Alta exposición mediática puede traer consecuencias negativas para los mineros

Desde las primeras horas del miércoles los ojos del mundo están espectantes del rescate de los 33 trabajadores mineros que se encuentran atrapados a casi 700 metros de profundidad desde el pasado 5 de agosto.

Pasaron más de dos meses para que el tan esperado operativo rescate comience a ser una realidad. Muchos equipos técnicos y recursos humanos están en plena tarea de devolver a estos hombres junto a sus familias y dejar atrás el infierno que les ha tocado vivir.

Esta espectacular historia sacudió la tranquilidad de Copiapó capital de la provincia homónima, cuya principal fuente de trabajo es la extracción de metales de las profundidades de la tierra. Medios de comunicación de los cinco continentes se trasladaron hasta esa región para seguir de cerca el desarrollo de un suceso que ha despertado fascinación en todo el mundo por las circunstancias que son de público conocimiento.

El día 5 de agosto estos 33 hombres cumplían con su trabajo habitual cuando un derrumbe cambió definitivamente sus vidas. Desde el momento en que se supo que habían sobrevivido y la vigilia por volver junto a sus seres queridos, todo fue transmitido por televisión, radios, periódicos e internet. No hubo lugar en el mundo donde no se haya hablado de los mineros.

En la constante batalla por la exclusiva los medios asignados a la cobertura se valen de todo tipo de recursos para atraer la mayor cantidad de espectadores. Televisión Nacional de Chile tiene los derechos de transmisión en vivo y en directo del operativo. Con cámaras tanto en el interior de la mina, como en la cápsula que transporta al minero hasta la superficie, momento cumbre para las familias y las autoridades nacionales.

Sin embargo el despliegue mediático puede tener consecuencias no del todo agradables para los principales afectados, Enrique Chía, psicólogo de la Universidad Católica de Chile sostuvo que «la vida de los mineros, como era antes, ya desapareció”. Mientras que Ariel Rementería publicista chileno asegura que la situación se está saliendo de control, por la divulgación de noticias que sobrepasan los límites de la ética y el respeto a la integridad física y emocional de quienes vivieron tamaña experiencia. Un ejemplo claro de dicha transgresión es el caso del minero Yonni Barrios quien cobró aún más notoriedad por ser protagonista de un triángulo amoroso.

Y esto es solo el comienzo, la maquinaria mediática que acompañó el antes y el durante querrá tener activa participación en el después. Por medio de generosos contratos de exclusividad para filmación de películas, publicación de libros, promesas de viajes al exterior, y otras ofertas con las cuales buscarán reproducir testimonios de primera mano que causen el mayor impacto y eleven los niveles de audiencia.

Sobre este punto una encuesta revela que gran parte de la ciudadanía chilena recomienda a los mineros mantener ciertas reservas sobre su historia y creen que hubo un aprovechamiento mediático del suceso. Luis Andrés Montero, académico de la Escuela de Sociología de la U. Central, sostiene que la gente maneja una noción del ‘límite. Entiende que hay cosas que no se pueden hacer públicas, no obstante, que la gente vinculada emocionalmente a los hechos considere que la vida de los mineros en su reclusión ha pasado a ser propiedad de todos». Aseguró.

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