Bicentenario de la Independencia: mirar 200 años atrás

El Paraguay celebrará en el 2011 el Bicentenario de su independencia de España. Estando cerca de los 200 años de aquellos sucesos del 14 y 15 de mayo, es oportuno preguntarse qué tan independiente es la nación paraguaya en el actual sistema del mundo capitalista. Los Festejos de Recordación del Bicentenario de la Independencia Nacional son un buen pretexto para la respuesta.

La memoria histórica es como un espejo donde miramos nuestro pasado. Espejo que nos proyecta hacia el futuro, de acuerdo a cómo vemos e interpretamos ese pasado. Esta es la intención de la invitación para recordar revisando los sucesos políticos y militares que desencadenaron las declaraciones de independencia de los países americanos del entonces Imperio Español: Mirar aquellos hitos ocurridos hace cerca de 200 años en el inconcluso proceso de independencia americana. Esa debería ser la consigna de los denominados Preparativos para los Festejos por la Conmemoración de Bicentenario de la Independencia del Paraguay, y de los demás países, desde México hasta Chile y Argentina. Estas recordaciones cumplirán la resolución acordada en la X Conferencia de Iberoamericana de Presidentes de Estado, realizada en noviembre de 2007, de la cual forman parte todos los países América Central y América del Sur. En nuestro país, el presidente Fernando Lugo y los presidentes del Poder Legislativo y Judicial presentaron formalmente, el pasado 13 de mayo, la Comisión Especial para los Festejos del Bicentenario de Independencia, presidida por la señora Margarita Morselli. Esta comisión tiene una agenda de actividades que deberá desarrollar hasta el 2011.

La revolución  «negra»

El pueblo originario taitino, que habitada la Isla de Haití, había sido exterminado por la conquista francesa. Para suplir aquella «mano de obra» aniquilada, la monarquía francesa «importó» esclavos africanos. La población de esclavos de la entonces colonia Sainte Domingué (hoy Haití), comenzó a sentir los vientos de libertad de la revolución burguesa que explotaba en Paris en 1789. Tomaron contacto con los revolucionarios e intentaron sin éxito formar parte de la Asamblea Popular: no había lugar para negros, fue la respuesta. Un personaje de nombre Toussaint Louverture comenzó a catalizar las pretensiones de libertad del pueblo haitiano hasta convertirse en gobernador de la isla. Louverture luchó desde este sitio por la independencia de Haití con ideas independentistas y políticas conciliadoras en su relación con la metrópoli francesa. Terminó encarcelado y condenado a cadena perpetua por la naciente república de los jacobinos.

Después de la muerte de Louverture, los esclavos haitianos negros y mulatos fueron liderados por Jean Jacques Dessalines. Luego de años de contiendas bélicas, de derrotas y victorias en aumento, el 28 de noviembre de 1803, el Generalísimo Dessalines vence definitivamente a las tropas francesas en la Batalla de Vertierres. Y el 1 de Enero de 1804 proclama la independencia de Haití. La consigna de los revolucionarios haitianos: «Juramos destruir a los blancos. Y a sus posesiones. Mejor morir que faltar a este juramento», había triunfado. Siendo la revolución de Haití la primera y la más radical de las ocurridas en el continente, la pregunta que se plantean muchos historiadores latinoamericanos es: porqué los Festejos de Conmemoración del Bicentenario de la Independencia organizados por los gobiernos la omite? Si se la hubiera incluido en la agenda de recordaciones, el cumplimiento de los 200 años de independencia de las naciones americanas se hubiera marcado en 1804, y no entre 1809 y 1813, lapso en que se registraron casi todas las demás revoluciones.

