Así habla el patrón

Parecen decires inconexos. Pero reflejan profundamente cómo amasó su fortuna, cómo compró un partido político, como imagina el país como una extensión de sus empresas y las de sus aliados. El Paraguay de Horacio Cartes. El gobierno del patrón impune.

Cuando era muy previsible que la alianza en el gobierno, encabezado por Fernando Lugo, sea la primera opción electoral en el 2008, un golpe parlamentario lo ubicó  en el centro de la disputa para las elecciones. Unas semanas atrás mataron a 17 personas en Marina Cue.

El presidente Horacio Cartes el día de la asunción en el cargo. A su izquierda el vicepresidente Juan Afara. Foto: Ministerio de Relaciones Exteriores.

Venía ya comprando voluntades del Partido Colorado para habilitar su candidatura presidencial. Luego fue negociando listas de candidaturas con dinero a bulto.

Pronto emergió como la primera opción electoral frente una desdibujada alianza del Partido Liberal Radical con sectores minoritarios que apoyaron aquel golpe corporativo del 22 de junio de 2012.

El camino a la Presidencia quedaría finalmente despejado a la muerte de Lino César Oviedo, que en ese momento era aliado del gobierno de facto, encabezado por Federico Franco. Muerto Oviedo, terminó “la rabia”. Si bien durante el gobierno franquista se intentó mantener la fidelidad de la estructura oviedista robándosele al Estado 16 millones de dólares para aceitar el movimiento, el cartismo ofreció más dinero y se embolsó  la mayor parte de los operadores oviedistas en las elecciones de abril.

Así fue definiendo todo: a platazo limpio. Y con algo de suerte que parece un accidente.

Es el gobierno de Horacio Cartes. Es el gobierno del patrón. No cualquier patrón. Es uno que de muy joven supo dónde meter el dinero del tráfico de todo tipo de mercaderías. Uno que se especializó en el gerenciamiento del modelo reexportador: eso de traer todo de afuera y reenviarlo a otros mercados: cigarrillo, cocaína, armas.

Habla como el patrón impune cuando dice «me pego un tiro en las bolas si es que mi hijo es homosexual». No necesita cortesía ni cuidado de investiduras.

Es el patrón el que increpa a un periodista al decirle: «Stroessner… ¿te sacó la novia o qué?» Es el patrón, el que compró voluntades de medio mundo, el que banaliza el régimen de Stroessner y se sale por la tangente.

Es el patrón el que le dice a empresarios extranjeros: «Paraguay es fácil. Paraguay es como esa mujer bonita». Es el patrón que lo resuelve todo con la plata.

Y es ese patrón impune, que siempre tuvo al Estado a los pies de sus negocios, el que hoy dice al mundo: «Usen y abusen del Paraguay”.

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