Anecdotario vacuno

Todos conocen la expresión de “viajando como vacas”. Lo primero que se me viene a la mente son enormes transganados que no se acaban, ese olor a bosta y las cabezas y las colas, las cabezas y las colas… Entonces hago otra vez la parada y me subo, y las historias que viajan con nosotros, como vacas, de colectivo en colectivo vuelven a aparecer.

Esta vez de San Lorenzo a Caacupé, con toda la familia, consiguiendo a duras penas 2 asientos para 4 personas en el fondo de una “Limpeña” terminamos coincidiendo con la barra de Cerro Porteño que jugaba esa tarde con Sportivo Luqueño. Gritos, golpes, cánticos terroríficos que mezclaban muerte con drogas nos acompañaron de ciudad a ciudad (Luque – San Lorenzo).

Cuando mi hijo pequeño (1 año y medio) hubo de acostumbrarse y se le había pasado el miedo, escuchamos algo así como “matar-olimpistas” en una canción. Mi hija de 5 años de edad se da la vuelta desesperada buscando la remera de su padre (olimpista) y feliz de no reconocer esos colores (tenía en ese momento una del Real Madrid) lo abraza fuertemente con ojos llorosos. Yo, ex comando, siento el aflojarse de mis piernas mientras le digo: “En unas cuadras se bajan mi amor, no les tengas miedo”.

Un tramo más adelante y más tranquilos suben vendedores ambulantes a vender las mismas mercaderías de contrabando de siempre, pero además, leche (cerveza). Nosotros, por ser muy temprano y estar con los niños ni los pescamos. Nuestro hijo los escucha y todo el camino no deja de pedir su “tete”. La leche no es tete… pero bueno…

En el camino de regreso, tardamos más de lo habitual para ingresar a San Lorenzo por culpa del rally. Nadie dice nada, el sudor y el cansancio nos adormecen. Salimos a la 16:30 y llegamos a casa cerca de las 20 hs. Normal dicen, pero “yeta, mucha yeta” pensamos y repetimos nosotros.

Vuelvo al laburo ese lunes, como todas las semanas, y vuelvo a casa colgando de “la estribera”, parada y haciendo equilibrio. Frente al estadio de Sportivo Luqueño, en un colectivo excesivamente lleno me encuentro a un inspector.

Su boleto me pide.

Debería pedirlo a las personas sentadas le reclamo, apenas puedo sostenerme, ¿cómo buscaría un boleto?

“No te preocupes mamita”, me dice el tipo. “Si te caes yo te sostengo”.

Busque el boleto por más de 20 minutos en todos los bolsillos de la mochila y el pantalón. Por suerte apareció, no tenía dinero para abonar uno más. Muestro mi boleto, y pienso una vez más: así viajamos con nuestras historias, seamos personas o vacas.

Desde el fondo, llega la voz de un niño al que no alcanzo a ver entre tanta gente, probablemente vaya incómodamente parado entre 50 personas, con la mitad de su tamaña y frente al asiento de su madre, que irá sentada con algún hermanito. Aparentemente practicando lectura con el volante de ofertas de un supermercado.

“Guis-ki” deletrea y repite.

¿Qué es eso mamá?

Caña mi hijo, le dice la mamá. Caña.

 

Comentarios

Publicá tu comentario

Este mensaje de error solo es visible para los administradores de WordPress

Error: Las solicitudes de API se están retrasando para esta cuenta. No se recuperarán nuevas entradas.

Inicia sesión como administrador y mira la página de configuración de Instagram Feed para obtener más detalles.