece que tenía más peso el Ministro de Turismo que el de Salud: Claro, hay un negocio atrás”: Sensibilidad.

Un momento absolutamente desgarrador fue el relato de Facundo Quinteros, vecino de Epuyen (Chubut) hablando de una epidemia de hantavirus entre finales del 2018 e inicio de este año.

El hantavirus, dice la O.P.S., es una enfermedad que puede transmitirse entre animales y seres humanos, transmitida por roedores, incluidos ratones y ratas. Se caracteriza por presentar síntomas de fiebre, mialgia y afecciones gastrointestinales, seguidas de un inicio repentino de dificultad respiratoria e hipotensión. La forma clínica más común en la región es el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, que puede conducir a la muerte

Facundo narró lenta y sentidamente la muerte de su suegro, luego de su esposa, luego la de su cuñada, que fueron parte de las 11 personas (junto con otras 34 que se contagiaron) en una comunidad de 3000 personas.

Con la voz quebrada criticó a las autoridades locales porque no advirtieron del riesgo de contagio persona – persona, porque ocultaron la situación movidos por intereses económicos de la temporada turística. Repitió indignado lo que (le) habrían dicho: “El turismo puede venir tranquilo”, “Se está autolimitando el brote”, “No hay problema”.

Su dolor me trajo los tiempos de estudiante de medicina donde un insulto habitual era “sensible”, en tanto lo que se entendía como inadecuado, innecesario, “no médico”.

Al oír los testimonios de Facundo y luego de Fabiola Salerno (infectada sobreviviente de hantavirosis) me vino que importante sería que estos relatos “no médicos” puedan oírse en todas las escuelas de medicina del mundo para que no sigamos depreciando lo sensible, eso que nos permite darnos cuenta de lo que sentimos – pensamos – hacemos, facilitando lo reflexivo.

  1. El trabajo en salud implica una interacción subjetiva y un lazo social”: Vínculos.

Hay algo de lo impune en el cientificismo, lo mencionaba Alicia Stolkiner (Universidad de Buenos Aires) cuando recalcaba en su conferencia que “en nombre del conocimiento científico se puede intervenir en el otro y en su comportamiento”.

Fragmentar, reducir, son operaciones que traicionan la complejidad de los temas que pretendemos comprender. Stolkiner lo ejemplificaba preguntándose si porque se estudian anatomía y fisiología separadas, un año la estructura y al año siguiente la función. Decía que eso ya está cambiando en la UAM Xochimilco donde se da en primer año ambas integradas. O reivindicando que la interdisciplina –una noción muy trabajada por ella- nace de lo incontrolable, de la indisciplina de los problemas actuales.

Esta resistencia, este rechazo, a pensar – entre, sostiene el sinsentido de una humanidad cada vez más agotada en enfrentamientos, competencias y descalificaciones.

1 Psiquiatra de Atención Primaria de Salud. Antropólogo social. Psicodramatista. Investigador de la Universidad Nacional de Pilar. Integrante del colectivo Noimbai, de ALAMES – Paraguay, de la Sociedad Paraguaya de Psiquiatría y del Foro Permanente de Salud mental.

Comentarios

.
Sin comentarios

Déjanos tu opinión

.
Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.