Alfredo Boccia: “El coloradismo nunca necesitó arrepentirse del stronismo”

Uno de los que más investigó sobre la dictadura analiza el papel que cumplió la ANR en esta época. Boccia publicará próximamente un libro sobre la vida de Agustín Goiburu. 

Alfredo Boccía. Fuente: página de Meves en youtube

Alfredo Boccía. Fuente: página de Meves en youtube

Oncólogo reconocido, periodista de oficio y analista político requerido; estás referencias de Alfredo Boccia opacan un tanto su cuarta pasión: la investigación sobre nuestra historia reciente, la que abarca los 35 años de Alfredo Stroessner, una época compleja de la que todavía se tiene mucho que decir y escribir. Nuestro entrevistado tiene más de 12 libros escritos sobre aquella época. Libros que le requirieron arduo trabajo por su carácter investigativo.

Además, Boccia da una primicia: un nuevo libro suyo sobre la época dictatorial será publicado entre junio y julio de este año, aproximadamente. El tema: la vida de Agustín Goiburu, el médico y político del Mopoco considerado un personaje clave en la historia de la resistencia a Stroessner. Un personaje que sirve para la historia y para la novela.

A dos días del aniversario de la asunción al poder de Stroessner –con el cuartelazo del 4 de mayo de 1954 que depuso al entonces presidente colorado Federico Chávez-, ofrecemos este análisis histórico:

Alfredo, tengo anotado “La Década inconclusa. Historia real de la OPM”, y “Es mi informe”, como libros que publicaste sobre nuestra historia reciente. También leí que escribiste una semblanza de Juan Carlos Da Costa en la revista Novapolis. ¿Tenés escritos otros textos históricos?

El primer libro que escribí lo hice en co-autoria con los psiquiatras Carlos Portillo y  Carlos Arestivo. Fue en 1992 y se tituló “Médicos, ética y tortura en el Paraguay”. Es una investigación sobre la participación de profesionales de la Medicina en la aplicación de tormentos a detenidos políticos durante la dictadura. La cuarta edición de este libro se lanzará el mes próximo. Casualmente, la sexta edición de “Es mi informe” también aparecerá en unas semanas más.

También publicamos en 2002, con Miguel López, Antonio Pecci y Gloria Giménez, el libro “En los sótanos de los generales” sobre los documentos del Operativo Cóndor. Este libro fue usado como elemento probatorio en varios juicios a represores paraguayos y de países vecinos.

Luego vinieron “Diccionario usual del stronismo”, “¿Qué hacías aquella noche?”, “El Paraguay bajo el stronismo”, en coautoría con Bernardo Neri Fariña, y algunos otros más hasta totalizar unos doce libros.

Sé que estás trabajando arduamente en un libro que tratará sobre la dictadura ¿Podés adelantar algo de esa próxima publicación?

Hace más de un año que vengo investigando la vida y la época de Agustín Goiburú. Fue un político colorado disidente que, desde el exilio en Posadas, Argentina, intentó por todos los medios acabar con la dictadura de Stroessner, empezando por el propio dictador. Su lucha es apasionante, por su valentía y tozudez. Stroessner lo identificó como su principal y más temible enemigo. En 1962 Goiburú intentó secuestrar un avión de TAM en Encarnación para llevarlo a la reunión de cancilleres de la OEA que se realizaba en Punta del Este y denunciar allí la tiranía paraguaya.  Stroessner lo hizo capturar mientras Goiburú pescaba en aguas del Paraná y lo encerró en la Comisaría Séptima de Asunción. Un año después Goiburú logra escapar de manera espectacular a través de un tunel. Pese a que la Policía hacía redadas por toda la ciudad, los amigos de Goiburú consiguen asilarlo en la más vigilada de todas las embajadas: la de Chile, entonces gobernado por Allende.

En 1974 Goiburú se convierte en el articulador de distintos grupos de exiliados que logran colocar explosivos en el trayecto del auto presidencial, en las inmediaciones de la Plaza Uruguaya. Stroessner se salva de milagro, pues el dispositivo falló inexplicablemente. Meses después la Policía descubrió el atentado montado y apresó a decenas de personas. Cinco de ellas fueron ejecutadas.

Goiburú no se sintió seguro y se mudó de Posadas a Paraná, Entre Ríos. Toda la red de espías del stronismo se volcó a la tarea de vigilar sus pasos. Finalmente, a comienzos de 1977, con el Operativo Cóndor en su esplendor, fue secuestrado en Paraná y su cuerpo está desaparecido hasta hoy. Es una víctima paradigmática del Cóndor. El juicio internacional y la búsqueda interminable de su familia lo convirtieron en un símbolo. Su vida permite recorrer por lo menos dos décadas de la historia del stronismo.

Aparte de una gran cantidad de entrevistas personales, de lo publicado en los diarios de la época y de los documentos del archivo del terror, encontré mucha información inédita en los documentos recientemente desclasificados del Departamento de Estado y de la CIA, así como los que publicó la organización WikiLeaks. El libro está casi terminado y me encanta cómo está quedando. Espero publicarlo a mediados de año.

