Alegría, terrorismo de Estado y erótica social: Entrevista a Fernando Robles

Por Agustín Barúa Caffarena[1]

Guitarra de Fernando Robles y juego de ajedrez tallado por presos políticos.

 

¿Cómo fue naciendo la erótica social?

Por los ’90, años de militancia estudiantil universitaria en la UNA desde el Frente de Estudiantes de Medicina (FEM), mientras estábamos reunidos sentados en el suelo en un pasillo de la facultad, se nos acercó un amigo y, en ese momento estudiante de Trabajo Social, diciéndonos “¿Cómo está la izquierda? Preocupada, ¿no?… Permiso, permiso”, yéndose con ademán juguetón de no querer molestar; ya nos solía interpelar nominándonos como la “izquierda trágica”.

Ya entre el 2008 y el 2012 en los Bañados de Asunción, construimos un modo de acompañar procesos clínicos en salud mental desde sensibilidades comunitarias. En esto, y sobre como podíamos producir lo participativo, originamos la noción de erótica social que definimos como la “vitalización de los procesos participativos territoriales a partir del reconocimiento, validación, incorporación y celebración, por parte de quienes trabajan territorialmente, de las prácticas de la alegría de los sectores populares urbanos marginalizados” (Barúa, 2014). Esto lo abordamos en 4 ámbitos: arte, fiesta, humor y juego.

A partir de esta asociación entre lo participativo, lo alegre y lo político en los sectores populares, proponemos repensar las propuestas y las prácticas políticas actuales y cuál es el lugar de la alegría.

Buscando referencias históricas de la alegría y la militancia en las izquierdas paraguayas, entrevistamos a Fernando Robles (2015), ex preso político de la era dictatorial en Investigaciones, Comisaría 7ma.,  Tacumbú y Emboscada entre los años 1974 y 1977.

Importancia política de la alegría y el erotismo

Cuenta Fernando: “Cuando llegué a la [Comisaría] Séptima los presos, la mayoría del PC [Partido Comunista] nos recibieron con vítores, con aplausos: ‘¡VIENEN LOS COMPAÑEROS!’ ¿Sabés que efecto tuvo eso en mí?: ‘Yo estoy bien, estoy a salvo’. ¿Sabés que ventaja teníamos? Que esos compañeros eran muy educados, muy solidarios ¡y muy alegres!”. Suma: “Fue una coraza de salvación psicológica… que haya vivido todo en medio de la alegría, fue casi un salvavidas”.

Nos dice la psicopedagoga Alicia Fernández (2009) que la alegría no es algo «light», no es alegrismo pues precisamos rescatar a la alegría de la banalización. Recalca la idea que propuso el psicoanalista Jorge Gonçalves da Cruz: promover la «héteroestima» para recordarnos que sólo a través de estimar al otro, podremos estimarnos.

Articulando alegría y erotismo, el filósofo italiano Bifo Berardi (2007) agrega que la deserotización

es el peor desastre que la humanidad pueda conocer, porque el fundamento de la ética no está en las normas universales de la razón práctica, sino en la percepción del cuerpo del otro como continuación sensible de mi cuerpo. Aquello que los budistas llaman la gran compasión, esto es: la conciencia del hecho de que tu placer es mi placer y que tu sufrimiento es mi sufrimiento. La empatía. Si nosotros perdemos esta percepción, la humanidad está terminada; la guerra y la violencia entran en cada espacio de nuestra existencia y la piedad desaparece. Justamente esto es lo que leemos cada día en los diarios: la piedad está muerta porque no somos capaces de empatía, es decir, de una comprensión erótica del otro.

“Lomitã, peteĩ ñandepy okápe»[2]: humor y terrorismo de Estado

A Calixto Ramírez, dirigente sindical de los cañeros de la zona de Carapeguá, sus compañeros de presidio le decían “canciller”. El título arriba fue su respuesta a los pedidos de noticias que recibía a su vuelta de hablar con sus parientes, en día de visitas. Estas personas que llevaban más de 9 años presas, pese a ser muy conscientes de que eran años en que la dictadura aún estaba enormemente fuerte, no podían dejar de reírse de la ironía de “canciller”.

Otro aspecto del humor en estos contextos represivos, era el uso de los marcantes; dice Fernando que “los marcantes, simpáticos sobrenombres eran utilizados por muchos presos, por campesinos y en especial en Tacumbú, donde todos los tienen”.

