Ananías Maidana: “Eramos prisioneros del imperialismo en territorio paraguayo”

Esta es la primera parte de la última entrevista concedida por el dirigente comunista, Ananías Maidana (1923-2010), quien pasó un cuarto de siglo encarcelado por la dictadura stronista; «Stroessner reprimió a sus propios dirigentes, a sus militantes, a sus bases. Colorados, liberales, febreristas, comunistas, todos fueron torturados”, indicó hace dos años.

Ananías Maidana, dirigente comunista, estuvo preso por más de dos décadas; falleció en el año 2010.

“Yo me crié con un tío encarnaceno que tenía un arrozal y tenía vacas. Yo vendía leche. En Ype Curú vivíamos. En la chacra vivíamos. Viviendo ahí vino la guerra del Chaco (1932-1935). Ahí empecé a notar las injusticias que cometían con los pobres. A mi tío lo estafaron: cuando ya estaba en la bolsa el arroz de su producción, no tenía precio. El sacó plata del molino Miller, esperando un precio mejor. Pero el mejor precio nunca vino”, recuerda.

Por la falta de cuidado, ardió el arroz. Después vino el embargo de la estancia. Le embargaron todo lo que tenía: los bueyes, las vacas, el arroz, todo. Le quitaron todo, no podía tocar nada. El tenía tres hijas, de 13 y 14 años. Se quedaron sin ropas para vestirse siquiera. Tuvieron que robar otra vez sus animales para comer o se morían de hambre. Ese cuadro doloroso presencié yo. Y durante la Guerra del Chaco vinieron a llevarse a mi tía y a otra gente en forma obligada, lloraban todos. Yo tenía 10 años entonces.

¿Que hizo para sobrevivir?

Juntaba bosta (caca de vaca) para las olerías, estudiaba en la escuela. Después, trabajé para una familia española. Ellos me daban mercaderías y yo repartía la mercadería a los extranjeros que llegaban a Pacu Cuá. El patrón era muy bueno conmigo: “acá coma todo lo que desee”, me decía.

Luego trabajé en una fábrica de lino, era un trabajo pesadísimo y además era tenía muy mal un olor, inetereï. Explotación total era. El capataz era el que debía pesar…

La primera vez que reaccioné mal fue cuando me quisieron pagar menos por el producto que yo llevaba. El capataz me cargó menos de lo debido. Ahí me fuí a reclamarle: sa’i eterei niko kóa. “¡Péa la nde korrespondéa ndeve!”, me dijo.

Nos pusimos de acuerdo con los trabajadores para fabricar volantes de denuncias contra la empresa. Se enteraron de eso en la empresa y el dueño llamó al presidente de Seccional de entonces, Angel Florentín Peña, quien llamó al delegado de gobierno. Al día siguiente fueron a buscarme dos conscriptos.

¿Y qué le le dijo el delegado de gobierno?

Yo estaba en la Juventud Colorada en ese entonces. Me dice: “Nde re juga a dos cartas”. “Pero que dos cartas voy a jugar”, le dije. “Nooo, usted es comunista”. Era la primera vez que escuchaba de los comunistas. “Y por qué dice que soy comunista”, le pregunto. “Y porque esos volantes contra las empresas sólo lo hacen los comunistas”, me dice. Y le digo: “si por eso uno es comunista, soy comunista”. Me dijo que era muy joven para esas cosas y me dijo que vaya a hablar con el presidente de seccional, Florentín Peña. Eso me indignó más. Y ya no quise saber nada del Partido Colorado y salí a buscar a los comunistas.

“Quiero ser comunista”

¿Como contactó con ellos?

Y en aquella época era un partido clandestino, nadie sabía de la existencia comunista. Le pregunté a un cuñado mío que era juez y me dijo que se decía que habían dos de quienes se decía que eran comunistas: Obdulio Barthe y Oscar Creydt. Me dice: “se dice que un profesor, Odriozola, también era comunista. Un día me encuentro en la calle con él y le pregunto: “vos sos comunista?”. “Nooo”, me dice el profesor. El sabía que yo era colorado y no me iba a contar tampoco así nomás” (Risas).

¿Y después…?

