Bienvenido, señor Presidente

Hoy es un 15 de agosto. A diferencia de varios otros este se perfila gris, con un viento que se filtra por la puerta entreabierta y el agujero en la pared del último acondicionador de aire.

Hoy, Asunción, casi 500 años atrás, fue nombrada como tal. En tierras de arroyos, rìos, agricultura de cuñas de madera y piedra, comenzaba el Sacro Imperio Romano a plantar los cimientos de su civilización judeocristiana. En la semana hubo lindas en la ciudad y hubo cosas horribles.

En esta ciudad lo verde, el olor del jazmín y las flores del tajy juegan contra cartas marcadas por el hollín, la especulación inmboliliaria y una clase media y alta que cree que los pobres, todos, o casi todos, somos peligrosos subversivos de su hermoso orden.

Las tradiciones se cumplirán, las misas, las paradas militares y es probable que las sinfonías de Josè Asunción Flores rescaten del alma adormecida alguna que otra luz de esperanza. Hoy asume un nuevo presidente. Habrá movilizaciones que no pasarán los cordones de seguridad. Se consagrará, finalmente, esta absurda mentira de que tendremos un nuevo presidente de “todos los paraguayos”.

El nuevo presidente, Mario Abdo Benítez, hijo de Mario Abdo Benítez, secretario privado de Alfredo Stroessner, asumirá con el voto del 25 por ciento de la población electoral. Es decir, de cada cuatro personas en edad de votar, una persona le votó a él. El resto votó otra cosa, votó nulo, votó blanco o no fue a votar en las últimas elecciones. Pero aun ese cuarto de la población electoral está en entredicho ya que lo precedieron encuestas infladas, bocas de urna adulteradas, conteo rápido manipulado y, finalmente, miles de actas modificadas en todos los cargos en disputa.
En los actos oficiales esto no se dirá. Se dirán cosas muy lindas y escucharemos a “nuestro” nuevo presidente algunas frases de entre las cuales, la televisión, las radios y los diarios rescatarán, casi con seguridad, “gobernaré para todos los paraguayos” y como está medio de moda ser inclusivo o inclusiva es probable que se cuele en el mensaje “paraguayas”. No faltarán luego las recurrentes «hay que darle tiempo» o tener fe y cosas por el estilo.
Fuera del telón grandilocuente, de burbujas fosforescentes, Mario Abdo Benítez asumirá un país con el 90 por ciento de las tierras en manos del tres por ciento de la población, un país que escupe a familias campesinas y las embute en ciudades hollín, ansiedad y súper explotación, un país que, en los últimos seis años, se endeudó con los bancos de Nueva York por alrededor de 3.500 millones de dólares, liberó 20 variedades de semillas transgénicas que usan esos venenos que deforman criaturas y producen cáncer, un país que liberó todos los ríos fronterizos para el tráfico de drogas duras, cigarrillos y armas. Un país devastado por la exclusión y la acumulación escandalosa en esos tres por ciento de la población que se apoderó de las mejores tierras de este país, las desforestó y las mantiene como territorio de dominación casi feudal.
En ese escenario de súper acumulación, de híper explotación y de exclusión, de vez cuando nos quitamos algunas pulgas como José María Ibáñez. Nos manifestamos, con la cobertura de las corporaciones mediáticas, contra engendros del modelo que, según las corporaciones, siempre son los políticos, fichas de un tablero cambiables o reciclables. Aun con estos intentos de revalidar el régimen, en las pasadas elecciones solo fue a votar el 60 por ciento de la población electoral, y de toda la población electoral, solo el 25 por ciento votó por Mario Abdo Benítez. Algo pasa en el país, con nuestra gente, algo decimos sin decir.
Qué que nos espera con este gobierno, nos hemos preguntado en estos días. Más de lo mismo, exclusión, híper acumulación en las corporaciones financieras, en las inmobiliarias, en las telefonías de celulares, en la ganadería, en las drogas, en la soja, en los cigarrillos y mayor endeudamiento externo.

Una híper acumulación de capitales que, por lo menos desde el gobierno, no se discutirá ni siquiera en sus líneas más de centro: los impuestos. Ergo, no se repartirá en la base social, entre los trabajadores y sus emprendimientos, ni siquiera un porcentaje porotero de esas enormes ganancias
Seguiremos –o intentaremos hacerlo- endeudándonos, trabajaremos mucho más para pagar deudas, cruzaremos semáforos como zombies, mataremos, robaremos, alzaremos más murallas y a todos esos que queden afuera les gritaremos: haraganes, vagos. Y al llegar a la casa, luego de haber soportado tráficos de dos o tres horas por día, 10 a 12 horas de trabajo, prenderemos la televisión y dormiremos con chistes de colas, tetas, travestis y enanitos en Telembopi.
Bienvenido, señor Presidente. Pase usted, lo estábamos esperando.

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