Asuncenos del siglo XXI ante sus paisajes: señales de un cambio en cuatro actos fugaces

El arquitecto Carlos Zárate, docente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), analiza cómo ha variado el modo en que los asuncenos usan el espacio urbano y las expectativas que tienen respecto a la imagen de la ciudad.

Tras décadas de absorber silenciosamente la versión nórdica de esta temporada, los asuncenos encontraron espacios para consensuar algo sentido desde siempre: eso no somos nosotros ni habla de nosotros. Foto: skyscrapercity.com.

El paisaje asunceno es dinámico y cambiante. Varían sus escenarios tanto como sus usos. A ritmo más lento en tiempos pasados, en las últimas décadas esta escalada de cambios fue en notable aumento. Y así como mutan sus escenarios, también cambia su gente en sus modos de consumir y apropiarse del espacio, del paisaje urbano. En muchos de esos casos desordenadamente y con poca consideración hacia el vecino. En otros, de un modo muy estimulante, como en aquellos días de celebración del Bicentenario o, más recientemente, las ferias del puerto o la habilitación de la costanera.

Pero en las últimas semanas, además, se ha dado una secuencia fugaz de acontecimientos que indican que no solo está variando en los asuncenos el modo de uso del espacio urbano, sino también la expectativa que tienen respecto a la imagen de su ciudad. Repasemos brevemente esas situaciones:

Navidad e identidad

El primer acontecimiento, a fines del mes de octubre, remite a la inauguración del árbol navideño en la plazoleta de Mcal. López y Sacramento. El diseño del árbol en cuestión –un kitsch papanoelístico extremo– promovió numerosísimas quejas de la gente tanto en medios de prensa como –sobre todo– en redes sociales. Y más que cuestionar el diseño, se habló de identidad y representatividad. Tras décadas de absorber silenciosamente la versión nórdica de esta temporada, los asuncenos encontraron espacios para consensuar algo sentido desde siempre: eso no somos nosotros ni habla de nosotros. Sencillamente, no nos representa. Ante tanta queja, voceros de la Municipalidad anunciaron que el diseño sería cambiado. Ya cerrando el último mes del año, los asuncenos siguen aguardando la promesa municipal.

La escalinata y los colores

Con la cascada de colores de la escalinata de Antequera se redescubrió un espacio propio desde una óptica distinta. Foto: Última Hora.

Pocos días después, la noticia fue la Escalinata Antequera. Ese sobrio –y en los últimos años sombrío– escenario neoclasicista, adornado con una cascada de colores. El impacto en la ciudadanía fue altamente positivo y –casi con exclusividad– solo la voz de los expertos en patrimonio cuestionó la intervención. Desde la Municipalidad empezaron a pasarse la pelota. Que hubo autorización, que no hubo. Que una dependencia sí, que otra no. Poco o nada importó a la gente que la intervención artística fuese la inteligente movida de un emprendimiento privado para servirse de un espacio público a costo cero. La cuestión era algo más trascendente que un desfile de modas. Fue redescubrir un espacio propio desde una óptica distinta, que seguramente poco favor hizo a la lectura del diseño original, pero mucho al reconocimiento de los potenciales de ese lugar y al recordatorio de que se trata de uno de los sellos de identidad de la ciudad.

En un confuso juego de vetos y rechazos, la municipalidad finalmente habilitó la instalación de carteles en la costanera. Foto: skyscrapercity.com.

La costanera y la publicidad

No hay dos sin tres. Al poco tiempo, los asuncenos amanecieron con una nueva sorpresa municipal: una ordenanza aprobando la instalación de carteles de hasta 50 m2 a lo largo de la costanera.

La reacción de los asuncenos no se hizo esperar, mientras las autoridades municipales volvían a jugar al pasapelotas. Que se votó a favor estando en contra. Que la idea fue del intendente. Que no debían ser 50 sino 20 m2. Al final, pese a la intransigente y altamente consensuada opinión pública, en un confuso juego de vetos y rechazos que se prolongó por un mes, la ordenanza de habilitación quedó nuevamente vigente.

El cerro y el hito

El cuarto acontecimiento de esta fugaz saga se trasladó al cerro Lambaré. Una vez más, del seno de la Municipalidad surge el elemento de incordia: la propuesta de una intervención poco feliz sobre el monumento que corona el cerro. Este caso es distinto a los anteriores porque no solo afecta a un elemento de identidad urbana, sino además involucra cuestiones religiosas (el proyecto plantea utilizar el monumento como pedestal para situar encima otra escultura alusiva a la virgen de la Asunción). Al introducirse este nuevo elemento –la religión católica– en el debate, se registra una opinión pública algo más dividida que en los casos anteriores. No obstante, se notó en las redes sociales una clara mayoría cuestionando el proyecto.

La administración de Arnaldo Samaniego propuso una intervención poco feliz sobre el monumento que corona el cerro: poner una escultura alusiva a la virgen de la Asunción. Foto: skyscraperlife.com.

Recapitulando

Surgen al menos tres elementos como constantes en todos los casos:

1. Los asuncenos plantean y consensuan exigencias sobre la calidad de los elementos de su paisaje urbano. Sin perder el foco, son capaces de sostener varios frentes de debate, incluso en paralelo al tratamiento de temas de mayor alcance (recordar que todos estos acontecimientos citados se dan en el marco de movilizaciones que enfrentan a ciudadanos contra el Poder Legislativo).

2. Los asuncenos de hoy ya no son –operativamente hablando– los del siglo XX. Siguen acudiendo a medios tradicionales de comunicación para plantear sus quejas, conformidades o sugerencias, pero han logrado construir en el mundo digital su verdadera trinchera. Desde las redes sociales reciben, analizan, comparan, reflexionan, discuten, opinan, acusan, proponen y comparten.

3. La Municipalidad va a contramano de la expectativa de los asuncenos. Sus autoridades prometieron jugar en el mismo equipo ciudadano, pero hasta ahora solo se pasan la pelota entre ellos para terminar –notablemente siempre– marcando un gol en contra.

Dicen que nadie resiste un archivo. Y en la era de las redes sociales (y con una sociedad altamente adscripta a ellas, como es la asuncena), eso puede finalmente salir muy caro a más de uno.

A escasos meses del reinicio de las pujas electorales por la futura administración municipal de la capital, los interesados en recibir la confianza ciudadana (y sobre todo aquellos que pretenden revalidarla) debieran prestar atención a la forma en que se desarrollan estos acontecimientos.

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