Después de contarle lo que me pasó, le dije: “quiero ser comunista”. Ahí me dijo que él tenía un amigo que era comunista. Su seudónimo era Kamba’i, un obrero ferroviario. Fuí a hablar con él y me dijo que lo primero que tenía que hacer era formar un sindicato. “No, yo quiero ser comunista ya”, le dije. “No, no se puede -me dijo Kamba’i-. Yo no sé si es cierto lo que me dice o si quiere destruir nuestra organización desde adentro. Tiene que traer a dos testigos que digan que es cierto que usted es un trabajador, un tipo honesto y justo”. Le dije que yo no conocía a nadie. “Vaya a hablar con ese que le mandó acá”. Había sido que él era el responsable, el que me dijo que no era (risas). Después me preguntó si yo no hablaba con Claudio Speratti y Alejandro Rolón, unos vecinos míos. “Sí”, le dije. “Y ellos te pueden salir de testigos”. ¡Había sido que ellos ya eran comunistas!”.

¿Cuantos eran?

Eramos 12 miembros, todos deportistas, teníamos equipos de fútbol en el barrio, en la escuela, y salíamos a jugar en Argentina, en Oberá y otras ciudades. Yo era capitán del Pettirossi (en su momento el club más importante de Encarnación).

¿Había mujeres en el grupo?

Si, había activistas y otras que eran amigas del grupo. Teníamos un grupo de teatro: presentábamos comedias y recorríamos el interior, Coronel Bogado y otras ciudades. En eso andábamos.

Yo ya no quería irme a la escuela: “No, tenés que irte, terminar tus estudios, tenés que seguir trabajando duro..”, así me decían en el PC. En ese barrio, nadie fumaba, nadie tomaba, y los sábados eran diversión sana con un licor que fabricábamos: miel de abeja, huevo y un poco de alcohol.

¿Y la actividad política?

Ya en 1944 vine a Asunción como representante de los estudiantes secundarios a un Congreso que se hizo bajo la dictadura de Morínigo. Las dos corrientes fundamentales en el Congreso eran de los febreristas y comunistas. El único que me sorprendió entre los colorados fue Miguel Angel Cuevas, ya casi al terminar el congreso. La segunda Guerra Mundial ya estaba en su apogeo y la corriente internacionalista y “americanista” de (Raúl) Haya de la Torre, eran los puntos de discusión. Posiciones ideológicas frente a la guerra y el repudio a la represión de Marcos Fúster, uno de los torturadores de Investigaciones de la Policía de la Capital.

Al terminar su colegio, ¿a qué se dedicó?

La docencia. En 1946, cuando ya era docente, vine a congresos como representante de los maestros. Era la época de la “primavera democrática”. Los tres líderes del Partido Comunista, Obdulio Barthe, Oscar Creydt y Augusto Cañete Palacios, estaban en el Congreso. Yo tenía 23 años y era el responsable de la Juventud Comunista. En ese momento el PCP estaba en la legalidad.

Recuerdo que en la plaza frente al Puerto el PCP hizo una concentración multitudinaria. Estaba la orquesta de José Asunción Flores. El partido creció de mil y pico a 100 mil, y nosotros (en Encarnación) de 20 trepó a 500. Ante este crecimiento del PCP se asustaron la oligarquía financiera y latifundista y mismo los norteamericanos, ya que se inició la lucha contra el imperialismo yanki.

Por eso el 13 de enero vino el auto golpe de (Higinio) Morínigo para sacarle del poder a los febreristas y asumir solo él, con los militares y el Partido Colorado. Ahí vuelve con todo la represión, exilio y muerte. Ante este hecho, el 7 de marzo de 1947, un grupo de febreristas con activistas comunistas asaltan el cuartel central de Policía. El objetivo era tomarle preso a Morínigo en el Palacio de Gobierno. Y fracasa. Ahí es en donde le sacan el brazo al jefe de Policía, Rogelio Benítez.

¿Y qué pasa con ustedes?

Ese mismo día, en Encarnación, caímos todos presos. Esa tarde, nos suben a todos en un tren herméticamente cerrado, y nos traen a la cárcel de la capital. Llegamos el 8 de marzo, roñembuepotíma (nos golpearon) en Investigaciones y la cárcel estaba llena de comunistas, liberales y febreristas, todos cuerpo a tierra. Me tiraron en el suelo al lado del capitán Speratti de la Marina. El 8 de marzo se produce el levantamiento militar-popular en Concepción, apoyado por liberales, febreristas y comunistas, la famosa alianza “Franco-líbero-comunista” que decían los estronistas. El golpe lo hicieron el mayor Aguirre y el capitán Araújo. Aguirre va al Brasil para conseguir armas y le apresan. Entonces queda como jefe del mayor Araújo. La ayuda de los gobiernos brasileños, argentino y de los Estados Unidos a Morínigo fue lo que hizo fracasar la revolución de 1947.

