«Las lenguas no mueren porque las hablamos»

Bartomeu Melía

Fotografía de Magalí Casartelli

Bartomeu Meliá llegó a Paraguay hace 54 años. Entonces tenía 22 y era seminarista. Unos días después de arribar al país ya estaba practicando guaraní. Su profesor: Antonio Guash. Fue docente de las primeras promociones del Colegio Cristo Rey. Cuatro años después de llegar al país partió nuevamente rumbo a Europa. Volvió en 1969.

A más de medio siglo de su primera llegada a Paraguay, el Pa’i Meliá habló con E’a sobre la posible desaparición del guaraní, su enseñanza y su escritura. Se mostró un tanto reticente a que una grabadora atrape sus palabras. Más allá de esa anécdota, y luego de que el entrevistador prometiese anotar y captar claramente las ideas, la charla se inició.

Aclaró primero que toda lengua está en peligro de extinguirse. Las grandes, las chicas, todas. Dio el ejemplo de la que fue, culturalmente hablando, una de las mayores: el latín. Hoy no hay en el mundo una comunidad lingüística en latín. Ni siquiera en El Vaticano, que la tiene como lengua oficial. Al decir de Meliá, cualquier lengua puede dejar de ser hablada. ¿Y cuándo desaparece? ¿Cuándo muere el último hablante? «No necesariamente. La lengua está muerta cuando deja de haber una comunidad lingüística, un grupo de personas que se comunican con esta lengua».

El guaraní tiene actualmente seis variedades diferentes. Estas corresponden a los Pãi, los Mbyá, Ava Guaraní, Guaraní Occidental del Chaco (mal llamados Guarayos), Guaraní Ñandéva y Aché Guayakí –que hablan una lengua de léxico guaraní, pero con una gramática diferente–. Luego se encuentra el guaraní paraguayo. El sacerdote indicó que todas las formas de guaraní son vulnerables.

El medio más seguro para mantener la lengua

El guaraní paraguayo es hablado por más o menos cuatro millones de personas. «Hablado y entendido en diversos grados en Paraguay. A ellos hay que añadirle el grupo de los migrantes», comentó. El lingüista expuso la situación que se da con los guaraní hablantes que están en el exterior. «Ellos, por diversos motivos, no establecen una comunidad de lengua con sus hijos, la mantienen sí con sus vecinos de la misma generación». Para él, esa es una tendencia, pero en algunos casos los hijos de los migrantes llegan a ser fanáticos de su lengua.

La posibilidad de hablar en guaraní para los que viven fuera de Paraguay se restringe un poco. «Y la lengua que no se habla tiende a ser olvidada. No siempre, por ejemplo: mi lengua materna es el mallorquín y no la he olvidado en absoluto. Sin embargo, yo noto que muchos paraguayos, al pasar un tiempo fuera, sienten dificultad en hablar», señaló.

Según el jesuita, modernamente hay varios medios para mantener viva una lengua, pero el habla es el más seguro. «Por eso los guaraní han mantenido su lengua y su lengua especial, no el guaraní de los paraguayos; los Pãi, los Ava Guaraní hablan el guaraní como lo hablaban antes de la llegada de los españoles. El habla es el soporte más fuerte, más duradero y más firme incluso de una lengua», aseguró.

Recalcó que él insiste mucho en esa idea «porque las lenguas no mueren porque no se las escribe, las lenguas no mueren porque las hablamos, la escritura propiamente no salva ninguna lengua. Otra vez volvemos al latín», reiteró.

A partir de ese razonamiento, el ganador del Premio Nacional de Ciencia en el año 2004, destacó que las lenguas se mantienen, tienen fuerza, cuando se las habla y se las habla porque hay una comunidad lingüística que usa como instrumento privilegiado esa lengua. ¿En el Paraguay sucede esto? «Sí, hay muchas comunidades lingüísticas que usan todavía como primer instrumento el guaraní, en ellas se conserva mal que mal o bien que bien», expresó.

Muy al contrario de lo que se cree, que solamente hay comunidades lingüísticas rurales, el cura resaltó que en las ciudades hay grupos de gente que se expresan normalmente en guaraní «¿No sé si has escuchado a dos choferes de autobús hablar en castellano? Todos hablan en guaraní, además hablan un guaraní muy especial.

«Entonces, hay una comunidad lingüística que podemos llamarle de los choferes. Hay una comunidad lingüística de los albañiles, a pesar de que usan muchas palabras del castellano, por los instrumentos que usan, pero es una comunidad guaraní hablante, aunque esté en la ciudad».

Siguiendo la línea lógica trazada por Meliá, él asevera: «Después de afirmar que la fuerza del guaraní está en el guaraní hablado, que la transmisión generacional es la gran fuerza del guaraní, se puede decir que la persona que no lo ha aprendido desde su casa, en su infancia, difícilmente ya lo va a aprender», apuntó.

No es seguro que quien no aprendió guaraní en su hogar nunca lo llegue a manejar, pero es muy difícil, según Meliá. «La transmisión que se llama intergeneracional es lo más importante para mantener una lengua, cuando esto se ha roto, no hay poxipol que lo pegue ¿Cuál es el poxipol de las lenguas?, a veces la escuela. ¿Qué se puede esperar de la escuela? Se puede esperar mucho, pero no hay que esperar lo que la escuela no puede dar», añadió.

