Aquella huelga general del 94

20 años atrás, la huelga general de 1994 tuvo un acatamiento extraordinario. Marcaba la cumbre de una organización sindical masiva, luego de 35 años de dictadura en que organizarse y protestar eran un delito. Para la del 26 de marzo próximo emerge el actor campesino en el centro de la disputa.

Foto de la portada del libro de Roberto Paredes, "El sindicalismo después de Stroessner".

Foto de la portada del libro de Roberto Paredes, «El sindicalismo después de Stroessner».

En agosto de 1993, a la presidencia de la República había arribado el empresario Juan Carlos Wasmosy. Aunque en las internas del Partido Colorado de diciembre de 1992 ganó el caudillo civil Luis María Argaña. El aparato militar y partidario obró de tal manera que, luego de cambiarse la totalidad de los miembros del Tribunal Electoral Partidario, resultaba ganador el caballo del comisario. “Ganó el muerto”, había titulado en su artículo el fallecido escritor Elio Vera y la periodista Mariluit O’ Jara. En el tiempo, el senador Juan Carlos Galaverna reconocería el robo electoral perpetrado por el entonces oficialismo, encabezado por el general Andrés Rodríguez, Blas N. Riquelme, Lino Oviedo… En las elecciones generales de mayo de 1993, Juan Carlos Wasmosy se impondría al tres veces candidato presidencial Domingo Laíno. En tercer lugar se ubicaría el efervescente candidato Guillermo Caballero Vargas.

El escenario social

El país despertaba de su letargo rural hacinándose gran parte de la población en los pueblos cercanos de Asunción y Ciudad del Este. El agro negocio, de la mano de la soja y la ganadería extensiva, impactaría en el campo, agudizando el latifundio, recluyendo la agricultura familiar en pequeños predios. Era una época de grandes movilizaciones sociales. En el campo, la lucha por la tierra avanzaba sobremanera. Asentamientos que ahora ya son emblemáticos como Tava Guarani, Aguerito, Arroyito, Maracana, Britez Cue, Yvy Pyta, Araujo Cue, empezaban su disputa por la tierra, la vivienda y los servicios en territorios del Estado que durante la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) fueron cedidos a jefes del Ejército, de la Policía y del Partido Colorado.

Afiche de la huelga del 94. Foto de Jorge Coronel.

Afiche de la huelga del 94. Gentileza de Jorge Coronel.

En la ciudades también empezaba la presión por la tierra. La ocupación de varios baldíos, muchos con expedientes de titulación poco claros, era respuesta de vastas poblaciones que no podían ya pagar esa cuota de diez años de las inmobiliarias por un pedazo 12 X 30.

Aun con esos movimientos migratorios por esa época, la mayoría poblacional seguía, levemente, en el campo. Esta composición se revertiría complemente en los albores del 2.000.

Los trabajadores del transporte jugarían las primeras grandes cartas de la huelga general de 1994. Todos los trabajadores sindicalizados del transporte se habían adherido. Más los piquetes que a primeras horas se montaron frente a las paradas de los colectivos asegurarían la ausencia de colectivos.

El mundo urbano se despertaba con más de ocho horas de trabajo, sin seguridad social, trabajos precarios e inestables en las tiendas, en los supermercados. Aún el sistema financiero montado durante el régimen de Alfredo Stroessner no había entrado en crisis terminal.

Las centrales

El Movimiento Intersindical de Trabajadores, que apareciera en escena con fuerza desde la movilización de 1986, se convertiría en la Central Unitaria de Trabajadores en 1989. Y junto con la Central Nacional de Trabajadores, creada también en 1989, serían las grandes protagonistas de la huelga del lunes 2 de mayo de 1994, con un reclamo de 40% de aumento del salario mínimo.

En aquella oportunidad hubo piquetes “memorables” como el de Gas Corona, Trinidad, recuerda Mariela González, dirigente del Sindicato de Periodistas del Paraguay.

En el 94 hubo un gran acatamiento de los trabajadores sindicalizados. Los periodistas sindicalizados se adhirieron a la huelga eligiendo sus miembros trabajar solo para la cobertura de la huelga general.  “Yo tuve que cargar seis páginas”, como de castigo, suelta, entre risas, Eduardo Coco Arce.  Coco trabajaba en el desparecido Diario Noticias.

También se bloquearon importantes arterias de acceso a las ciudades. Y en el campo. Justamente, en San Pedro, en un corte de ruta, muere Sebastián Larrosa, 18 años, en una represión policial.

Trabajadores de Sitrando marchando. Gentileza de Jorge Coronel.

Trabajadores de Sitrando marchando ese 2 de mayo. Gentileza de Jorge Coronel.

Auge sindical

Esa huelga venía precedida de “un proceso de sindicalización amplio. De no haber sindicatos (durante la dictadura stronista) por arriba de 500 sindicatos se crearon desde el 89”, recuerda el periodista y también dirigente sindical Eduardo Coco Arce.

“Ese día fue de una soledad completa, las calles sin autos y colectivos. Apenas unos cuantos camiones militares que el Gobierno sacó en circulación”, comenta Coco Arce.

El descrédito del movimiento sindical.

Luego de la huelga del 94, el movimiento sindical llega a un momento de extraordinaria interlocución. Pero el manejo de unos proyectos sociales planteados al gobierno, con fondos del entonces Banco Nacional de Trabajadores, medrarían su credibilidad y lo atomizaría de una manera también extraordinaria.

Un complejo habitacional en Mariano Roque Alonso, unos panteones para trabajadores, entre otros proyectos, servirían como base de un extendido negociado. Las empresas de Juan Carlos Wasmosy se adjudicarían las obras de Mariano Roque Alonso, con dinero que el propio BNT proveería. Se comprarían terrenos por un valor y se los venderían al BNT en quince días por 10 veces más. Préstamos sin avales reales terminarían por quebrar un banco que recibía un capital fresco mensual de 900 millones de guaraníes a través de los descuentos a los trabajadores. A la quiebra de este banco, “también los trabajadores quedarían sin créditos blandos a largo plazo”, recuerda el dirigente sindical Vicente Páez.

Sin organización sindical fuerte y con gobiernos adictos a las recetas del Fondo Monetario Internacional  la precarización laboral se haría cargo de la vida de los trabajadores urbanos hasta el punto en que la mayoría de la gente hoy trabaja mucho más de ocho horas, sin seguridad social y con el miedo a organizarse por temor al despido.

El actor campesino

Ya en la huelga prevista para el próximo 26 de marzo aparece con mayor fuerza el actor campesino. La extensión del agro negocio en la Región Oriental, principalmente la soja transgénica con alrededor de 3.200.000 hectáreas, ha significado en los últimos años un factor de organización y unificación de bases campesinas para exigir un modelo “más incluyente, que integre el capital y la fuerza laboral”, como plantea la Federación Nacional Campesina. De hecho la resistencia a las fumigaciones planteadas orgánicamente por esta organización y las movilizaciones de varios sectores urbanos por el aumento del pasaje de colectivo elevaron el clima de participación de la huelga convocada por las centrales sindicales para el 26 de marzo próximo.

Entre las reivindicaciones de la huelga general del 26 se encuentran la derogación de la ley de Alianza Público Privada, bajar el precio del pasaje, control de precio de la canasta básica familiar y el aumento del salario mínimo un 25%.

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