Asunción de mis amores (Poema)

Por Orlando Orué

Imagen de Fotociclo

Quien no canta en el ataúd no existe

El que no chupa la brisa

En la copa gigante de un póra

No se ha fertilizado

Ni jamás podrá enteramente respirar

Si no desgasta el mainumby con los ojos

De la bahía, del poema.

Oh Asunción

Despierta a todos con tus rayos ebanistas

El volcán de tu perfume

Abre ahora con bizarría ventanas

Y el siglo se embrolla en tu cuello

Como si una enredadera

Desparramara su fresca lozanía

o lanzara un arcoíris desgajado

Hacia una medianoche arrogante

Nadie nos cerrará la herida, lo sabemos,

Pero si estas lágrimas no te sirven Asunción

Al menos déjalas sobre tus apolillados pies

Por que las hormigas enloquezcan en ellas.

Y si acaso pensás que aún te engañan

Hundid tu espada en mi opiácea alma

Y verted las eternas llagas de tu sangre

Tonificando el cieno bajo el negro cilicio

Que en las noches como un exorcismo

Sacude las ramas de una solitaria higuera

Los versos nos atajan del pantalón sin previo aviso

Acribillándonos con inmaduros florones púrpuras

Y los veranos, oh Asunción, siempre han sido

Tercos conductores de pavorosa mendicidad

Y muchos nos hacemos cargo escribiendo

Porque sabemos que el Amor silbará

En los socavones tristes de un corazón

Alrededor de la plaza uruguaya

En la tierra que he de pisar

Siempre con abatidas hojas

A pesar de cargar un rancio féretro

Henchido de rosas, coplas y dalias

Por las calles que dan vueltas a los pies

Sin que ninguno de los bardos resulte herido

Por el oliváceo veneno de las horas

Estás como una paloma en el tejado Asunción

Aguardando el día en que alguien esparza su fumarola

Y aprenda a cantar a ninguna persona

Y en un horizonte plagado de cañones

Aparto caras con las espuelas del ocaso

Porque los héroes resucitaron ante el filo

De los yerbales azules que componen tu boca

Como un delirio que gime en las telarañas de tu garganta

En las sombras del cetro se encauzan las luces

Que zarpan del desmayo de tus hombros

Y ante el río Paraguay me quiebro

Bautizando una vieja gloria en el desierto

En este andurrial lacónico donde nos educamos

Poetizando estrellas que se arrugan por exceso de Encanto.

 

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