El Partido Colorado ejerce poder en Paraguay desde 1947. Sostuvo 35 años de dictadura. Y salvo el periodo 2008-2013 en el Poder Ejecutivo, siguió manejando casi todo el Estado paraguayo luego de la caída de Stroessner. ¿Qué claves tocan los colorados y la sociedad para este fenómeno?

Esa es una cuestión que debe ser estudiada con mayor rigor. El Partido Colorado es el que mejor se conecta, el que sintoniza de modo más fino, con los anhelos, los códigos de comunicación y la idiosincracia popular paraguaya. Los pobres de este país son mayoritariamente colorados. Lo cual es paradójico, pues es justamente este partido el principal responsable de su pobreza y marginación social. La ANR no es agrarista, ni socialista, ni humanista, como le gusta autodefinirse. Por el contrario, es un partido funcional a las oligarquías económicas y sociales que convirtieron al Paraguay en un país pobre, desigual y atrasado. El Partido Colorado tiene una matriz histórica autoritaria, conservadora y clientelar. Pero no se puede negar que es el partido nacional por excelencia, como el peronismo lo es en Argentina.

Los sociólogos aún nos deben una explicación racional a este fenómeno. Seguro que deben existir elementos culturales, históricos y políticos que lo justifiquen, pero creo que todavía no fueron sistematizados y, obviamente, yo no soy el más autorizado para develar el por qué el Paraguay suele ser definido como el cementerio de todas las teorías sociológicas.

Específicamente en ese largo periodo dictatorial, ¿Qué función específica le cupo a la ANR en aquella trilogía Partido, Gobierno, FF.AA.?

Su papel fue clave, porque le otorgó a la dictadura de Stroessner un ropaje de legalidad que, durante décadas, la hizo más presentable ante la opinión internacional. Esa fachada democrática conservaba la liturgia republicana a través de elecciones periódicas, de la existencia de Parlamento y Poder Judicial y hasta de una oposición tolerada. Pero, en el fondo, era una dictadura hecha y derecha, como las dictaduras militares que en la década del setenta gobernaban en casi toda Sudamérica.

Los dictadores del Cono Sur carecían, sin embargo, del halo de legitimidad que la ANR otorgaba a Stroessner, su presidente honorario. Cada cinco años era el candidato del principal partido del país. Esa es una deuda histórica de la que el coloradismo nunca necesitó arrepentirse, porque siguió manejando los hilos de la transición.

A veces se escucha a algún dirigente colorado justificando la actuación colorada durante el autoritarismo, diciendo que el partido “era cautivo del dictador”. Si eso fuera cierto, sería el caso más intenso y prolongado del síndrome de Estocolmo. Jamás vi a un cautivo tan enamorado de su secuestrador.

Ningún poder se sostiene solo con la represión y la coerción durante 35 años ¿Qué ves hoy, cómo explicas, aquella legitimación social de la que gozó el stronismo, aún con la resistencia activa de una parte pequeña de la sociedad?

Stroessner no brotó un día del asfalto. Fue el fruto de un contexto histórico y político en la que él calzó magníficamente. Una sociedad cívicamente atrasada, que vivía una anarquía política de casi una década, con una guerra civil aún cercana que había enviado al exilio a toda la dirigencia opositora y una época impregnada de los conceptos de la Guerra Fría, fueron el condimento para que Alfredo Stroessner, un general de poco más de 30 años, fuera presidente.

Lo demás hay que atribuirlo a la sagacidad, la inteligencia emocional y la falta de escrúpulos de un militar que demostró inesperados dotes de político y conocedor de la psicología popular. No debe perderse de vista que todo esto ocurría en una sociedad sin ciudadanía, que nunca había experimentado vivir en democracia, salvo cortas e incompletas islas de su historia.

-La otra cara del fenómeno de poder de la ANR es la falta de alternativas políticas al coloradismo en la sociedad paraguaya y en sus organizaciones políticas ¿Qué ideas tenés sobre esto?

De acuerdo a eso, habría coloradismo para rato. Quien descarte esa posibilidad no conoce nada del Paraguay. Si eso ocurre, sería triste para el país en el que vivirán nuestros hijos. El baño de llanura del Partido Colorado ha sido demasiado corto como para que se redima de su pasado de autoritarismo y corrupción. Su plasticidad le permite mantenerse en el poder, pero no gobernar para las grandes mayorías. Enfrente está el PLRA, convertido en una copia de mala calidad de la ANR.

El cambio solo vendrá por fuera del bipartidismo tradicional. Desde la izquierda, desde la ciudadanía, desde las rupturas y nuevas articulaciones. Cómo, quién, cuándo, es algo que hoy no puede saberse. Por suerte las sociedades suelen ser poco predecibles. Además, tendencia no es destino.

Gracias

 

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