Meliá precisó que si la institución educativa se constituye en comunidad lingüística, se puede esperar mucho de ella. «Esto quiere decir que no solamente se aprende el guaraní como la clase de inglés o de alemán, sino que por el placer de la persona, porque en la escuela se habla guaraní». Dio como ejemplo el hecho de que en España se dan asignaturas completas en idioma extranjero, lo que hace que el alumno aprenda, por ejemplo, matemáticas en inglés, Estudios Sociales en inglés. Que las materias completas sean impartidas en guaraní puede ayudar mucho a mantener la lengua.

La escritura que reafirma una lengua

Por otro lado, en los ambientes rurales, según explicó el investigador, podría ayudar mucho que el campesino vea que el guaraní se escribe, que está en los libros, que sea objeto de reconocimiento por parte del ministerio en el programa, en sus textos, que el docente enseñe guaraní con alegría, no porque haya que hacerlo; todo eso contribuye. «Ahí entramos en el tema que retomaremos después, que es el de la escritura. La escritura en la sociedad moderna es un motivo para reafirmar una lengua. Una lengua que no se escribe nos parece que es una lengua pobre, que no tiene categoría. Eso no es verdad, pero es la ilusión y a veces hay engaños necesarios».

Que el guaraní escrito sea útil en la escuela es una verdad, según el escritor, «pero cuando el guaraní entra en la escuela con una serie de fallas con las que ha entrado, el remedio resulta casi peor que la enfermedad. Estoy hablando en general y, al decir general, es una caricatura que marca ciertos rasgos que hacen que uno se reconozca», aclaró.

Meliá reconoce la falta de preparación pedagógica y didáctica de los docentes para la enseñanza del guaraní. «Preparación que generalmente tampoco tienen para el castellano. Ahí yace el problema, no en que el guaraní tenga la ortografía de este modo, de aquel, no. El problema es que este docente no está preparado ni pedagógica ni didácticamente para enseñar, no solamente el guaraní, ni para plantar porotos está preparado, entonces no sale nada», sentenció.

El cura dio algunos ejemplos: en Paraguay se ha querido pasar a un sistema de numeración decimal. El sistema numérico guaraní fue siempre hasta cuatro. «Cinco no es “po”», aseguró Meliá «¿Y entonces cómo se arreglaban para contar? Es otra matemática. ¿Sabes por qué empezaron a contar los padres, los misioneros? Ahora nos hace reír, era para que el que se iba a confesar pudiera contar cuántas veces había hecho un pecado. O sea, ¿cuántas veces faltaste a misa? “heta”, ¿qué quiere decir “heta”?

Muchas, ¿muchas cuántas? Después la numeración se aplicó a muchas cosas y los guaraníes antiguos la usaron muy bien, como así usaron los nombres de la semana y del mes en castellano». Para Meliá, es inútil perder el tiempo en palabras que no circulan.

De poder crear palabras, se puede. «Yo puedo crear una lengua, pero las lenguas también se crean. Entonces uno dice, por qué no aprovechar la lengua que ya existe y no perder el tiempo en crear palabras que todavía no existen y que, además, no circulan», apuntó.

«Hay libros que a veces tienen el mismo problema, aunque los libros no son tan malos como a veces se quiere decir, porque ahí también han entrado las tendencias de grupos que querían que el guaraní en la escuela fuera muy puro y otros que aceptan más palabras castellanas», manifestó. Posteriormente, explicó que el guaraní es una lengua que se escribe, por lo menos, desde 1585.

Teniendo en cuenta que la escritura es algo convencional, lo que en la llamada escritura silábica se pretende es que los sonidos estén representados casi siempre por el mismo signo, para que no haya caos. «Más de 60 escrituras ya ha tenido el guaraní a través de la historia. ¿Son todas malas? No son todas malas. ¿Son todas buenas? Ninguna es perfecta, pero la actual tiene una ortografía sumamente lógica; cada sonido tiene una letra y cada letra responde a un sonido. Dicho más técnicamente: cada fonema se representa con grafema y cada grafema responde a un fonema. En tiempos de Cervantes y Quevedo, el castellano tenía muchos más problemas de ortografía, pero nadie impidió que Cervantes sea Cervantes, ni Quevedo fuera Quevedo y Lope de Vega fuera Lope de Vega, aunque no tenían una ortografía», concluyó el sacerdote católico.

Quién es Bartomeu Melià

Nace en Mallorca, España, en 1932. Un tiempo en que nuestro país se debatía en una absurda guerra por intereses petrolíferos de la Standard Oil. Se inicia en el estudio de la lengua y cultura guaraní con el padre Antonio Guasch. Se gradúa de doctor en la Universidad de Strasbourg, Francia, en 1969, con una tesis sobre la creación de una lengua cristiana en las reducciones guaraníes del Paraguay. Entre sus publicaciones de carácter más específicamente linguístico se cuentan, entre otras, El guaraní a su alcance (Asunción 1958), Educación indígena y alfabetización (San Paulo 1979), La lengua guaraní del Paraguay; historia, sociedad y literatura (Madrid 1992), Elogio de la Lengua Guaraní, (Asunción 1995).

Enlace

La palabra lo es todo
Extracto del libro Elogio de la Lengua Guaraní

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