Asunción íntima, madrugada de un bohemio

En los últimos días del año 2012, que no quedará en mi recuerdo como uno de mis mejores años, solo quiero saludar a Asunción. A mí Asunción, como denominé a una serie de fotos que las tomé con la cámara de mi celular, al final de largas noches de transitar sin rumbo por los recovecos y calles oscuras de mi ciudad.



 

Volví a sentir Asunción y ella volvió a cobijarme luego de algún tiempo de ausentarme de sus dominios, en que busqué la sombra de otros árboles y en un patio capiateño desgranaba mis recuerdos y vivencias, con la placidez que solamente puede darnos el amor. Regresé con mis alforjas más cargadas que antes con desilusiones y me encontré con los viejos muros y paredes, con las callejuelas que no llevan a ninguna parte, solo al olvido. Y con los antiguos fantasmas que habitan en los rincones más oscuros de una ciudad que ha soportado tanto o más dolor y maltrato que nosotros mismos.

Otra vez me sentí parte de mi amada Asunción, de esa novia que jamás nos olvida y que no abandona a quien ama. Y Asunción me ama. Me lo dijo al contenerme en mi desmoronamiento, al verme atormentado y protegerme con su manto piadoso, como el mismo Dios también me lo hizo sentir en las horas de desconcierto y desazón.

¿Cómo no brindarle un sencillo homenaje a esta ciudad que no cambiaría por nada del mundo y a aquellas noches solitarias por sus calles en las que buscaba quizás encontrarme con la muerte haciendo el mismo recorrido? Eso pensé y al final de algunas de esas largas madrugadas, observando el maravilloso espectáculo que se abría ante mis ojos con los primeros rayos del sol y la silueta de mi ciudad invitándome a seguir caminando, accedía con placer captando algo de lo que veía a mi paso sin pensar entonces en compartir algunas de esas fotos como ahora tengo la oportunidad de hacerlo gracias a este espacio que sirve para denunciar injusticias, para reclamar lo que nos corresponde, para fortalecer a la masa trabajadora, campesina y a los sectores carenciados y desprotegidos, pero también para dejar caer de nuestro gastado tintero unos trazos de nostalgia, de bohemia, de desahogo, como lo hago yo en esta ocasión.

Entonces me dejaba llevar bajando por la Loma San Gerónimo, bañándome de historia, de recuerdos que hablaban de tiempos mejores como yo mismo los he tenido. Me adentraba en las entrañas de Asunción amaneciendo y sonreía. ¡Que linda eres! pensaba y ella posaba para mí, coqueta pese a los años y sabia, porque el tiempo y las experiencias vividas nos dan sabiduría.

Cuando hablamos de las noches de Asunción, imagino que muchos pensarán en los locales nocturnos, en los bares, restaurantes y otros atractivos para el esparcimiento. Estas noches que menciono, son todo lo opuesto. Hablo de soledad, de melancolía, cosas que no son ajenas a la Madre de Ciudades, que conoce del abandono, de la desidia, la inconciencia, la incomprensión, la intolerancia, la violencia, la rabia.

Dicen que una imagen puede decir más que cien palabras. Por ello, en lugar de seguir descargando el gotero de mi espíritu lastimado, los invito mis amigos a compartir conmigo algunas de las imágenes que recogí deambulando por calles y callejones de esta ciudad donde nací y donde un día espero desencarnar dejando en ella mis huellas y mis memorias. ¡Feliz Navidad y un mejor año 2013 para todos los compañeros y para nuestro querido Paraguay!

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