Alerta para el raquitismo empresarial paraguayo

Opinión. Proyectos y contradicciones en la cima.

Horacio Cartes. Foto: Fanpage de Facebook.

Las  duras expresiones de Cartes hacia el empresariado local, ponen en evidencia la poca conciencia  que  tuvo y sigue  teniendo el sector, respecto de lo que significa un proyecto neoliberal. Un proyecto que achica el Estado para dar entrada al capital foráneo.

Todos debemos recordar la celebración eufórica que hicieran los gremios del empresariado local, llámese Feprinco o UIP, a la política de Cartes, desde el mismo momento de su asunción, hasta la explicitación en los proyectos de leyes ya aprobadas para su implementación. Curiosamente cuando tendría  que haber sido el empresariado local el que cuestionara la ley de APP, es el Pte. el que da luz a la contradicción de intereses.

Resulta que al empresariado local le es absolutamente incompatible, tanto el achicamiento del Estado como la consecuencia automática cual es la entrada de capital  externo. Ello porque nuestro empresariado basó  su acumulación desde un principio, (eso que Marx llama acumulación originaria), hasta el presente, al amparo del Estado. Es decir, tiene una acumulación ligada a un estado no sólo estructurado en función a la misma, sino en buena medida, constituido en su nutriente. Desde ahí, la otra cara de la moneda de la ley APP: la entrada de capital foráneo, restringirá ostensiblemente la tasa de ganancia del empresariado local, que ahora estará desamparado con un estado pequeño.

Estaríamos entrando en una etapa de extranjerización de la acumulación en el marco de este neoliberalismo tardío que más temprano que tarde liquidaría un raquítico empresariado local.

Ese raquitismo se explicita a partir no sólo de acumular al margen de la racionalidad liberal asumida como normal, un estilo al cual alguna vez Juan Carlos Herken calificara de “burguesía fraudulenta”, sino a partir de adolecer de una política  sectorial  que potencie un empresariado nacional autónomo, encuadrado a su vez en una vía de dinamización de nuestra economía de promoción del mercado interno. Visto así, desde ningún ángulo; ni desde ese estilo fraudulento colgado de la turbia gestión estatal, ni desde la intención de promoción de ese empresariado autónomo si hubiera, el modelo neoliberal de Cartes le será compatible, sino al contrario, ese es un proyecto que si se concreta, estará destinado a sepultar lo poco de vida que tiene ese raquítico y poco creativo empresariado local, razón por la cual ese sector debió ser desde el principio el mayor cuestionador de la política de Cartes.

Cabe aclarar que está asumido el rol funcional del estado al proceso de acumulación capitalista. Sin embargo éste empresariado local no sólo tuvo al Estado como un marco político tutelar a su proceso de acumulación, sino que su vida, es decir su acumulación estuvo y sigue estando hasta la fecha, ligado a la  turbia gestión estatal. Por ejemplo en lo que tiene que ver con el punto de partida de su desenvolvimiento con la corrupción estatal que comprende, desde remates de tierras hasta negociados en obras públicas y producciones complementarias. Pero este descrédito hoy está promovido por un Pte. que se constituye en un operador de los intereses del gran capital foráneo, como una rebuscada justificación a la apertura local a la voracidad de ese gran capital, es decir de las transnacionales.

Habría que ver si este descrédito mayor que ya en el presente padece el empresariado del transporte, lo mismo que el colapso de las cárceles, no es un escenario que contribuya a una justificación de la transferencia de la explotación al capital  transnacional.  Posibilidad sobre la que  la ciudadanía, para el caso del detestable y caro servicio de transporte público, contra el cual hoy legítimamente se manifiesta en las calles, debe estar muy atenta atendiendo a la necesidad de que el mismo debe estar controlado por la sociedad a través de un estado democrático verdaderamente participativo, para no pasar de la extorsión de la mafia local, a la de la mafia foránea.

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