Ciudad, ideología, idiosincrasia e identidad

Por Arq. Carlos Zárate

La ciudad, como cualquier acto u obra humana, es de constitución ideológica. Es decir, cada cosa que hagamos o dejemos de hacer en la ciudad que habitamos, de un modo u otro, responde a una idea, a una forma de ver y entender la realidad. Al mismo tiempo, es un espejo donde podemos vernos no solo como somos, sino también como fuimos y como queremos ser. Esta ideología (lo que pensamos, imaginamos, queremos) se concretiza de un modo específico en función a nuestra idiosincrasia, es decir, a cómo actuamos y reaccionamos frente a una situación o realidad. La idiosincrasia es uno de los componentes más importantes de la identidad.

Como no somos perfectos, nuestras ciudades tampoco lo son. Nos reconocemos en muchos de sus componentes, algunos nos complacen, otros no. Cosas que nos gustan, que nos enorgullecen, que nos llenan de nostalgia o de esperanza. Cosas que nos disgustan, que nos avergüenzan, que nos duelen o desaniman. No obstante, así como no somos perfectos, somos perfectibles. Es decir, tenemos la capacidad de ir cambiando para mejor. Claro está, siempre que sepamos qué es eso “mejor”, qué es lo que nos viene bien y qué rasgos tienden a perjudicarnos. Y ¿quién no querría eso?, ¿quién no quiere estar mejor, ser mejor?

Aquí es donde vuelve al tapete la ideología. Todos queremos un futuro mejor. Es lo que llamamos “progreso”. Pero ¿en qué consiste progresar? Esa, antes que cualquier otra, es la gran pregunta existencial de la Asunción contemporánea. Según algunos, es pasar a ser algo distinto, que reconozcamos como superior a nosotros. Según otros, es ser una versión mejorada de lo que somos. Posiciones encontradas que coinciden en un punto: para ambos grupos, progresar es no ser, en el futuro, tal cual somos hoy.

En las últimas semanas, surgió una polémica respecto a la existencia de un Plan Maestro para la zona del Puerto de Asunción. Un plan que, como cualquier otro, fue concebido con una idea específica de cómo hacer ciudad, con determinados objetivos y expectativas, es decir, un plan que lleva implícita una ideología.

A partir de la presentación de este Plan Maestro, las aguas se dividieron en dos (a favor y en contra del mismo) y hasta la fecha, el único punto de coincidencia en ambos grupos está en la necesidad de revitalizar ese sector altamente degradado de la ciudad. Por un lado, los promotores del Plan hablan de las ventajas del alto flujo de personas, de inyectar dinero a la economía formal, de mejorar la eficiencia de las oficinas públicas, de ofrecer una imagen moderna e internacional. Por el otro lado, están los que cuestionan la falta de participación de actores locales, la falta de estudios de impacto ambiental y cultural, el tamaño de la infraestructura y la alta concentración de personas y vehículos, la desconsideración hacia valores patrimoniales y de identidad del sector y la lectura e interpretación que tiene el gobierno sobre las necesidades reales de la ciudad y sus habitantes.

Por ello creo oportuno puntualizar estos tópicos que hacen tanto a la esencia de Asunción como a la del Plan que se quiere implementar, planteando algunas reflexiones que contribuyan a vislumbrar escenarios futuros y posibilidades para la ciudad:

Mirador de la Loma San Jerónimo: Foto: karuguasu.com.

Mirador de la Loma San Jerónimo: Foto: karuguasu.com.

En términos de idiosincrasia, ¿qué rasgos buenos del carácter de Asunción rescata este Plan Maestro?, ¿qué nuevos rasgos propone? No parece tratarse de una propuesta solidaria, tolerante de la diversidad, ni equitativa. Espacios públicos que, cuando no son de mero tránsito, son para el ocio consumista, dirigidos a un sector socioeconómico determinado. Espacios privados que serán ocupados por grandes marcas (multinacionales en mayoría) en el caso de las oficinas y por la clase alta asuncena en el caso de los apartamentos y viviendas, que  disfrutará de las magníficas vistas a la bahía que desde San Jerónimo se perderán. Si a esto agregamos la poca vocación de interconexión y diálogo espacial con el entorno inmediato (que en cuanto a vialidad promete interminables embotellamientos), tenemos una propuesta que oscila entre la torpeza, el egoísmo y la agresividad.

En términos de identidad, ¿qué elementos apreciables rescata, potencia y aporta este Plan Maestro? Con su aire miaminesco o puertomaderesco, escoge una estrategia que apenas la convertirá en una ciudad más del montón internacional que ha adoptado la estrategia de ceder las áreas portuarias para goce de las élites y contemplación pasiva del resto, estrategia nada novedosa, por cierto. Por lo demás, presenta poco o ningún interés en ser parte de la ciudad, ningunea de forma grosera al barrio Rodríguez de Francia y a la loma San Jerónimo, con la misma facilidad con que ignora su propia historia. Nada que cuente el rol del puerto en la conformación de la ciudad a lo largo de siglos o el rol de la desaparecida (pero recuperable) Plazoleta del Puerto. Con la flamante etiqueta de Capital Verde Iberoamericana, tampoco nada hace suponer que la vegetación tendrá tratamiento relevante. El Plan Maestro del Puerto de Asunción parece contentarse con que el capital privado y especulativo sea el que proponga los símbolos que representen los casi quinientos años de historia de la segunda capital más antigua del continente.

Finalmente, en términos ideológicos, ¿qué criterios, ideas y valores promueve este Plan Maestro?, ¿qué modelo de ciudad propone? Según la representante del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), el criterio para seleccionar superficies y ubicaciones estuvo pautado por el interés del sector privado, lo que explica el porqué tendrá reservado el 90% del suelo y explica también el porqué el 10% destinado al sector público quedará en la porción menos favorable. Por otro lado, se trata de un Plan que increíblemente no cuenta con evaluación de impacto ambiental y cultural, pero sí con un estudio de factibilidad económica. Si a esto agregamos el dato de que más del 15% de la población asuncena está asentada en terrenos inundables (porcentaje vergonzoso para una capital), resulta notable que el gobierno considere como prioridad para un endeudamiento de cien millones de dólares el generar condiciones para que las grandes élites económicas continúen con su proceso de acumulación y desbalance en la distribución de oportunidades.

En resumen, desde esta óptica, se trata de un Plan Maestro que promueve un modelo de ciudad excluyente, ajena a su propia identidad y la de sus habitantes. Una forma de hacer política por parte del Estado basada en la claudicación de responsabilidades con los ciudadanos y con la cosa pública, así como la claudicación de soberanía a favor del ente prestamista (que ha impuesto el propio Plan Maestro) y del capital privado (que administrará el 90% del territorio con contratos base de hasta treinta años, prorrogables).

Este Plan Maestro sugiere que los asuncenos somos egoístas, irresponsables, faltos de creatividad para resolver problemas y codiciosos, dispuestos a rifar lo mejor que tenemos a cambio de algunas monedas. La pregunta es: ¿queremos que nos vean así?

 *Docente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA). czarate@arq.una.py

Comentarios

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1 Comentario
  • Avatar
    RAMON RECALDE
    Posted at 09:21h, 01 junio Responder

    LO PEOR ES QUE NO SE HISO UN ESTUDIO DE «RELACIÓN PUERTO-CIUDAD CIUDAD-PUERTO

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