Bartomeu Melià: “La lengua es la piel que nos identifica”

Pa’i Melià he’i ñandéve ko ñemboguetápe mba’éicha ohecha guarani ñe’ê ha mba’e jajapova’erã ñañangareko haguã ñane ñe’êre. Ñe’ê ha’e ñande pire, he’i.

El investigador Bartomeu Melià advierte que lo que les pasa a los indígenas les pasará, y les está pasando, a los paraguayos.

En este diálogo el investigador Bartomeu Melià se muestra optimista sobre la situación del idioma guaraní en cuanto a la comunicación cotidiana, pero señala la falta de políticas de investigación y de fomento de la producción escrita para normalizar el uso de la lengua.

De hecho, al ser concebida esta entrevista enteramente en castellano, se trasluce esa dificultad de abordar ciertos asuntos en la lengua guaraní, ya que a esta se le han cerrado las puertas de los campos del “saber”, quedando de este modo reducida al habla coloquial.

Melià destaca al guaraní como el principal componente identitario del Paraguay, que calza la lengua como una piel, y lamenta que nuestro país esté destruyendo sistemáticamente lo propio. “Lo que le pasa a los indígenas le pasará a los paraguayos, y ya les está pasando”, advierte.

–¿Cómo ve la situación actual del guaraní en el Paraguay?

–Dices muy bien al aclarar Paraguay porque curiosamente es una lengua que está siendo muy estudiada fuera del país, con aportes muy sustanciales que desgraciadamente no llegan al país. A nivel de estudios el guaraní está con buena salud. ¿Qué es lo que prevalece diríamos ahora? Es una cuestión gramatical que tiene mucho que ver con cuestiones muy prácticas. Por ejemplo, aunque muchos aquí dicen que quieren separarse del esquema de la gramática española, pero al final no se separan mucho. Yo diría que la gran rémora que tiene el guaraní en Paraguay es que está concebido todavía como una gramática de traducción. O sea, traducir la lengua guaraní a las categorías del español o por lo menos de una lengua occidental.

La revolución, diríamos copernicana, que consiste en poner otro centro a ese mundo, sería ver que el guaraní es una lengua en que tienen mucha importancia los aspectos modales más que los aspectos temporales. Esto, que no es tan nuevo, pero está revolucionando el pensamiento gramatical. Entonces hay que entrar a ver una lengua en la que las partículas, esas palabras de relación, son muy importantes. Las llamadas deixis, la demostración, el aquí, allá, más allá, ko, ko’ãva, ko’ã, umíva, que sitúan al que habla en una perspectiva determinada y envía el significado a diversos escenarios.

Tengo la impresión de que hay todavía bastante dispersión en los criterios y no hay suficiente reflexión teórica. De todas las lenguas que uso casi la que menos conozco sistemáticamente es mi lengua materna, que es un dialecto del catalán, el mallorquín. Y desde hace apenas tres años lo escribo. Yo soy del tiempo de Franco en que la lengua propia estaba prácticamente prohibida en la escuela.

–¿Entonces qué cabría hacer ante este escenario que nos está pintando?

–Es necesario que haya cultores de la lengua. Las universidades deben estudiar la lengua, deben hacer seminarios, lecturas de la lengua, que generalmente se orientan por la literatura escrita, aunque también ahora se aprecia cada vez más la llamada literatura oral, la oratura. Tenemos que salir de la miopía de creer que el guaraní paraguayo es el sumun de la lengua. Es casi el sumun por abajo. Veamos las lenguas guaraníes del Paraguay, como el pãi, mbyá, avá, los que hablan todavía su lengua porque ahora muchos pasaron tristemente al guaraní paraguayo. Los avá son los que están más paraguayizados. Muchos jóvenes ya no conocen su lengua tradicional. ¿Por qué es bueno estudiar estas lenguas? Es importante porque es un alimento profundizar en nuestra propia lengua.

Es necesario estudiar aspectos gramaticales, aspectos sociológicos, aspectos demográficos incluso. Porque los censos no nos dan datos aprovechables porque las preguntas están mal hechas. Incluso los censos con los indígenas guaraníes. ¿Reñe’êpa guaraní?, le preguntan. Claro que oñe’ê guaraní. Ahora, qué guaraní.  Esto solo se puede hacer por un muestreo. Si es realmente monolingüe. ¿Hay monolingües en el Paraguay?  Cuando le preguntan a algún indígena si habla castellano. Añe’ê la castellá, le responde así en guaraní. Hay que hacer filtros que me parece que no se hacen. Se ha perdido mucho tiempo es aspectos como la ortografía. Y creo que siguen todavía con el tema.

–¿Y en qué aportó o perjudicó la enseñanza formal de la lengua en las escuelas? ¿Fue un retroceso?

Uno de los problemas del guaraní de escuela es que, queriendo ser puro, es la muerte de la lengua. Las lenguas necesitan flexibilidad para no morir. El latín, precisamente para vivir, tuvo que convertirse en castellano, en catalán, en italiano, etc. Por eso no murió porque el latín en sí está muerto, incluso en el Vaticano (risas).