¿Por qué fracasa?

Tardó mucho el desprendimiento de Concepción para llegar acá y se le dio tiempo a que se organicen en Asunción. El 14 de agosto prácticamente se pierde la revolución, hay una masacre de las tropas y civiles que se levantaron contra la tiranía de Morinigo. El camarada Obdulio Barthe tomó parte de esa revolución. “Los que quieran continuar con la lucha armada por la liberación de nuestra Patria que den un paso adelante”, dijo y los 800 soldados que estaban en pié dieron un paso al frente. Y entraron en el interior del país con el capitán Parra y fueron al Brasil a reorganizarse.

¿Qué pasaba en las cárceles de Asunción, mientras tanto?

Empezaron las torturas. El 14 de agosto de 1947 entra la tortura feroz a las cárceles durante ocho días. Con nosotros estaban 132 jefes y oficiales del cuadro permanente de las Fuerzas Armadas, entre ellos el hermano del coronel Franco, el mayor Franco. Fueron torturados oficiales como el mayor Barnis, Yegros, Cáceres, Nascimiento, Salinas, González, yo hablé con todos ellos. Las torturas y la cárcel va hasta marzo de 1949 para nosotros. Gracias a la lucha de nuestros familiares y a la solidaridad internacional rompen el bloqueo nuestro y salimos. Unos cuantos fueron confinados al interior del país y nosotros salimos exiliados.

Ananías Maidana y su encuentro con Fidel Castro, líder de la Revolución Cubana.

¿Y usted adonde fue?

Fui a la Argentina y volví a entrar enseguida clandestinamente. Yo entré por Encarnación y regresé a Asunción. En 1948 lo tumban a Morínigo, quien era moriniguista y utlizó al Partido Colorado cuando así lo quiso. Él era fascista, “guión rojo”.

¿El coronel Rafael Franco qué papel jugó en esos años?

Franco sale al exilio. Había una ley que prohibía la acción legal del Partido Comunista Paraguayo (PCP). Luego, por Ley se legaliza y durante 15 días, hasta enero de 1947, bajo el gobierno de Franco el PCP logra ser legal. Antonio Maidana participa en la Junta Electoral Central. Tengo los documentos de esto.

Del 47 en adelante el PCP entra de nuevo a la clandestinidad hasta 1989.

Ingresó en 1949 al país, dijo. ¿Y después?

Ingresé y caí de nuevo preso en 1950 hasta 1952. Salí y quedé semiclandestino acá en Asunción. Y volví a caer en 1959, ya bajo la dictadura de (Alfredo) Stroessner. Ahí estuvimos casi 18 años en la temible comisaría Tercera, la famosa “Técnica”. Después pasamos presos en el campo de concentración de Emboscada, de donde salí y estuve preso domiciliario casi un año.

¿Le torturaron en la Tercera?

Hay que saber que casi todos los presos políticos pasaron por la tortura física y psicológica del régimen de Stroessner. La tortura psicológica a veces es superior a la física, porque a veces preferís que te torturen a vos que escuchar los llantos y los gritos de la gente.

¿Es cierto que casi muere en tortura?

Yo tuve suerte: a mí me dieron un golpe con la culata de un fusil acá (muestra su nuca) y casi muero desnucado. A mí me pegaron con alambre trenzado que te despellejaba vivo. Había un torturador, Be’o se llamaba, que tenía pierna de madera, te pateaba en las piernas y en los testículos. Muchos murieron en tortura en aquellos años. Stroessner, cuando aplicó el Estado de Sitio, decía: “no se preocupen ustedes, si total esto es para los comunistas”. Pero después les alcanzó a todos.

¿Al principio solo sufrieron los comunistas?

No, a veces se quiere negar que a los colorados les reprimieron brutalmente. No: hay colorados que han muerto en torturas. Stroessner reprimió a sus propios dirigentes, a sus militantes, a sus bases. Colorados, liberales, febreristas, comunistas, todos fueron torturados. También militares y hasta policías estuvieron presos con nosotros. Fui internado con policías que quedaron paralíticos a causa de las torturas. Uno era Marcelino Correa Martínez, de la comisaría 5a. La dictadura mataba y torturaba a todos, no perdonaba a nadie. El otro día salí de testigo a un subcomisario, Fermín Villalba, por su conducta y su actitud. Había muchos policías que se negaron a torturar a sus semejantes.

