Anecdotario vacuno

Todos conocen la expresión de “viajando como vacas”. Lo primero que se me viene a la mente son enormes transganados que no se acaban, olor a bosta y las cabezas y las colas, las cabezas y las colas… y me imagino que todos pensamos qué PUAJ! o qué WAKALA! cayendo en la obvia comparación. Cierto, es un bajón que te toquen la cola y es muy valiente el denunciar, pero el tipo ese con nombre y apellido no me interesa. Todos vimos también el video de Calé pero sus explicaciones, o lo que piensan las minas o los demás parlamentarios no me interesa.

Me interesa, y sobre todo me preocupa, que mis representantes (y desde el Congreso de mi país) se rían en mi cara haciendo vito con el dinero que muchos ganan todavía trabajando. Me preocupa la gente que apeligra su vida utilizando un transporte público en malas condiciones aceptando ser comparada con vacas, viajando cabezas con colas, sin hablarnos, colgados y a quien sabe cuánto por hora.

Y me preocupa esto porque significa que esa gente no se valora. Fiorella se valora, bien por ella. Aunque la mitad de nosotros quisieran tocar su cola y la otra mitad tenerla (ahí me incluyo). Me preocupa el precio del pasaje, que mi presidente me diga siempre que no va a subir y suba, y sobre todo que llamen empresarios del transporte a ladrones, contra los que incluso son innecesarias las pruebas.

Entonces, hago hoy otra vez la parada y me subo. Descubro que hay mucho más que preocupaciones y silencios incómodos, que antes y después de la gente están sus historias. Historias que viajan como vacas con nosotros, de colectivo en colectivo.

Viajando en la línea 30, de Luque a Asunción, a lado de un “Don” de más de 60 años, me encuentro una vez más sin poder callarme.

-Qué quilombo esto de la huelga.

-Sí, es muy triste -me dice y se calla.

-Me voy a traerle remedios a mi señora que está enfermita, y de paso a consultar porque ya estoy viejo -me cuenta.

-Me parece muy bien -le digo.

-Yo trabajé de chofer de línea 30 por más de 30 años y cuando me jubilé descubrí que apenas tenía 10 años de aporte.

Ahí justo tuve que bajarme.

Mucha suerte.

Gracias e igualmente.

Días después, y aun continuando la huelga vuelvo a casa, cansada como todos, a bordo de la línea 5. Única línea, por cierto, en la que es pecado mortal extraviar el boleto y cuyo itinerario puede llegar a marearte. Sobre todo por lo difícil que es conseguir asiento en horas pico. Ah, y si usted está embarazada o lleva un niño olvídese de hacerle la para porque 2 x 1 no acepta en esos horarios. Ese mismo día me despierto alarmada y pensando que me había pasado.

-¿Ya pasamos pio la curva de la matadería?

-No, cambió nomás su camino ahora -me dice un señor mientras forcejea intentando avanzar al fondo.

-No quieren que se pase más por ahí -me dice otro pasajero, no quieren tener problemas.

-¿Pero salen en Rosario? -pregunto al chofer, muy preocupada solo por mí y mi destino.

-Sí, señora, cuando termine la huelga vamos a ser otra vez todo normal.

-¿Problemas?

-¿Normal?

Así viajamos, queramos o no compartir nuestras historias, sin importar que seamos personas o vacas.

Comentarios

.
Sin comentarios

Déjanos tu opinión

.
Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.