Ante la posibilidad de cambiar la matriz del estado colorado

Durante el gobierno de Alfredo Stroessner existían claramente tres fuerzas económicas que pugnaban, no entonces hegemonía, pero sí la ampliación de sus negocios.
Una de esas fuerzas era el propio Partido Colorado. A través del Partido la lucha era encarnizada por ocupar la presidencia y las comisiones directivas de las seccionales coloradas. Las seccionales eran las que administraban cargos, rubros y empleos en la Policía, en el Magisterio, en Salud, en el Poder Judicial. El poder de las seccionales era tal que los presidentes de importantes capitales departamentales (aunque los de Asunción se llevaban la mejor tajada) aseguraban directamente la consejería en alguna entidad pública: APAL, FLOMERPASA, BNF, BNT, ANTELCO…
Unas elecciones internas en las seccionales eran una guerra de escribanos, abogados, operadores, desde la instalación de mesas hasta el cierre.
La otra ala era el Ejército. Para depurar de elementos «subversivos» las Fuerzas Armadas y el país, , todos los generales y muchos coroneles fueron beneficiarios de tierras públicas. Se convirtieron en terratenientes, al igual que muchísimos dirigentes del Partido y «empresarios amigos» como los Riquelme, los Domínguez Dibb, los Bo, los Viveros Cartes, los Beldin… Hetaiterei ikuei.
El ejército era el encargado de cuidar las fronteras y por lo tanto era el encargado del tráfico de mercaderías. Este era el rubro principal entonces de enriquecimiento, a más de disponer arbitrariamente del presupuesto de soldados, los bienes y la mano de obra. Así aparecieron las mansiones de generales, coroneles e incluso capitanees, y de toda la línea que directamente trabajaba en control fronterizo y naviero.
Aduanas, Ejército, la Naval, y todo el sistema público amparando, protegiendo o promoviendo directamente el tráfico.
En este período, alrededor de los años 70, nace la gran burguesía local contemporánea, la que dejó muy atrás al clásico grupo de poder basado en la ganadería tradicional.
Un tercer grupo entró en disputa, aquel que un tiempo se lo denominó Los barones de Itaupu (Wasmosy, Faceti, Cubas Grau, Enzo de Debernardi), cuya base de acumulación se sostuvo en la instalación de empresas para licitar las obras de Itaupu y luego para extender sus maquinarias hacia otros sectores.
Durante Alfredo Stroessner estos grupos crecieron con la bendición del régimen hasta que empezó a quebrar su «unidad granítica» en la convención de 1987.
A la caída de Stroessner todos estos sectores buscaron perse ampliar sus fuerzas económicas, utilizando casi siempre al Partido Colorado como espacio de disputa principal.
Así la historia nos recuerda las guerras entre Argaña (ala partido), Wasmoy (ala barones de Itaipú), y luego Argaña Oviedo (ala tráfico ejército).
Cuando entró en colapso el esquema clientelar y prebendario tan bien trabajado durante décadas, el Partido Colorado fue derrotado en unas elecciones en el 2008. Al quedar sin el manejo de los fondos públicos, con Calé Galaverna a la cabeza, buscaron a un salvador providencial: Horacio Cartes. Todos se alinearon, aunque intentaron una farsa de interna con Zacarías Irún.
Recompuesto el partido en el gobierno (masacre campesina y golpe parlamentario expres de por medio en junio de 2012), el ala partido, el de los cargos y las licitaciones, encabezado esta vez por el hijo de Mario Abdo Benítez, secretario privado de Alfredo Stroessner, entró nuevamente en litigio con la otra ala, esta vez ya no a la cabeza un general o un coronel, si no uno que ya desde esas épocas sabía como blanquear dinero del tráfico y como hacer negocios con dólares preferenciales.
Hace unas semanas que el gobierno Mario Abdo parece haber entrado en crisis terminal y que su salvavidas lo tiene el gerente del otro grupo económico: Horacio Cartes.
En otras décadas, la grave crisis de estos sectores había terminado en la prisión de Lino Oviedo, el asesinato de Argaña y el Marzo paraguayo, 1999.
Son otros tiempos, otras formas del ejercicio del poder político. Hay que sumar y articular fuerzas radicalmente contestatarias para abrir una nueva brecha sin estos actores y grupos del Partido Colorado con tentáculos en otras agrupaciones y partidos.
Estos grupos ya solo buscan ampliar sus negocios. Es ya de una estupidez bestial creer que pueden dirigir procesos políticos pensando en políticas públicas.
Esa es la gran tarea. Abrir una brecha duradera, sostenible, para refundar el Estado paraguayo sobre otra matriz.
¿Se puede?
«Sí, se puede», nos dicen nuevas generaciones. Jaharei katu hese

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