aporofobia: la repugnancia contra los pobres[1]

al tratar de explicar y encontrar responsables para ciertas cuestiones como ¿en que coinciden el noticiero con aquel vecino que tiene un almacencito, con el diputado recién elegido, el comisario que habla en la tele, esa señora que va al culto cada día después de trabajar en el mercado 4, con los vecinos de la comisión garrote del bañado que se reúnen todos los martes de tardecita?, surge: esos haraganes ladrones.

la equivalencia entre pobreza y criminalidad no es nueva. quizás si este término: aporofobia. el término es propuesto por adela cortina[2] de esta manera

«del gr. á-poros, pobre, y fobéo, espantarse . dícese  del odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado».

me topé en montevideo con este palabreja por un artículo[3] de la historiadora uruguaya maría virginia mata otero (tacuarembó, 1967), y conversamos que de esto, señala, “mal que nos pese, todos padecemos en menor o mayor medida”.

el pobre honesto ya no existe: si sos pobre, sos delincuente”

cuenta que ser “de pueblo chico en ciertas formas es muy igualador”. comienza compartiendo algunas vivencias que la fueron llevando al tema: como cuando niña, vio en la tele que un médico le decía a una mujer muy humilde, inmediatamente tras fallecer de meningitis, que la muerte de su hija, se debió a “falta de higiene”, sin embargo a virginia le pareció que esta mujer  “en medio de su pobreza, había hecho lo humanamente posible”, y se quedó conmovida (“mas allá de que sea”) por la “falta de sensibilidad” del profesional.

cuenta también de una experiencia de extensión universitaria de los años 50 donde todas las carreras de la universidad de la república (uruguay) fueron a los llamados “pueblos de ratas” (poblaciones de escasos habitantes, socioeconómicamente en muy difícil condición, aislados en zonas rurales) donde una de las actividades de la experiencia era identificar de que grupo social se sentían, “y todos decían ser de clase media: ninguno se sentía pobre”.

sigue con una experiencia actual como docente, donde usando el film “germinal” (3), se asombra cada año “porque siempre se repite la condena a la única jornada de diversión que muestra la película: ‘se gastaron la plata en una fiesta y no tienen para comer algunos días’; ‘se fueron de fiesta y compraron salchichas en un parque de diversión y apostaron a las cartas: así no van a ahorrar para dejar de ser pobres’; ‘por qué se emborrachan si son pobres’. y claro, siempre se termina, en lo que es un lugar común de la incomprensión social: ‘para que tienen hijos si son pobres’”.

“el actual y patético avance de aporofobia volvió a la vieja idea de asociar pobreza, vagancia y delincuencia”

aclara: “no es una idea nueva; viene con la modernización viene con españa, pero hoy en día el encasillamiento es brutal”. sobre las causas actuales dice que en la sociedad uruguaya observa ella tres fragmentaciones entrecruzadas: territorial (homogeneización de los barrios), educativa (las poblaciones de las instituciones educativas estatales y privadas también se van distanciando) y laboral (dice “(…) hay trabajos a los que pueden o no pueden aspirar los individuos, no sólo por su preparación sino por su extracción social”). pero caracteriza también esto como algo “fabricado” desde los medios de comunicación masivos donde la información siempre está poniendo el énfasis en los crímenes y en lo peligroso.

continúa: “la gente va huyendo en la calle de los pobres porque ‘ese es el que me va robar’. dice que hay ideas que nunca se pusieron en juego en uruguay como lo siguiente

“para mi es una horrorosa novedad que se habla de bajar la edad de imputabilidad, porque el eje está en los 300, o 600 no se cuantos serán a esta altura menores delincuentes, ¡pero los menores de la pobreza no le asustan a nadie!”.

habla de otra idea -que si bien no ha llegado al ámbito político, dice se oye mucho en la calle: la re instalación de la pena de muerte[4]-, con esto de su experiencia hablando en aula sobre el punto:

“los estudiantes de colegios privados estaban en contra de la pena de muerte; los de colegios de contexto mas crítico estaban a favor: es decir, estaban a favor aquellos que posiblemente la padecerán”, y dice que en el segundo grupo la “falta de pautas de realidad los protege de la conciencia, es una autodefensa, aparte viene pautada por los planes de enseñanza…”. remarca sin dudar “la educación en uruguay es clasista”.

consultada sobre ciertas formas de vivir la caridad cristiana, dice “la caridad, así entendida (que no  no es su verdadero carácter) es humillante, asistencialista y sigue fomentando la aporofobia porque en el fondo no deja desinternalizar la idea: ayuda más a la conciencia del que da del que recibe; el remedio no viene por el dar sino por establecer todos los derechos que tiene el dador. esto sigue estableciendo la relación asimétrica, sigue sosteniendo las partes en el mismo lugar”.

me llamó la atención su idea de que en montevideo los adolescentes se lanzan a cualquier campaña a apoyar al que está lejos, al pobre idealizado; recordé las múltiples y exitosas campañas de recolección que recorren asunción por un lado, y por otro a los repetidos posteos de los medios de “pirañitas” o “a tacumbú con esos que no quieren trabajar”.

¿qué hacer?

dice “yo no puedo decir que trabajé esta idea porque la dejo en mis alumnos, en la gente que me rodea, porque eso es poco, no es nada. puede ser el primer paso, pero solo el primer paso.

si, sostiene “para que eso salga, tiene que ser vivencial”, lo que sería muy difícil pues “uno persona de clase media en uruguay, raramente tendrá contacto con pobres, una persona rica de uruguay: mucho menos”. culmina diciendo que, pese a que “hay gente que trabaja muy bien”, “lamentablemente es un tema que creo se va quedar mucho”.

quizás la asfixia que ahoga desde un lazo social fundado en la desconfianza -ese que manda: ‘alza tu muralla, electrifica tu muralla, compráte un perro, luego otro perro (grandotes, obvio), pagá un guardia, y luego otro guardia que controle al anterior para que no se duerma…’- pueda despertarnos del ahogo que avanza. quizás.



[1]             agustín barúa caffarena.

[2]             http://elpais.com/diario/2000/03/07/opinion/952383603_850215.html

[3]             http://www.obsur.org.uy/carta/hechosdichos/index/320

[4]     cuenta otra anécdota con estudiantes: hace poco tiempo y tras un crimen horrendo, estaban conversando y lxs estudiantes comenzaron a afirmar que había que “matar a todos los asesinos, y a todos los que venden pasta base, y a todos los violadores, y cada vez eran mas, al final había que matar a un montón de gente. les dije: estoy de acuerdo con ustedes, yo los cito a todos en una plaza, pero yo no disparo, disparan ustedes, pero tengan cuidado porque algún conocido van a encontrar, y se miraban y ‘y el tío de fulanito estuvo preso por no se que.. y el amigo de..’. todos ellos van a estar en esa plaza: yo lo único que les digo es que yo no disparo. se quedaron…”.

 

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