Asumir el riesgo

Por Álvaro Lobianco

El Paraguay está atravesando un momento que requiere de definiciones y posiciones claras que marquen distancia de la tibieza o la ambigüedad. Retomando las palabras que pronunciara Oscar Creydt en la conferencia de la tricontinental de 1965, “es de revolucionarios tomar posiciones en momentos que lo requieren”.

Más allá de las importantes diferencias entre el escenario político de aquella época y el actual, este momento histórico presenta condiciones y situaciones de las cuales no cabe desentenderse ni mucho abstenerse de tomar parte.

En el Paraguay se ha desatado una confrontación directa al interior de las clases dominantes. Esta lucha agrupa al poder mediático, una facción del Partido Liberal y otra del Partido Colorado contra el grupo Cartes, sus medios de comunicación y todo su poderío económico. En medio de esa disputa se encuentran pequeños partidos de la social democracia de derecha y el Frente Guasu. Ambos grupos tienen una hoja de ruta clara, pero que no apuntan a la misma dirección.

La segunda arista de esta confrontación, con altos índices de violencia, es la disputa electoral de dos proyectos políticos para el 2018. Por un lado, sin diferencias de fondo se presentan el cartismo y el efrainismo, en tanto que por el otro lado se plantea la propuesta de un candidato en el marco de un amplio frente popular.

Un tercer elemento en este confuso escenario es la contraposición entre dos formas de ver la crisis política y sus probables salidas. Una, encabezada por el poder mediático y su séquito, se agarran de posiciones “constitucionalistas” y apelan a la violencia. La otra propone zanjar la crisis política de la manera en que lo hacen las sociedades mínimamente democráticas: convocar al voto popular.

Asimismo, es necesario resaltar la paradoja de las posiciones “institucionalistas”, en gran parte buscando la simpatía del poder mediático, en el marco de la violentada democracia paraguaya y reclamando el respeto hacia un proclamado Estado de derecho, pero que no se compadece en absoluto con la realidad.

Otros apuestan a una arriesgada alternativa con vistas al 2018 con un programa que, aseguran, se perfila a la búsqueda de oportunidades de crecimiento de los sectores populares mediante la organización y una propuesta electoral con vistas a incidir desde los espacios de decisión.

Hay un tercer sector que ha optado por mantenerse al margen teorizando sobre cómo se debería hacer política entre cuatro paredes o en los debates entre convencidos que ya están integrados a sus filas, por lo que no tienen mayor incidencia ni cercanía con las necesidades de los sectores sociales a quienes el actual orden de cosas les resulta perjudicial y desfavorable, es decir, a la mayoría de la sociedad paraguaya.

Así, la suma de estos factores nos enfrenta a la dicotomía de dejar que las cosas sigan como están o asumir el riesgo, que nos llevaría a un terreno desconocido e inhóspito, de llamar a un referendo donde por primera vez en casi 30 años los partidos tradicionales irán realmente divididos –entre ellos y a su interior– con dos posiciones antagónicas.

En el fondo solo existen dos posibles desenlaces: o todo sigue igual o se abre la posibilidad de que algo empiece a cambiar. Este comentarista se inclina por la opción más arriesgada.

Foto: TSJE

 

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