Baja producción de soja y crisis económica.

Por Virgilio Cantero

Los siguientes párrafos son el resultado de un punteo rápido a modo de reflexión dirigido para mis ex alumnos universitarios que repiten acríticamente discursos y estereotipos que ocultan la realidad

Todas las cifras económicas que generalmente se mencionan a la hora de hablar del dinero que mueve la soja pertenecen al ámbito de la macroeconomía que por su naturaleza misma son cifras de carácter global en torno al rubro, si tuviésemos que desglosar estas altas cantidades de dinero nos daríamos cuenta que en su conjunto permanecen en el esfera de grandes capitales que sustentan el negocio financiero, inmobiliario o inversiones en paraísos fiscales, etc. con lo que podríamos concluir que hay una baja incidencia en la economía capilar, el de la calle el de día a día.

Las cifras macroeconómicas que repiten los economistas y los especialistas que defienden este modelo finalmente no llegan a la despensa del barrio ni generan transacciones importantes en el ámbito de la microeconomía, así también no inciden significativamente en la generación de empleos directos, formales y seguros, sino más bien empleos temporales e informales que no pasan de modelos “changueros” que como se sabe no pueden garantizar ni estabilizar la vida de un obrero.

También se menciona que se genera un movimiento económico importante en el ámbito de los camioneros (donde un alto porcentaje de la flota pertenece a empresas del rubro con choferes precarizados y otro sector de independientes, quizás los más formales, aunque también hablan de un pago muy bajo que reciben por km de flete) playeros, vendedores de alimentos, etc, lo que es innegable pero que en su conjunto constituyen trabajos informales que subsisten con o sin la soja.

Por otro lado, al ser la soja un commodity, no genera ningún valor agregado y por ende está a merced de las fluctuaciones y especulaciones de su precio en el mercado internacional, lo que para una economía no diversificada genera dependencia y el panorama de crisis, crisis que quieren hacernos creer nos afectará de manera global, aunque a la gente de a pie no le asusta ni le afecta ya que hace años viene pecheando y sobrellevando situaciones difíciles para no decir extremas.

El discurso de la crisis es para echar mano a recursos del estado para subsidiar sus pérdidas, subsidio que generalmente rechazan o critican cuando lo piden sectores del campesinado.

La crisis del sector y que afecta directamente al productor también es un indicador de la no previsibilidad del sector financiero que trabaja con el rubro ya que no existen fondos y seguros para estas contingencias, esto nos lleva a dos conclusiones; primero, el sector financiero no es más que un especulador enfocado en cobrar hipotecas leoninas con la complicidad de órganos reguladores, segundo, el estado no está interesado en asumir su rol contralor en esfera de los grandes especuladores.

No se trata de negar el movimiento económico que genera esta producción sino plantear un análisis de los elementos controversiales que generan división en la sociedad y por sobre todo instalar el debate que nos lleve a cambiar el modelo político y económico que sostiene este modelo que replanteado podría generar mucho más de lo que genera, dándose la tan necesaria justicia social en cuanto acceso universal a los bienes para una existencia digna

Finalmente, no se ataca al productor sino a los especuladores, a la concentración de la riqueza. Se ataca el modo de producción que atenta contra el medio ambiente y la vida misma, se ataca la política económica, financiera e impositiva, finalmente se ataca el modelo de producción capitalista que tiene la manía de destruir sus fuentes de riquezas, finalmente se ataca la hipocresía del discurso de un “Paraguay productivo” excluyente e insensible.

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