Yo no sé si ha logrado un retroceso porque todavía está prevaleciendo el uso doméstico de la lengua en muchos ambientes. Pero tenemos el problema de que en los sectores más humildes ahora son las madres, lo que es peor que si fueran los padres, que no quieren hablar en guaraní a sus hijos. Cuando una lengua se deja de hablar en la casa, ahí está bajo peligro de muerte. ¿Por qué? Porque la respiración de la lengua desde su concepción viene sobre todo de la madre. Por eso creo que aún tiene sentido hablar de lengua materna, aunque sea la lengua de la abuela, de la tía, etc.

–Entonces qué futuro le aguarda a la lengua.

–Yo les tengo bronca a los que hicieron la independencia del Paraguay porque la cantidad enorme de manuscritos que tenemos en guaraní como que se corta automáticamente en 1813, cuando subió (Gaspar Rodríguez de) Francia. Es que parece que ni sabe que está en el Paraguay. Estoy seguro que en aquel tiempo él todavía recibía documentos de los Cabildos en guaraní. No guardó ninguno. En los tres tomos de su correspondencia no hay un solo registro en guaraní.

Y también nuestro dictador, que también le tengo bronca, Carlos Antonio López, y su empeño en castellanizar, que gracias a Dios no consiguió porque no tenía los medios. Su empeño en hacer “ciudadanos” a los indios, que implícitamente era suprimir el modo de ser guaraní de esos 21 pueblos indígenas. Y consecuencia de eso entró la moda, para mí funesta, la propia gente no fue obligada, eso es verdad, de cambiar los apellidos. Pero de todos modos llevó a ese desastre del cambio de apellidos en Paraguay, que imposibilitó rastrear el origen de los paraguayos para saber de qué modo sé es mestizo o guaraní. Hay que superar de una vez esa historia de no querer ser guaraní. Ni siquiera la Colonia, que quiso eliminar la lengua pero no lo logró, pudo hacer lo que la Independencia.

Por eso la lengua es tan importante para la identidad. La identidad se ve en la piel. De una persona no vemos más que la piel. La lengua también es piel. La lengua es esa piel que nos identifica. Con la independencia arranca ese desamor que tenemos hacia la lengua, que sin embargo no tenemos ante el extranjero.

–Entre otras formas, ¿cómo se manifiesta ese desamor hacia la lengua?

¿Sabes qué se hace cuando se quiere la muerte de una lengua? Inventar el bilingüismo. Para mí la teoría correcta es que mi lengua, que tengo una sola (madre hay una sola), y a partir de esa lengua yo las quiero a todas. El aprendizaje de una lengua nunca debe implicar la pérdida de la anterior. Por eso el ser bilingüe de este modo, de tener una lengua y pasar a otra, es lo que hace que muy pronto el paraguayo, cuando pasa al castellano, amóntema el guaraní.

La transición a otra lengua no consiste en hacer un puente, pasar el puente y cuando lo he pasado destruirlo para no volver atrás. Yo tengo que volver a la orilla de la otra lengua continuamente. Acá se considera que el progreso es dejar lo viejo. No, esa piel que tenemos la vamos a conservar toda la vida. Estamos en un periodo terrible. El Paraguay está masacrando terriblemente lo propio. A los indígenas se los está queriendo destruir, ijukapyrãma, los que tienen que ser muertos. Lo que les pasa a los indígenas les pasará a los paraguayos, y ya les está pasando. Tanta soberanía, tanto no sé qué. Todos estos últimos Congresos que hemos tenido. Hemos perdido más tierra, más soberanía territorial en los últimos 20 años que en toda la Guerra del 70.

Ese es el poco aprecio a la lengua. Y en los medios de comunicación tampoco tenemos el uso de la lengua, todos incluso los alternativos, que le hemos echado la espalda al guaraní. Y tenemos la lengua como pequeños objetos de museo. Hemos salido del dominio del guaraní. Los niños no quieren aprender guaraní. Y ahora plantean el trilingüismo con el inglés, pero tal como se está presentando es la negación de las tres lenguas anteriores.

Se puede ir muy lejos en la recreación de la lengua. El guaraní en gran parte debe ser recreado porque hubo un hiato muy grande entre las fases creativas de la lengua guaraní  y la evolución. Es una maravilla que esa lengua que al final de la Guerra Grande era la lengua de unas 200.000 personas o un poco más y gran parte mujeres. Tal vez sobre todo porque eran mujeres. Ahora es la lengua de 6 millones de personas. O sea, el guaraní no está tan mal. Tiene casi tantos hablantes como el catalán contando a los que estamos aquí y los que han emigrado. La primera generación sigue hablando, la segunda ya no tanto. Las cifras de monolingüismo castellano en Paraguay todavía siguen en el 8 o 10%. Lo que sí es motivo de alarma son las políticas que se siguen, la falta de estudio, la falta de una mayor literatura, ensayos incluso en lengua guaraní, que no se hacen prácticamente. Casi no se han escrito novelas.

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