Sorprenden esas historias…

… es que antes la institución se llamaba solo Policía. Después se cambió a Policía de Investigaciones. Entonces, todos los que querían ser policías tenían que pasar por Investigaciones y torturar a la gente. El que se negaba, era encarcelado, expulsado o torturado. Y muchos se negaban, a pesar de lo que les esperaba. Por eso la gente cree que yo a veces me rendí a la Policía, pero es que no se puede juzgar a todos por igual, no solo porque se negaban sino por la actitud solidaria. A veces nos metían hielo, nos daban de comer pollo asado, nos sacaban a respirar afuera.

En enero de 1960, en la comisaría Tercera estuvimos hacinados 15 presos en una celda pequeña en que casi moríamos por falta de oxígeno. Varios sufrieron pérdida de sangre por nariz y oído debido a que no había oxígeno. Era por causa de los policías entrenados en Chile, Cuando a estos les tocaba la guardia, ellos cerraban herméticamente las puertas para que no podamos respirar. Al no tener oxígeno y al sudar, se producía una descomposición rápidamente.

Stroessner reprimió ferozmente a los comunistas. ¿Por qué?

Porque recibía instrucciones pues. Stroessner fue puesto en el poder por los Estados Unidos el 4 de mayo de 1954. Ellos (los norteamericanos) sabían que los comunistas, los trabajadores, estábamos en contra de la explotación y el saqueo del país por parte del imperio.

Se hizo una reunión entre el alto mando militar norteamericano y paraguayo en donde se estableció que cuatro teníamos que morir en el calabozo: Antonio Maidana, el profesor Julio Rojas, Alfredo Alcorta y Ananías Maidana. Eso pasó en 1961. Vino una delegación grande del Brasil, encabezado por un general retirado, y Stroessner le dijo: “Esos no son mis presos. Esos son presos internacionales”. Eguatána. Nosotros éramos prisioneros del imperialismo norteamericano en territorio paraguayo.

Los querían muertos…

…cuando Alfredo Alcorta se enfermó muy mal, le comentamos eso a un compañero que nos trajo comida. Entonces los brasileños fueron a hablar con el arzobispo de entonces, el monseñor (Aníbal) Mena Porta, quien le llama a Stroessner a comentarle que familiares de los presos pedían por la libertad de algunos que estaban muy enfermos. “De qué comisaría son?”, preguntó Stroessner. “De la tercera” le dijo el obispo. “Ah, esos están ahí para morir” le dijo Stroessner. Escuchó esto la esposa de Alcorta.

¿Como se salvan de la muerte?

Hubo una gran movilización. Primero los familiares, después las organizaciones sindicales y la iglesia paraguaya, el movimiento estudiantil. Hubo una fuerte presión interna e internacional que le estaba aislando a la dictadura paraguaya. Entonces los yankis no querían que se produzca el aislamiento de uno que le estaba sirviendo. Y se vieron obligados a liberar a los tres que estaban condenados por la Ley a dos años, pero hacían ya 20 que estaban adentro: Antonio Maidana, Julio Rojas y Alfredo Alcorta. Me quedé preso yo.

¿Y como se liberó?

Se hizo una gran campaña diciendo que era el preso político más antiguo. Era la fuerza de la solidaridad. El ministro del Interior era Montanaro y recibe un día a una señora que se fue con un sacerdote a pedir la libertad de su marido, que era ex combatiente. Y Montanaro le dice: “no, no va a salir todavía su marido. Le vamos a poner en libertad a Ananías Maidana porque vienen cartas del Japón, China, ¿de dónde no vienen?, pidiendo su libertad. Está desprestigiando al país…”.

…una vez afuera tampoco habrá sido fácil…

… y cuando salí no me dieron ni un solo papel para que no pueda salir del país. Yo querìa quedarme acá, pero no pasar a la clandestinidad ya que eso significaba que me iban a matar. Vino una delegación de la OEA que quiso llevarme a los Estados Unidos, pero yo les dije que no: “Yo me quedo acá”. Era 1978 y el agregado cultural norteamericano me ofrece dos millones de dólares de indemnización por todo lo que sufrí, pea ha amóa. Me negué a recibir eso. Después, el Comité de Iglesias entregaba 500 mil guaraníes a cada preso para sostenerse, etc. Yo les dije que esa plata quede para la gente que estaba presa. “Yo ya estoy en libertad”. Eso está en los libros.

