Con la Covid-19 no estamos todos en el mismo barco

Por Karen Quintana

A diario, desde el inicio de la cuarentena, escuchamos en la radio, lo vemos en televisión y nos recuerdan en las tareas de los niños, la importancia absoluta  de lavarse las manos, mantener la higiene y quedarse en casa para no contagiarse.

¿Realmente creen ustedes que estamos en el mismo barco, como insisten en hacernos creer?

Les doy tan solo un ejemplo de que la pobreza es la principal causa de los males y las enfermedades que matan a nuestros pueblos. En Pilar existe una comunidad que se llama barrio Ecológico 1. En un sector 60 personas almuerzan mediante la olla popular gestionada íntegramente por mujeres. Pero estas mujeres no solo se encargan de asegurar la comida sino también deben encargarse de recolectar agua potable. Justamente la pobreza les priva ese derecho. La conexión domiciliaria cuesta alrededor de G. 900 mil. Un monto imposible de alcanzar.

Doña Matilde, vecina del barrio, contó: “Rojapo la olla popular ko situación roaguanta haguã, porque heta la mitã, la mitã ndoha’ãrõkuaai. Entre vecinos rojekolavora ha rojogua la so’o”.

Las tareas escolares las realizan los niños solos. La mayoría de las madres no saben leer ni escribir, según mencionó otra vecina.

Y entonces, ¿seguiremos creyendo en el cuento de que remamos todos juntos para salvarnos? Sin trabajo, sin tapabocas, sin alcohol para ‘neutralizar al covid’, aguantando frío y el hambre.

La única cura posible es la búsqueda de la justicia social.

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