Bartolozzi ha emprendido una vandálica cruzada de destrucción de la institucionalidad cultural

Ante las declaraciones de Graciela Bartolozzi, Ministra de Cultura, publicadas en ABC el día 07 de abril de 2013 y relativas al traspaso del edificio ex APAL, Ticio Escobar ex Ministro de Cultura de Fernando Lugo, acerca su posición. 

Ministra de Cultura Graciela Bartolozzi. Fuente: noticiaspolicialespy.com

Si la ministra de Cultura se hubiera enterado del espíritu del Bicentenario de la República del Paraguay, sabría que la Comisión Nacional del Bicentenario –creada bajo la presidencia de Duarte Frutos y encabezada por los presidentes de los tres poderes del Estado- promovía diferentes tipos de programas y acciones, en términos de ejecución. Algunos de ellos serían comenzados y terminados a lo largo del año 2011 y otros, que requerían operaciones más complejas, tendrían como referencia ese año pero no serían terminados en el 2011: tal el caso de la Costanera, la Estación del Ferrocarril, el proyecto Ciudadela, la restauración del Palacio y de una serie de otros edificios patrimoniales. Algunos de ellos, como el relativo al empleo del inmueble aledaño a la Casa de la Independencia, solamente llegaron a la fase de la adquisición del dominio: ese inicio marcaba su ingreso en el tiempo Bicentenario. Espero sinceramente que la ministra, siguiendo su irrefrenable impulso de desprenderse de bienes culturales públicos, no convierta de nuevo en estacionamiento ese terreno so excusa de que nada se hizo en el predio hasta ahora. También espero que se haga cargo de las propiedades adquiridas por la SNC durante el gobierno anterior, alguna de las cuales, como la casa Bosio se encuentran sometidas a total descuido por la actual administración (remitirse a las publicaciones periodísticas, “sin mucho esfuerzo mental”, como aconseja la ministra).

Si la ministra de Cultura tuviese nociones acerca de la lógica de la esfera pública y, por lo tanto, conociese la diferencia entre políticas gubernamentales y estatales, sabría que un principio básico de una Secretaría de Estado es generar procesos que continúen en el gobierno siguiente promoviendo la continuidad de los proyectos, habilitando el traspaso de bienes y fomentando el acrecentamiento de los acervos culturales públicos.

En el año 2010, la señora Margarita Morselli y yo nos reunimos con el presidente de la República,Fernando Lugo, para solicitarle que el inmueble denominado ex APAL pasase a formar parte de la Celebración del Bicentenario. El presidente dio autorización para que el inmueble fuere traspasado y titulado nombre de la Secretaría Nacional de Cultura. Como bien lo reconoce la señora Bartolozzi, “el mismo día 21 (de mayo de 2010) se inició una fuerte reacción del personal de la empresa, en contra de su traslado y hasta un escrache para evitar que se inspeccionara el edificio”. La señora Bartolozzi no conocerá de políticas culturales, pero sí conoce lo que son los escraches, de modo que en ese punto acierta: la reacción de los funcionarios llevó al Ministerio de Hacienda a pedir que se paralizaran las obras de ocupación del edificio, pero en ningún caso el decreto presidencial No 4389 fue derogado. Por lo tanto, el edificio seguía disponible a ser afectado a la SNC cuando se diesen las condiciones adecuadas a su empleo. Esa pausa no desvirtuaba su inscripción en la Conmemoración del 2011 pues, una vez inaugurado, el complejo museístico cultural habría de llevar el nombre del Bicentenario.

La ministra no puede, por lo tanto, escudarse en un supuesto abandono del edificio para defender la inadmisible cesión de los derechos de la SNC sobre el mismo. En primer lugar, porque si un gobierno encuentra un bien público abandonado, repara la dejadez; no se deshace del bien público. En segundo, porque las instalaciones de ex APAL no pudieron haber sido abandonadas bajo la administración anterior de la SNC simplemente porque, como la propia señora Bartolozzi lo reconoce, el Ministerio de Hacienda no llegó a transferir la propiedad por los problemas antes mencionados. Tales problemas se encontraban en vías de solución cuando el gobierno anterior fue interrumpido. Lo grave es que la misma ministra de Cultura haya aceptado el despojo de un bien a su propio cargo: que haya dado su visto bueno a un decreto que cancela la facultad de la SNC a seguir contando con un patrimonio importante que le fuera asignado por decreto presidencial. Por eso, tal como afirma la comunicación suya, “el edificio no fue incluido entre los que fueron recuperados”.

Por último, si, cuando asumió la ministra encontró obras abandonadas debía haber dado cuenta en sus regulares informes de gestión (si los tuviera) de tales obras y remediar el supuesto abandono. Esta discusión no puede ser disociada de su contexto: no debemos olvidar que la ministra Bartolozzi ha emprendido una vandálica cruzada de destrucción de la institucionalidad cultural paraguaya. A título de ejemplo, no preciso mencionar más que muy de pasada el desmantelamiento del complejísimo proyecto Ciudadela y de la Estación Esperanza, la asfixia de los Puntos de Cultura, la desidia en relación al proyecto del Puerto, el retiro de apoyo a Puerto Abierto, la interrupción de las actividades del Centro Cultural Encomienda (cuya obra, una vez concluida, fue dejada a su suerte), la indolencia que paralizó el Consejo Nacional de Cultura, tanto como el regular funcionamiento de los Fondos de Cultura y la fructífera editorial de la SNC. La demolición de la institucionalidad cultural se complementó con el desmantelamiento de todo el aparato de cultura: los cuadros directivos, especializados en gestión cultural, han sido removidos por cuestiones político-partidarias sin que hayan sido repuestos; así, el organigrama mismo de la SNC ha sido dañado fatalmente en su lógica formal, sus fundamentos y sus criterios funcionales. El legado cultural de este gobierno en materia cultural es un conjunto de ruinas humeantes.

A punto de concluir su efímero y nocivo mandato, la ministra de Cultura debería ser menos temeraria en sus afirmaciones y más respetuosa de las inquietudes de los sectores culturales, a quienes no ha hecho más que despojar de sus derechos a mejores bienes y servicios en el ámbito de su acción.

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