¿Usted estuvo preso cuanto tiempo?

Desde 1959 a 1979. Veinte años preso, incluyendo la prisión domiciliaria. Cuando estaba preso en mi casa, entraban ellos y prendían todas las luces o dejaban las puertas abiertas, para demostrame que podían llevarme de vuelta en cualquier momento. Era una presión psicológica enorme. En noviembre de 1979 salí y me fuí a Buenos Aires en forma clandestina. Llevé dos cartas del Comité de Iglesias: una para la iglesia argentina y otra para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas.

Estuve unos días en Buenos Aires y de ahí ya recibí el asilo de Suecia. Fui con toda la familia y de Suecia a Unión Soviética en donde estuve ocho años. Allá me rencontré con José Asunción Flores, una persona muy agradable, sencilla, un gran conocedor de la idiosincracia paraguaya. Fué miembro del Comité Central del Partido Comunista y miembro del Consejo Mundial de la Paz. Hizo una reunión en Buenos Aires con las figuras más destacadas de América Latina. Y escribió una sinfonía por la Paz.

Acá no se lo valora mucho a Flores.

¡Pero qué le van a valorar! Acá no se valora a los valores. Aquí las figuras centrales de los que crearon y contribuyeron en la defensa de la patria nunca fueron reconocidos, nunca se los valoró en su justa dimensión.

¿En qué trabajó en Rusia?

Yo estuve desde 1980 a 1988 en Rusia. Apenas entré, trabajé en Radio Moscú como periodista. La primera entrevista me hizo Pepa Kostianovsky, porque ella escuchaba mis intervenciones. Yo escuchaba radio “Exterior” de España, en donde Humberto Rubìn y Oscar Acosta pasaban reportes sobre realidad paraguaya cada semana. Yo también recibía informes de otras partes y pasaba por radio. A veces acá no se sabía y nosotros desde allá denunciábamos las represiones. En castellano y guaraní leíamos las noticias. Acá se escuchaba en onda corta.

¿En qué momento supieron que Stroessner caía?

Habían dos corrientes de los servicios secretos de los Estados Unidos: uno, sacarlo del poder antes de que le pueblo tome el poder; y dos, la más reaccionaria, era mantener a la dictadura hasta el último momento, que liquide a todos.

¿Y se eligió el primero?

Si, porque habían opositores que estaban con el control de los Estados Unidos. De ahí pasaron a la oposición de Stroessner Radio Ñandutí y ABC Color, asistidos por Estados Unidos, en donde ya “promocionaban” tres dictaduras a las que habrìa que sacarlos: dos de derecha y uno de izquierdas: Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay y Castro en Cuba.

¿Por qué caló tan hondo el anticomunismo en Paraguay?

Por el sistema educativo, la ley anticomunista, la represión selectiva y el ataque feroz a cualquiera que sea antidictatorial. Había una represión a toda la familia de un comunista. “Obispo Rojo” se llamaba al monseñor Melanio Medina. El monseñor Ismael Rolón decía: “Por lo visto que los comunistas no son tan malos, porque a nosotros se nos trata de comunistas y nosotros solo queremos el bien para los paraguayos”. Eso lo decían los enemigos internos y externos de este país.

Los enemigos

¿Quienes son los enemigos del Paraguay?

En primer lugar, la Guerra de la Triple Alianza que armó Inglaterra ¿Y por qué? Porque aquí no se le permitió entrar a llevar nuestro algodón. Hubo una crisis, porque Inglaterra fue el primer productor textil del mundo, con el Cashimir inglés. Dos países tenían el mejor algodón del mundo: Egipto y Paraguay, por la fibra que tiene Paraguay.

Ya en 1813 vino una compañía inglesa para entrar en el Paraguay. Y no se le dió: “acá los dueños somos nosotros, no los vamos a permitir” En la época del doctor Francia ya era eso. Entonces Inglaterra era el dueño del mundo. Paraguay estaba dando un ejemplo de cómo un país, sin el dinero extranjero, podía desarrollarse, ser próspero y justo.

 

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