Con muchísima plata el oficialismo colorado se impuso sin mayor resistencia

“Nde vyroitereíma va’erâ reho haguâ revota plata’yrê, ndevyroitereíma va’erâ”, sentencia Sinfo, durante un partido de damas en la Plaza de la Libertad. Nadie se anima a cuestionarle. En las elecciones que fuera a votar por Horacio Cartes él y su familia habían ganado G. 500.000. “Una semana roje surti supermercado-gui”, había dicho aquella vez, ufanado.

“Partido Colorado ha Partido Liberal, peteîcha o monda”, recrea La Rata, una de sus frases predilectas, cubierto por un delantal de Senete. Don Cabañas, el cafetero, se calla. Algo de indignidad siente él, un antiguo poblador de Itauguá, jefe de un clan familiar liberal.

“Ha upéichane hína. Upéichane”, murmulla. “Che ndahamoái voi avota”, asume despacio, mirando a nadie.

Es sábado, 25 de junio, de sol intenso y aire limpio en la capital del país. Marcelo, el zapatero, y sus amigos de la Chaca hacen hurras a Arnaldo Samaniego y al “Gral. y al único líder Alfredo Stroessner”.

Nada se puede hacer sin dinero. “Regana haguâ elección, heta nde plata va’erâ”, asume un antiguo operador de Bañado Sur.

Luego de la derrota en el 2008, el Partido Colorado, lejos de asumir una crisis de representación y formas de representación, apeló al hombre dinero. Apareció el hombre que en su vida todo lo resolvía con dinero. A falta de la administración central del Estado, apareció el gran patrón.

Si en este partido ya venía resolviéndose casi todas las cosas con dinero, y mucho, con esta refundación sobre la base de mucho, muchísimo dinero, hizo metástasis. Esta adicción de resolver todo con dinero, y solamente con dinero, extendió, como un gran imperio, la idea de que con muchísima plata se puede comprar todo, absolutamente todo.

Esta idea hecha carne manejó el pulso del gran electorado paraguayo al interior del Partido Colorado, y en menor medida, del Partido Liberal Radical Auténtico. El resto, marginal, no más del 10%, se manejó como pudo.

El divorcio entre los procesos electorales y las demandas del pueblo se ha ensanchado sobremanera. Una cosa es la demanda social y otra cosa el proceso electoral. Van, en la conciencia común, por cuerdas separadas. Existe una creencia implícita de que el proceso electoral es una mentira, un engaño, organizado para que todo siga igual. Y que, por lo tanto, “nde tavyetereíma va’erâ la revotáramo plata’yrê”, según asegura Sinfo. Seguramente se habrá ganado unos pesos para el supermercado.

Con tanta plata, el oficialismo liderado por Horacio Cartes se impuso, como era de esperar, en la mayor parte del país, con su candidato a la presidencia del Partido Colorado, Pedro Alliana, hijo de Rubén Alliana, piloto aviador.

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