Guitarras que abren celdas

Narra Fernando que la primera vez que Stroessner permitió que un organismo extranjero de Derechos Humanos  (el Comité de Derechos Humanos de la Cruz Roja Internacional) hiciera una visita a los presos políticos, estos últimos accedieron, a condición de que la entrevistas se hiciera en sus celdas; tras 4 horas de relatar su situación y colocar algunas demandas acordadas, Fernando como uno de los representantes de los presos, se animó a hacer un pedido no acordado e inédito: “Yo quiero mi guitarra”. Precisa: “que yo sepa, nunca se había metido una guitarra en la prisión política”. Así comenzó el proceso de hacer música en las prisiones de la dictadura.

“En noviembre del ’76 llegué con mi guitarra a [la Cárcel política durante la dictadura] Emboscada. Toda Emboscada vivía en celdas”. Luego, quienes se fueron juntando para hacer música “armaron los ensayos gua’u para que las celdas se abran”. Llegaron a haber 20 a 30 guitarras en diferentes celdas.

Luego generaron un coro: “Armar un Coro con los presos políticos de Emboscada fue una experiencia sin otro similar en el mundo. No se conoce otra. Había integrantes del coro de todas las celdas. Fue una experiencia de expresión colectiva, no importaba si se cantaba bien: gente que nunca había cantado pero al ver un coro, se animaban”.

¿Alegría en las militancias hoy?

Fernando toma una posición muy crítica con las prácticas militantes hoy del progresismo y de la izquierda paraguaya: “Creo que no está asumida la alegría como un valor en la izquierda actual. Miro a los militantes y los veo dramáticos, no digo tristes. Son ambientes faltos de alegría y optimismo. Creo que hay una gran frustración (…). La izquierda de hoy no cuida la subjetividad de la gente, la alegría, el optimismo, lo esperanzador. Los dirigentes no le dan mucha importancia a esto, si a la organización… a crecer: ¡la alegría es un elemento para crecer!”.
Agrega: “los militantes de izquierda son muy duros porque son poco abiertos a las demás manifestaciones de la vida. Por ejemplo, te critica porque te gusta el futbol, el bailongo o porque jugás al truco. ¡La vida no es una línea recta!: la vida es más heterodoxa que eso. Casi siempre al militante de izquierda le gusta el arte pero lo deja de lado: no practica el arte, no le da importancia”.

Robles retoma hablando de las prácticas de los sectores populares: “Poco se cuestiona la gente de izquierda… una especia de anteojera de caballo. Esto se ve bien en los barrios: en [la cárcel de] Tacumbú es todo alegría ¿y porque es así? por qué es toda gente popular o muy popular. En Tacumbú todos tienen marcantes, y ahí ya comienza ¡Y nadie se enoja por eso! Es un depósito de despojos humanos y también muy pícaros, condición muy necesaria para sobrevivir: no les pidas honestidad, hay solo lugar para la supervivencia”.

Finalmente, ante la pregunta de qué propone, Fernando sugiere que la alegría sea “un componente en la formación integral de la militancia de izquierda, no trabajar aisladamente la alegría. Tendría que trabajar este punto en los barrios, armar grupos. El bienestar subjetivo no existe como punto de formación o necesaria construcción en los trabajos con la gente”.

Su apremio coincide con lo que nos señala Alicia Fernández (2011): “sólo con la alegría, el dolor se vuelve pensable”.

Bibliografía

. Barúa, A. (2014). Un aporte a la construcción de lo participativo en Salud Comunitaria: Erótica Social. En Anales de la Facultad de Ciencias Médicas (Vol. 47, No. 2, pp. 71-84).

. Berardi, F. “La felicidad es subversiva”. Página 12. Publicado el  12 de noviembre de 2007 y extraído de https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-94544-2007-11-12.html

. Fernández, A. (2009). La potencia atencional de la alegría. Revista Psicopedagogía, 26(79), 3-11.

. Fernández, A. (2011). La atencionalidad atrapada: estudios sobre el desarrollo de la capacidad atencional. Nueva visión: Buenos Aires.

. Robles, F. (2015). El cautiverio de los genios. Servilibro: Asunción.

[1] Psiquiatra comunitario y antropólogo social.

[2] Guaraní. “Compas, uno de nuestros pies ya tenemos afuera”.

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