Carta de los migrantes a los jóvenes presos por defender un Paraguay digno

Querida Vivian,
Queridos Pedro y Luis
Vimos sus rostros en periódicos y redes sociales, vimos los grilletes aprisionando sus muñecas como si fueran delincuentes, escuchamos sus voces altivas y valientes detrás de las rejas a donde les arrojó la obscena narco-injusticia que reina en nuestro país. Pero sus miradas firmes y dulces nos convencieron de que ese engendro agoniza y que las llamas del cambio recorren ya las calles y los campos.
Tienen razón: los narcoparias y su partido oficial se metieron con la generación equivocada.
No importan nuestros nombres o desde que país escribimos, somos parte de esos cientos de miles de paraguayos y paraguayas que un día salimos de una terminal de ómnibus o del aeropuerto Silvio Pettirossi, con el corazón en un puño, dejando tierra, amigos y familia para ir en busca de las oportunidades negadas en nuestro propio país. El poder mafioso que rige los destinos del Paraguay escupe a sus habitantes lejos de sus fronteras y no contentos incluso luego vienen a insultarnos en nuestros países de acogida. Esa narcoestancia en que convirtieron nuestro país, en el que las vacas y los sojales importan más que la salud y la vida de la población, ahora encarcela a sus mejores hijos e hijas como en tiempos dictatoriales.
En otras tierras, enfrentando xenofobia, explotación y nostalgia, en un hueco cálido de nuestros corazones late otra patria que estos infames no podrán arrebatarnos jamás, esa misma que brilla en los ojos de ustedes, esa por la que lucharon y ofrecieron sus vidas tantos otros y otras antes que ustedes; esa cuyo fulgor resplandece en cada intervención que hacen.
Quisieron amedrentarles, quisieron el escarmiento, pero no hicieron más que avivar el fuego que recorre una sociedad harta de saqueos e injusticia. Como dijo Pedro, los corruptos que gobiernan no tienen cárceles y cerrojos lo suficientemente grandes y fuertes para encerrar las ansias de justicia del país honesto.
La historia quiso que los 3 encarnen hoy las movilizaciones del hartazgo contra la miseria, la enfermedad y la corrupción en el Paraguay, sus rostros y sus voces representan la voluntad de cambio de todo un país. Es una responsabilidad muy grande para sus años jóvenes, pero con cada palabra y gesto que nos llega desde sus lugares de reclusión nos muestran que están preparados. Como si toda esta infamia no les tomara por sorpresa, nos preguntamos cómo hacen para que este torbellino de sensaciones, angustias e incertidumbres no les cercene la lucidez y la hondura reflexiva. Es probable que no logren dimensionarlo desde ese cotidiano injusto del encarcelamiento, pero sus palabras vuelan por el mundo y nos sostienen, nos levantan, nos sublevan, nos llenan de orgullo y dignidad. ¡Gracias!
Sepan que no están solos, que no les vamos a abandonar porque son nuestra patria soñada. Ese país que aman y con el que sueñan es el nuestro. En cada comunidad de paraguayos/as migrantes les hemos adoptado como hijos propios, porque lo son.
Queremos que sientan nuestro afecto y solidaridad activa, aunque estemos lejos, no estamos ausentes, nos vamos organizando para que juntos logremos la libertad.
Fuerza y adelante Vivi, Pedro y Luis. Los queremos un mundo y vamos a vencer.

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