Contra la demolición de las casas antiguas de Guarambaré

Este pequeño punto en el universo: Guarambaré. La ciudad en que nací, por pura casualidad cósmica (o causalidad particular), fuente de amores y odios encontrados. Atrapada en medio de las rutas 1 y Acceso sur, la ‘modernización’ chatarra propia de la primera década del 2000 en el Departamento Central se tardó en llegar a esta ciudad. Los centros urbanos de Capiatá y J. Augusto Saldívar de un lado, Ñemby y Ypané del otro, se atestaban de cartelería, surgían negocios de todas las ofertas, comida, ropa, aparecían cibers, cabinas telefónicas, supermercados y estaciones de servicio. En Guarambaré la primera década del 2000 se vio marcada por el crecimiento demográfico: más de 10 asentamientos surgieron en ese tiempo y los pobladores de esos territorios irrumpieron en la ciudad como nuevos habitantes, discriminados, en primer momento, los habitantes ‘no auténticamente’ guarambareños, marcados soterradamente por los guarambareños de nacimiento como la otredad, lo distinto, un punto de análisis que puede profundizarse pero se indica aquí como un dato descriptivo más.
Si, la relación emocional con mi ciudad natal es contradictoria, en parte de odio, en parte de amor. No quiero profundizar en los porqués ahora. Cuando nombro a mi ciudad natal en Asunción, pocas son las personas que la conocen. Para los habitantes de Central, sin embargo, los 8 de setiembre significan una de las fiestas bailables más importantes, junto con las de las fiestas patronales de Yaguarón, de Itá. Cuando, por una inusual casualidad, la persona a la que refiero ser nativa de Guarambaré conoce la ciudad, la expresión repetida que escucho es ‘¡es una ciudad tan linda!’, y más allá de que me resultaba grato, en su momento, la falta de actualización de la ciudad en la ‘modernización’ creciente de sus vecinos, no podía entender, de buenas a primeras, qué veían de ‘lindo’ en la ciudad. Entonces estas personas, siempre, se referían a las casas antiguas. Y era cierto, era cierto, un encanto de la ciudad eran las casas antiguas.
Pero la historia no paró en la primera década del 2000, la marea de ‘modernidad’ llegó, finalmente, a la ciudad del takuare’ê. Primero fue el casco urbano. En un año desaparecieron como 4 edificios antiguos del centro. El llamado Bar Central, que ya no era tal pero se lo nombraba igual, fue reemplazado por un supermercado. Apareció el primer “shopping” en lugar de otro edificio antiguo, un mini súper en el lugar de otro. Y así, la estética edilicia sin gracia de la ‘modernidad’ que nos toca vivir en el departamento Central llegó, tarde pero segura, a esta ciudad.
Últimamente es noticia que los dueños del mismo supermercado que se instalara en el lugar del Bar Central van echando, mañosa y lentamente, lo que queda de una de las estructuras antiguas de la ciudad que cuenta con una rica historia y que está, como si sirviera de alguna protección, declarada como Patrimonio cultural de la ciudad. Una cooperativa, la más conocida de la ciudad, acaba también de demoler una estructura antigua en un predio que adquiriera hace unos años, frente a su local. Mientras, las autoridades municipales se lavan las manos declarando que no tienen la potestad de intervenir. Y si ellos no la tienen ¿quién puede parar este atropello contra el patrimonio cultural e histórico de esta pequeña ciudad?
Les comento a los guarambareños y guarambareñas que lleguen a leer este escrito, que lo que recuerda la gente de otras ciudades de nuestro valle son sus casas antiguas. Y así, para reforzar el contradictorio sentimiento de amor y odio que siento por esta, mi ciudad natal, sufro la pérdida de cada edificio antiguo como un duelo más.
Uno de los delitos se consuma cada vez más, a la vista de todos. En la semana terminaron de demoler la parte de atrás del edificio declarado Patrimonio cultural, ubicado en las calles Tte. Leandro Pineda y Tte. Nicasio Insaurralde. Los pobladores y pobladoras venían denunciando en las redes la lenta demolición del edificio. Ahora, la vista ofrece lugar a un estacionamiento.
Es momento de que las autoridades municipales tomen medidas. Todavía queda patrimonio edilicio por resguardar.

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