Argentina: cadena perpetua para «el Ángel de la Muerte»

Un tribunal en Argentina dictó sentencia sobre 18 personas acusadas de crímenes de lesa humanidad

en la Escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada, uno de los centros clandestinos de represión más emblemáticos del último gobierno militar (1976-1983).

Vladimir Hernández BBC Mundo, Argentina

Hubo 12 sentenciados a cadena perpetua, entre quienes se encuentran figuras conocidas de la época como Jorge Acosta, Alfredo Astiz y Adolfo Donda Tigel. Otros cuatro fueron condenados a penas entre 25 y 18 años de cárcel. Y dos fueron absueltos pero no puestos en libertad ya que aún son enjuiciados en otros casos por violaciones de derechos humanos.

Todos fueron acusados por su participación en el secuestro, tortura y desaparición de 86 personas en la ESMA. Fueron 22 meses de un juicio que tuvo más de 160 testigos, incluyendo casi 80 personas que salieron con vida del lugar.

La sentencia fue celebrada en las afueras de los tribunales por organizaciones defensoras de los derechos humanos y de familiares o amigos de «desaparecidos»

«Es uno de los centros de detención donde hubo más sobrevivientes y eso de alguna manera permitió que se conociese más sobre el caso y por ello tuvo más notoriedad», señaló a BBC Mundo Lorena Balardini, investigadora del área de memoria, del Centros de Estudios Legales y Sociales.

Más de 100 personas escaparon con vida de las aproximadamente 3.000 que fueron detenidas en la ESMA. En cambio, en Campo de Mayo, otro de los centros clandestinos, algunos cálculos estiman que hubo 5.000 detenidos y apenas unos 40 sobrevivientes.

Algunos historiadores señalan que la diferencia es que en la ESMA algunos oficiales de la Armada, liderados por el (fallecido) Almirante Emilio Massera mantenían con vida a algunos presos para un eventual proyecto político y para combatir lo que ellos denominaban una «campaña de desprestigio internacional» de activistas de derechos humanos.

Alfredo Astiz es acusado de infiltrarse en reuniones de familiares que pedían respuestas de las autoridades militares sobre sus hijos detenidos.

Una de estas personas es Miriam Lewin, quien declaró en este juicio.

«No se porqué yo sobreviví, pero como hablaba inglés y francés me tenían traduciendo diarios y transcribiendo documentos», señaló a BBC Mundo.

Los militares de la ESMA buscaban así contrarrestar con una campaña informativa las denuncias que empezaron a surgir de las violaciones a los derechos humanos en ese entonces en Argentina.

Notoriedad
Un elemento que elevó el interés mediático fue el perfil de algunos de los detenidos, quienes más de 30 años después de los hechos reciben su primera sentencia en un tribunal argentino.

De Jorge «El Tigre» Acosta se dijo que incluso sacaba a discotecas a detenidas físicamente atractivas que antes había torturado.

Acosta, además, trabajó con el gobierno sudafricano a principios de los años ochenta para asesorar en las acciones que efectuaban los cuerpos de seguridad en contra de los activistas que protestaban por el Apartheid.

Está el caso de Adolfo Donda Tigel, quien habría participado en el secuestro de su cuñada (que estaba embarazada) y de su hermano, quienes después fueron torturados en la ESMA y actualmente están «desaparecidos».
Donda además entregó a su sobrina cuando nació a un marino del centro de detención.

Otro de los sentenciados es Alfredo Astiz, llamado el «Ángel de la Muerte» por su rostro bondadoso que contrastaba con los crímenes que se le señalaban. Su labor era infiltrarse en reuniones de familiares que se organizaban para reclamar respuestas de las autoridades militares sobre sus hijos detenidos.

Dicho trabajo, por ejemplo, llevó a que entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977 efectivos de la marina procedieron al arresto de nueve personas, incluyendo a las fundadoras de la organización Madres de Plaza de Mayo y a dos monjas de nacionalidad francesa.

Se presume que todos los detenidos fueron torturados y muertos en cautiverio. Incluso las monjas francesas -Alice Domon y Leonie Duquet- fueron fotografiadas en la ESMA con una bandera de la organización guerrillera Montoneros de fondo para tratar adjudicarle a ellos la captura de las religiosas.

La hermana de la monja francesa desaparecida, Leonie Duquet, acudió a la lectura de la sentencia este miércoles.

En 2003 el Equipo Argentina de Antropología Forense identificó algunos cuerpos en una fosa común y encontró los restos de Duquet y algunas de las fundadoras de Madres de la Plaza de Mayo.

La conclusión de los expertos es que la causa del fallecimiento se debía a lesiones producidas por una caída a gran altura. Muchos de los detenidos en la ESMA eran arrojados vivos o muertos a mar, en los llamados «vuelos de la muerte» que reveló el militar argentino Adolfo Scilingo, actualmente cumpliendo una pena de más de 1.000 años de cárcel en España.

Por el caso de las monjas Astiz fue condenado a cadena perpetua en ausencia en Francia y es solicitado por el gobierno español, sueco y alemán por delitos de lesa humanidad.

«Como el caso incluyó ciudadanos extranjeros, el caso ESMA tuvo más interés mediático. Pero Astiz no era un ‘monstruo’, o un ‘represor sui generis’, fue un miembro más de grupo de tareas de la marina», señaló Balardini.

«Pero esto es apenas un tramo de la causa, probablemente volverá a ser juzgado por otros crímenes cometidos», agregó.

Recuerdos y sensaciones
Aunque para quienes estuvieron detenidos en la ESMA la sentencia pudiera cerrar un episodio traumático, los últimos días han sido convulsionados.
«He tenido recientemente varias pesadillas y recuerdos de lo que me pasó», dice Lewin.

La hermana de la monja francesa desaparecida, Leonie Duquet, acudió a la lectura de la sentencia este miércoles. Ella fue detenida con apenas 19 años cuando era militante de izquierda. Se mantenía escondida por temor a ser arrestada durante la ola de represión de la época.

Pero decidió hacer una llamada para saber de la salud de su abuela, que entonces estaba gravemente enferma. La llamada resultó costosa.

«Me agarraron en la cabina telefónica y me llevaron a un centro de detención donde me torturaron con electricidad y me pusieron una bolsa plástica en la cabeza», indicó.

Tras las sesiones de tortura fue puesta a hacerle labores de transcripción y traducción a sus captores, lo que ella llama «trabajo esclavo».

El horror vivido durante varios años en la ESMA se ha mantenido presente para Lewin, que actualmente trabaja como periodista.

Al conocerla se presenta como una mujer de fuerte personalidad y con una gran impresión de seguridad. Pero al hablar de la ESMA la voz se le quiebra con facilidad.

Pese a ello Lewin a declarado numerosas veces en tribunales en las diferentes ocasiones que se ha llevado la causa de lo que ella (y miles de personas adicionales) vivió.

«Este es uno de los juicios más importantes en la historia moderna de Argentina», dice.

Y agrega: «Pero, viviré con esto el resto de mi vida».

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