«¡Gracias, jardín de América!»

Andrés Calamaro en Paraguay

Demagogia simbólica pero no musical

El 29 de octubre fue un día muy esperado para quienes gustan del Salmón, no ahumado, ni chamuscado. Increíblemente tampoco mojado por la lluvia. Y es que una década pasó desde que Andrés Calamaro se había presentado, junto a Turf, en el León Condou. No solo sus fans estaban preocupados ante la amenaza de tormenta que se cernía sobre suelo luqueño.

El propio Andrés estaba intranquilo pero impetuoso y así lo expresó en su blog: «Aunque el cielo de presenta gris, no vamos a permitir que las condiciones meteorológicas nos empañen la alegría de brindar nuestro último concierto del año, y compartir con estas buenas gentes lo mejor de nuestra música y nuestro canto, es verdad que la bóveda celeste se ve gris, pero no menos cierto es que abre el cielo y llegan los rayos del solari… para mí que hoy tocamos con por voluntad divina». Quizá esto tenía que ver con que Dios sea un integrante de su banda, así como dijo en parte del recital.

En sus palabras se reflejaban las ganas de un novel roquero, deseoso de comerse los escenarios en las giras: «Estamos inspirados, melancólicos y eufóricos después de esta gira imborrable, y queremos cerrar en Asunción y , de ninguna manera, conformarnos con comprar lindas cosas de cuero y un rolex trucho». Nadie le avisó a Andrés que en realidad terminaron cerrando su gira en Luque, no en Asunción. Es un detalle minúsculo, pero destaclable al fin.

El momento llegó. Unas negras botas apretaban las mangas del pantalón negro, sobre ellas sobresalían unas medias negras con rayas rojas horizontales, la camiseta roja sin manga tenía una inscripción que parodiaba la forma de las letras de una conocida marca de gaseosas, llevaba puesto los raybans y un sombrero negro. Ahí estaba, con una puntualidad asombrosa y entonando «Sweet Home Chicago».

Luego hizo saltar a todos quienes fueron a verlo –menos a los del vip– con «El Salmón». A este tema le siguió «Los Chicos», una de las canciones con más fuerza de La Lengua Popular. Se cantó casi todo su último álbum. Y cómo no si es una monstruosidad de obra. A «Soy Tuyo» le puso algo de Sabina y «Contigo». Aunque el toque sabinero ya se notó en el arranque, en su voz, mucho más ronca y curtida que hace diez años.

Se pudo percibir un poco de enojo o molestia en cierto sector del público, ya que, por lo visto, esperaban que Calamaro arrancara con «Te quiero igual», siguiera con «Mi parte de adelante», «Cuando te conocí» y otras canciones más «FMdifundidas». Sin embargo otros se quedaron sin «Clonazepan y circo», «El cantante», «Media Verónica» y otras canciones.

Calamaro tuvo su «Regreso» de verdad al Paraguay, ya no como hace diez años. Hoy, cien por ciento maldito luego de sus excesos y de Honestidad Brutal (1999) y El Salmón (2000), quizá uno de los álbumes (quíntuple) más desmesurados, en cantidad de temas, que hayamos visto. Volvió hecho un poco más leyenda y se fue como un ídolo.

Una treintena de canciones inundaron de música el Rakiura. Desde «Elvis está vivo», pasando por el «Canal 69», «Me arde», «Loco», «A los ojos», «Crimen imperfecto», «Alta suciedad» y muchos más. Todos, pero todos aplaudidos y ovacionados.

En una parte del show, Calamaro contó lo que Elvis le dijo cuando lo vio. «Es hora que le digan a la gente la verdad del rock and roll». Y más que decirlo, el Salmón lo demostró: con su versatilidad, con la variedad de estilos que recorrió, con su buen gusto, con su tolerancia y su apertura musical, con la simpleza de su lírica y lo alegre y fuerte de sus canciones. Además de su trayectoria. Calamaro demostró que con el paso de los años su vida sigue siendo sólidamente rocanrolera. Así como pasa con grandes como Keith Richards o Joaquín Sabina, y su mucho rock para dar.

Cuando todo terminó y ya el Salmón se había quitado la bandera paraguaya del cuello, cuando ya concluyó «Paloma» y todos se fueron, él escribió: «Que…. todo!! Fue la mejor gira de la vida de los otros (y nosotros), y cerramos con un publico tan caliente y cálido, roquero y pasional, generoso y grandioso… mejor es imposible. Más no se puede pedir. Supongo que más no se puede tocar y cantar. Vulgarmente, un broche de oro (y diamantes, como los de antes)».

«¡Gracias, jardín de América!».

Vídeo: «Tuyo Siempre» en Paraguay

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