Un prematuro Estado-Nación

La noche del 14 y la madrugada del 15 de mayo de 1811 se consuma la destitución del gobernador español Velazco. Ejecutan la caída un grupo de jóvenes oficiales militares, con el respaldo de la vecindad asuncena y el ejército. La dirección política del suceso le cupo al doctor José Gaspar Rodríguez de Francia. Partidario de la «Independencia Absoluta», Francia percibió la fuerte identidad nacional que ya existía en ese entonces y actuó en consecuencia. Apoyado en las mayorías campesinas y en la capa social media asuncena, fue dejando por el camino a sus adversarios políticos, algunos partidarios de la sujeción a Buenos Aires, otros de volver al yugo español, cuyos intereses ganaderos y agroexportadores les impedían ser partidarios de una independencia nacional. Finalmente, un Congreso de mil diputados lo declara «Dictador Supremo del Paraguay». A partir de este acontecimiento, Francia, lector voraz de la ideas de la revolución francesa, acelera la construcción de un Estado popular y políticamente liberal. A su muerte, ocurrida en 1840, deja en el Paraguay un Estado regido por ideas nacionales y no coloniales: sin intervención alguna de los estados centrales europeos, y con una economía con bases fuertes. Este Estado-Nación será destruido luego por el Estado oligárquico y colonial argentino y por el imperio brasileño, aliados a los intereses del imperio inglés. Habiendo sido el Estado paraguayo de entonces el primero en haber cortado con las políticas coloniales de Europa, un grupo aún reducido de historiadores del continente se pregunta: ¿Porqué, hasta hoy, es poco estudiada la experiencia del Estado paraguayo independiente?

In-dependencias

Las particulares experiencias independentistas del Paraguay y Haití referidas arriba revelan sólo un ángulo que la historiografía americana puede aprovechar para el debate y la producción, en el marco de los Festejos Conmemorativos por el Bicentenario de la Independencia. Un debate, que por cierto, ya se está produciendo. Respecto de la llamativa omisión de la Revolución de Haití en estos festejos, el historiador costarricense Pedro Alexander Cubas señala que ésta «…constituyó un proceso cuya originalidad estaba sustentada en su carácter anticolonialista y antiesclavista, que contribuyó a desenmascarar la euro-franco mentira impuesta por los cánones de las revoluciones burguesas que le precedieron. Ninguna (de las revoluciones burguesas) tenía en cuenta a los hombres y mujeres no blancos».

Colonialismo y colonialidad

El filósofo e historiador peruano Aníbal Quijano, al analizar el proceso histórico americano, afirma que, más allá de los sucesos políticos y militares protagonizado por el movimiento independentista contra los imperios español, portugués y francés, las naciones y los estados del continente sufren hasta hoy el fenómeno de la colonialidad del poder. Esta colonialidad revela, según Quijano, que las ideas incubadas por los europeos en los países americanos en épocas de la colonia, siguen dando frutos a los antes imperios coloniales y hoy Estados Centrales Capitalistas de occidente, en términos de intercambio económico desigual en el marco de la relaciones de poder global. Pero, ¿el colonialismo no es acaso igual a colonialidad? No. El sociólogo portorriqueño Ramón Grosfoguel precisa la diferencia entre estos dos conceptos. «El colonialismo es la ocupación territorial con armas y administración de un país por otro (el caso de las colonias americanas ocupadas por España, o el caso actual de Irak, ocupado por el imperio norteamericano); la colonialidad es cultural: no se necesitan armas ni administración en territorio ajeno para dominar».

Una nueva perspectiva histórica

Ahora que los festejos por el Bicentenario nos dan una buena oportunidad, es preciso preguntarnos cómo abordar las reflexiones históricas de América ante el desafío que nos plantea la colonialidad del poder. El antropólogo argentino Walter Mignolo tiene una respuesta: «Como americano que soy, mi primera referencia histórica debe ser la conquista y colonización de América, y no la revolución bolchevique o la Revolución Francesa, simplemente porque yo entro al sistema mundo capitalista en 1492. Sólo así puedo entender bien en qué lugar estoy ubicado hoy». Quizás la clave esté entonces en volver sobre los estudios de la historia colonial de nuestros países, pero con otra mirada histórica. Es lo que plantea el antropólogo y lingüista paraguayo Bartomeu Meliá, cuando dice: «Si el Paraguay no entiende su proceso colonial, está en peligro de ser colonizado siempre» Volviendo a la introducción de esta nota: es necesario que los movimientos sociales y los intelectuales (historiadores, periodistas, sociólogos, filósofos, politólogos) paraguayos tomen la iniciativa de generar debates y estudios en el marco de los Festejos por el Bicentenario de la Independencia Nacional, que se cumplirá el 14 y 15 de mayo del 2011, con el propósito de seguir avanzando en el proceso emancipatorio del país.

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